IMPOTENCIA CIUDADANA Y DELINCUENCIA
Mtro. José María Villalobos Rodríguez
Todas las regiones de México están siendo asoladas por delincuentes que buscan apoderarse de lo ajeno mediante la extorsión, el secuestro, la destrucción del patrimonio familiar, las amenazas telefónicas o el acecho a adolescentes con la oferta de drogas de variable potencia. En cualquier descuido un ciudadano distraído puede ser víctima de un levantón, un asalto a mano armada o al robo de su celular, cartera en un urbano, taxi o a pie. Hasta las zonas más fifís de la ciudad de México como lo es Polanco, el pasado jueves en plena hora de comer en la Plaza Carso un asesino profesional realiza un trabajo perfecto en el interior de una cafetería Starbucks. La Embajada de Estados Unidos emitió una alerta para todos sus ciudadanos en la que señalaba lo peligroso que es la Ciudad de México. Esta alerta molestó a las autoridades capitalinas – que aseveran que fue un hecho aislado – algo que la estadística oficial desmiente. Los documentos sobre ordenamiento territorial y gobernanza para México que se han elaborado por expertos europeos, canadienses o americanos, coinciden en que México es un país con un inmenso territorio, con muy poca presencia institucional que en los casos de las zonas más aisladas sus pobladores están más expuestos a ser víctimas de delitos graves. Si le añadimos a este aislamiento pocas oportunidades de sacar adelante a los hijos o para cuidar a los abuelos en regiones como la Mixteca (Guerrero, Oaxaca) o zapoteca (Veracruz–Oaxaca) se explica el abandono de cientos de comunidades que por si fuera poco son blanco fácil para delincuentes de todos los ramos.
En Tlaxcala es de fama un municipio en donde son reclutadas niñas y adolescentes para forzarlas a prostituirse en las grandes ciudades. No importa que partido gobierne, esta crueldad sigue vigente. En el caso de las bandas delincuenciales tienen en los poblados más alejados de la mano de Dios en estados como Zacatecas una reserva para reclutar y formar nuevos pistoleros. Estos jóvenes reclutados a la fuerza están llenos de rencor porque su país les negó oportunidades para educarse o tener salud. Hay familias en el sur de México donde más de una decena de sus integrantes han muerto a balazos. En Oaxaca se llega a considerar la muerte a plomazos como una “muerte natural”.
Estamos cayendo en el error de normalizar que los grupos de malandros hagan y deshagan a su antojo, a que las policías locales sean cómplices de ellos ante los sueldo miserables que les pagamos como sociedad. En los últimos diez años se ha dado la espalda a la policía más próxima a los ciudadanos: la municipal.
No se puede continuar con ese abandono en equipo, capacitación y buen salario a nuestros policías locales. No se resuelve con TOPILES la amenaza diaria de pandillas o grupos delincuenciales que atacan a nuestros hijos o mujeres con toda la ventaja posible. El Presidente Luis Echeverría impresionado por los alcances de la guerrilla en Sudamérica decidió prohibir a los ciudadanos mexicanos el armarse para defensa propia. Se clausuraron armerías y campos de tiro. El paso del tiempo no solo no le ha dado la razón, sino que viendo la diferencia con lo que en Estados Unidos se permite los mexicanos cada vez están más a favor de echar abajo la prohibición echeverrista. Los asaltos a cuentahabientes bancarios se dan en muchos casos porque los empleados están pésimamente pagados por sus patrones. No es casualidad que los cajeros de los bancos den el pitazo a los asaltantes sobre quien lleva o no efectivo que retiró de la sucursal. Policías que ganan 6 mil pesos al mes están dispuestos a obedecer a quien le pague el doble por darle información sobre oportunidades de robo o secuestro. Como se observó en los videos del atentado al periodista Ciro Gómez Leyva en las ciudades los grupos de malandros recurren a la mejor tecnología, vehículos, armamento para ir a dar de plomazos a quien se les ordene. La nulidad de la policía de la Ciudad de México estuvo más que comprobada aunque los de MORENA hablen de un auto atentado. Los ciudadanos tenemos derecho a defendernos, a organizarnos en nuestra cuadra o nuestro barrio para prevenir delitos. No se puede esperar gran cosa de las policías locales, puesto que QUIEN PAGA MANDA.
Debemos de compartir información sobre cualquier movimiento o vehículo sospechoso que ronde por nuestra casa o por la escuela de nuestros hijos.
El error más costoso para las familias de México -incluso superior al gran descuido del COVID- ha sido que en estos últimos años no se haya invertido en nuestra policía más próxima: la municipal.
Siendo Marcelo Ebrard jefe de la policía de la Ciudad de México se dieron casos muy sonados de intoxicación en la Academia de Policía por ingerir alimentos en mal estado y elementos de investigación fueron quemados vivos en Cuajimalpa. Se han tirado a la basura los programas de capacitación y certificación de policías. El respeto ciudadano a los uniformados se ha ido perdiendo. Ya no nos llama la atención que cualquier turba humille a nuestros militares que trabajan en la Guardia Nacional. Con la delincuencia no funciona eso de poner la otra mejilla. La investigación científica, la formación policíaca como una carrera bien pagada y con reconocimiento de la sociedad son aún una tarea pendiente en un país que es la 13ª economía del mundo, la 5ª en fabricación de automóviles, que en tres meses que llevamos de 2023 ha exportado US $ 146 mil 812 millones de dólares y donde una empresa como BIMBO ha vendido en estos tres meses $ 99 mil 565 millones de pesos, que consume como país 9 mil metros cúbicos de gas…
Ninguna de las grandezas económicas de México puede justificar que no hayamos mejorado en lo más básico: LA SEGURIDAD DE TODOS LAS PERSONAS.
Ahora que vienen elecciones en 2024 no dejemos de manifestar nuestra insatisfacción ante le terrible situación en la que hemos caído por el desdén de los políticos y de sus partidos a la tranquilidad de nuestras familias. Tenemos historias terribles que contar sobre familiares, amigos, compañeros de escuela o trabajo que perdieron la vida o la salud por culpa de la ausencia de una política de dignificación de nuestros policías municipales o comunitarios. Ya basta de palabras huecas en lugar de acciones concretas que nos protejan por igual a lo largo y ancho de nuestra NACIÓN. Oaxaca está siendo apetecida por grupos delincuenciales que estuvieron asolando El Salvador y que operan ahora en Chiapas o grupos que desde Guerrero o Veracruz buscan ampliar operaciones en nuestras comunidades. ORGANICEMONOS PARA QUE NO SUCEDA.







