CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS
1 DE NOVIEMBRE DEL 2026
Le pido a Dios que esta festividad que se celebra en la Iglesia Universal, de todos los santos, nos recuerde a todos y cada uno de nosotros que debemos de ser santos. Dios nos hizo santos y nos quiere santos.
Espero que usted crea en esa obra que realizó Dios en su persona el día de su bautismo. Lo adoptó como su hijo y lo hizo santo y lo llamó a formar parte de este pueblo santo.
Somos miembros del pueblo santo de Dios.
Nuestra Iglesia, cuando profesamos el Credo, decimos: creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
¿Quiénes formamos la Iglesia? Todos los bautizados y, esta Iglesia que Cristo fundó es una y es santa. Santa por su fundador, pero también debe de ser santa por todos sus miembros, ya que Dios le hizo santo a cada uno, el día que nos bautizamos, nos purificaron, nos limpiaron de toda mancha de pecado y debo de ser santo.
Dios quiere que sea santo, vamos preguntándonos si hemos trabajado para ser santos y, cuando se habla de la santidad, ¿qué pensamos? Y cuando se habla de los santos, ¿qué pensamos? ¿sólo en los que la Iglesia ha declarado como santos? ¿o pensamos en todos los que están en la Iglesia triunfante? ¿los que están en el cielo, contemplando por toda la eternidad a Dios?
En la primera lectura escuchábamos una multitud inmensa que nadie puede contar, estaba vestidos con una túnica blanca, frente al Cordero. Así lo narra en la visión el Evangelista San Juan, que escribió el apocalipsis, una multitud inmensa, que nadie puede contar.
Esa multitud inmensa, son los santos, los que están en la contemplación beatífica, en la contemplación divina. Ahorita piense, ¿su papá ya murió? ¿su mamá ya murió? ¿no será de ese número, de esa multitud inmensa que nadie puede contar? ¿usted cree que está allá o solamente quiere que esté allá?
Yo quiero y creo. Yo quiero y creo.
¿Usted conoció a su papá, a su mamá?, ¿practicaba virtudes? ¿era un hombre, una mujer de bien, temeroso de Dios? ¿qué piensa de su padre y de su madre, que ya no viven? ¿qué piensa? ¿dónde están? ¿en la contemplación de Dios? ¿ya son parte de la Iglesia triunfante? ¿y hacia dónde va usted, hacia dónde? ¿está trabajando para llegar a la Iglesia triunfante, para llegar a la contemplación divina por toda la eternidad? Ya nos dijo Nuestro Señor, en este domingo, cómo debemos de ser, para llegar al cielo, para ser santos, ya nos dijo. Usted se conoce muy bien las bienaventuranzas, se las conoce de memoria.
Hoy se nos dijo, dichosos los pobres de espíritu. ¿Se siente pobre de espíritu? ¿usted que está aquí, sentadito, yo creo que sí? Usted, que está ahí paradito, yo creo que sí, es pobre de espíritu. Siente la total dependencia de Dios. Usted es consciente de que, sin Dios, no podemos nada, no podemos nada y, en esa pobreza de espíritu, buscamos siempre la fuerza divina, nos abrimos a la acción divina, a la gracia divina y le estamos pidiendo y pidiendo a Dios, que nos ilumine, que nos ayude, que nos fortalezca, que nos llene de su paz, que nos llene de gozo, que nos llene de alegría. Estamos siempre abiertos a que Dios haga Su obra en nosotros.
Ese es un pobre de espíritu, “yo no puedo, yo no puedo solo, pero con la ayuda de Dios, lo puedo todo, con la ayuda de Dios, con la fuerza de Dios en mí”. Manténgase en esa pobreza de espíritu, busque siempre a Dios y sólo así va a ser dichoso, feliz. Viva la pobreza de espíritu.
Tenga siempre intenciones buenas para todas las personas. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
¿Cómo anda su corazón? Y no me refiero a si físicamente está bien, que si tiene buen ritmo, a eso no me refiero. Los sentimientos, lo que está anidado en su corazón, en ese corazón que debe de ser siempre limpio ¿está sólo el amor o ya se mezcló ahí ciertos celos, ciertas envidias, ciertos corajes, ciertos deseos de venganza, malos sentimientos? ¿qué tiene en su corazón, qué se anida en su corazón? ¿el amor para que pueda ser limpio de corazón y ver a Dios? ¿Cuándo contempla a las personas, los mira con amor y con ternura o les envida lo que son y lo que tienen? ¿los mira con una limpieza o le está mirando con mala intención? Nosotros los hombres, que somos atraídos por la mujer, ¿le miramos con limpieza o con ojos impuros? ¿la mujer cómo nos mira a nosotros los hombres? ¿con una limpieza en su mirada o con unos deseos? ¿cómo nos miramos?
Dios quiere que seamos dichosos siendo limpios de corazón, del corazón es de donde sale el amor, el amor que quiere Dios, el amor limpio, el amor puro, el amor sagrado.
En nuestro entorno y nosotros mismos, solemos equivocarnos, cometer errores. Hoy, Dios nos recuerda, dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. El que tiene misericordia, perdona. El que no tiene misericordia no perdona, sino que condena, condena, desprecia, hiere.
Usted y yo, para alcanzar esa gloria en el cielo, tenemos que crecer en la misericordia, no dejemos que nuestra humanidad nos domine, que nuestra sensibilidad no nos permita sentir la misericordia en favor de los demás, porque todos podemos equivocarnos y más los cercanos que nos contemplamos a diario, no nos cansemos de mirarnos, de mirarnos con amor, de mirarnos con misericordia, con compasión, para ser dichosos, para no vivir con resentimientos en nuestro interior, para no guardar silencios.
Sea misericordioso. Dichosos los misericordiosos, porque recibirán misericordia. Usted y yo le pedimos siempre a Dios que tenga misericordia de nosotros. Lo hicimos al inicio de la misa, tocamos a la misericordia de Dios y le pedimos perdón.
Pues perdonémonos y perdonémonos de corazón, como lo dice Dios y, así, tendremos mucha paz en nuestro interior, no nos van a dominar otras cosas, sólo vamos a vivir el amor. El amor nos va a llevar a la misericordia, al perdón, a la compasión, a la aceptación de mi ser querido que está frente a mí, así como él es, con sus virtudes y con sus defectos y a perdonarlo siempre y a tenerle siempre misericordia.
Busquemos siempre la paz, la paz en nosotros mismos, la paz en la relación con Dios y la paz en la relación con toda persona. Dichosos los que trabajan por la paz. Primero empecemos con la paz nuestra, por la paz nuestra. Nos preocupa mucho que no haya paz en diferentes partes, nos preocupa, pero a lo mejor no nos preocupa tanto la paz en nuestro interior, porque esa paz sólo la vemos hacia afuera, no la miramos hacia dentro. Primero hay que mirarnos hacia dentro, si tenemos paz, de esa paz que quiere Dios, que esté en armonía con Él, que esté en una buena relación con Él, que esté en una vivencia de gracia.
¿Cómo podemos nosotros trabajar por la paz si estamos dominados o esclavizados por el pecado y no hemos querido liberarnos de él? Estamos ahí y el pecado está bien anidado, no lo queremos sacar. ¿Cómo vamos a sentir paz? Dios quiere esa paz en el corazón de toda persona y cuando nosotros estamos en paz con Dios y con nosotros mismos, lo demás se da por añadidura: la paz en la relación con los demás, la oración por la paz, será una oración sincera.
Yo pido por la paz de nuestro país, por la paz de nuestro Oaxaca, ¿pero le he pedido a Dios que me llene de su paz? Y tal vez me diga: Yo quiero llenarte de mi paz, pero quiero que vaya en busca de un sacramento, que vayas en busca del perdón y no has querido. Yo quiero darte el perdón, para que sientas la paz, pero tú no das un paso más.
En el sacramento de la reconciliación es donde Dios nos da la paz. El sacerdote, en persona de Jesucristo, nos perdona y, después de absolvernos nos dice: vete en paz, Dios te ha perdonado, vete en paz.
Es importante ser dichosos, dichosos ante los ojos de Dios. El mundo nos ofrece otras cosas dizque para ser dichosos o para ser felices. El mundo nos invita a los placeres para ser felices, al placer. Nos invita el mundo a algunos vicios, porque dicen que así, uy se disfruta de la vida, se disfruta de la vida. “Mira, con unos mezcalitos disfrutas la vida, con unas cervecitas se disfruta la fiesta, vamos” y yendo al antro se disfruta, nuestra juventud, vámonos a los antros a disfrutar de nuestra edad juvenil, a dar rienda suelta a lo que nos pida nuestro cuerpo, a drogarnos, a sabe cuánta cosa, eso es ser feliz. El mundo nos dice eso. El mundo nos dice que, para ser felices hay que tener muchos bienes y no importa cómo te haces de ellos, vas a ser feliz teniendo dinero, siendo un pobre miserable no vas a ser feliz, y miran que yo he recorrido los pueblos de Oaxaca, algunos cientos de pueblos, unos pueblos donde se vive pobreza extrema y no veo a la gente triste, las veo muy contentas y dándoles gracias a Dios: “¿cómo está usted abuelita, cómo está? – feliz, contenta, porque ha venido a visitarnos, porque está con nosotros, porque vinimos a la misa, porque mis nietos se van a confirmar, yo soy feliz”… y no tienen nada, pero son bien felices, porque no hay nada que los esclavice, que los ate, que los domine, libres, totalmente libres, confiando en la providencia divina. Dios aquí nos tiene y Dios nos va a sacar adelante.
El mundo nos engaña a veces, nos dice que somos personas que no somos felices porque no tenemos dónde caernos muertos, eh, nos estamos muriendo de hambre y cómo vamos a ser felices si la panza no está llena, entonces, hay que robar para tener, hay que quitarle al prójimo lo que le pertenece.
El mundo, el mundo te dice cosas contrarias a lo que te dice Dios. Ten cuidado, no te pierdas y sé realmente feliz, muy feliz y muy dichoso, para llegar la Iglesia triunfante, necesito ser de la Iglesia que peregrina un hombre o una mujer que crece en santidad de vida. Crezcamos en santidad de vida, crezcamos en el ejercicio de la virtud, para que podamos nosotros ser un día de los que están frente al Cordero, multitud inmensa, que nadie puede contar. Preparémonos para ello, porque un día vamos a dejar este mundo y nos vamos a ir.
Nuestra meta final es el cielo y en el cielo viven los santos y ahí llegan los que vivieron santamente mientras peregrinaron por este mundo.
Crezca en la virtud y conquistará el cielo.
Que Dios nos ayude, que la Madre de Dios interceda y que podamos vivir este mes confiando en la providencia divina, siempre en los días primero le decimos a Dios: Señor, gracias porque terminamos un mes, pero a la vez te decimos, no nos abandones en este nuevo mes, que tengamos lo necesario para vivir, sólo lo necesario para vivir, no más.
Que Dios los colme de bendiciones y que podamos vivir esta semana con intensidad, con alegría, con gozo. Mañana vamos a recordar a nuestros difuntos, que eso no nos lleve a estar tristes, porque creemos que a los que vamos a celebrar mañana hoy los celebramos pensando que están en la Gloria de Dios y mañana le vamos a decir a Dios, concédeles la paz y la alegría de los justos. Así vivimos estos dos días, así lo vivimos. Así vívalo siempre.
Que Dios los colme de gracia y de bendiciones.
Que así sea.
Ver menos









