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CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
25 DE OCTUBRE DEL 2026
Es el domingo XXX del Domingo Ordinario, ya casi terminamos el año litúrgico, nos falta un mes nada más, un mes para que le demos gracias a Dios, si nos permite vivirlo y le digamos que queremos seguir viviendo un nuevo año litúrgico.
La Palabra de Dios, que hoy hemos escuchado, es hermosa y comprometedora, hermosa y comprometedora, porque nos está recordando Dios que, lo más importante en la vida para todos nosotros, es Él, porque es Él al primero que debemos amar. Al Señor Jesús le preguntaron cuál es el primero de los mandamientos y no se quedó diciendo a Dios hay que amarlo con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma, con todo el ser, lo completó diciendo, el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Hoy es un buen domingo para examinarnos si realmente nosotros estamos amando a Dios con todo, con todo el ser, con todo el corazón, con toda el alma, con toda nuestra mente, todo. Pregúntese, de verdad, porque yo sé que todos ustedes aman a Dios, yo también amo a Dios, pero como dice Dios que es con todo el ser, con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma, ahí nos está cuestionando, nos cuestiona. ¿Sí lo amamos así o hay cosas ahí que se nos ponen en frente y que las amamos? A las personas, por ejemplo, “el que no me prefiere a mí, antes que a su padre y a su madre, no es digno de mí”. Las cosas, las cosas a veces las amamos, ¿dónde está tu tesoro? Ahí donde está tu tesoro, ahí está tu corazón.
Algunos, a veces, ¡ah! Cómo amamos las cosas…amamos nuestra casita, amamos nuestro carrito, amamos nuestra ropita, amamos nuestras joyitas, amamos nuestros zapatitos, amamos las cosas, y no nos queremos desprender de ellas, no queremos, no queremos compartir, ahí tenemos colgado en el roperito, en un lacito, porque no alcanzamos para el ropero, pero ahí está en un lacito mucha, mucha ropita que nunca nos ponemos, que nunca nos ponemos y sabemos que hay personas que no tienen a veces más que el mismo vestidito porque les vemos cuando es domingo, les vemos el mismo vestido todos, todos, todos los domingos, pues es que no tiene otro vestidito para usar el domingo y yo tengo colgaditos algunos, ¿por qué no le doy uno? Para que tenga dos para el mes y sea cada quince días que se cambie, ¿qué le parece? Y si yo le comparto más, pues se va a cambiar todos los domingos y va a andar como si fuera vestidito nuevo, pero no lo hacemos, no lo hacemos y no me diga que en Oaxaca no hay pobreza. Pueblos enteros que viven en pobreza extrema, en pobreza extrema y nos debería de dar vergüenza, pobreza extrema.
Apenas, apenas sacan para comer frijolito y tortillitas, no tienen más, ¡ah!, pero eso sí, mucho cafecito y si no hay cafecito, pues hay que arrancar unas hierbitas y hacer un tecito, calientito, pobreza extrema. A lo mejor Dios nos ha bendecido, pues hay que compartir, porque nuestro corazón se está apegando mucho a las cosas y eso va contra el primer mandamiento, porque ya no estamos amando a Dios con todo el corazón, porque ya aquí ya se vino abajo ese amor con todo el corazón, porque el corazoncito nuestro está inclinado hacia las cositas que tenemos, ya no se fue todo para Dios, le dimos una partecita, entonces no estamos viviendo ese primer mandamiento de Dios, de amarlo con todo nuestro ser y no vaya a regresar a casa diciéndose a sí mismo, ¿para qué fue misa ahora?, porque le va a dar vueltas ahí en su interior, en su conciencia, “ni quería ir a misa y para qué fui y lo que dijo el padre me está dando vueltas aquí en mi mente, en mi corazón y no sé a qué hora se me va a olvidar, yo quisiera que se me olvidara ya, como si no hubiera escuchado nada. Le inquieta, bendito sea Dios que le inquieta la Palabra de Dios, pero no se quede nada más ahí, que no sólo le inquiete, hay que tratar de vivirla, entonces algo tenemos qué hacer.
Y el amor al prójimo, ¿del amor al prójimo cómo andamos? Dice el apóstol: si tú dices que amas a Dios, que no ves y dejas de amar a tu prójimo, a quien ves, eres un mentiroso, ¿usted es mentiroso? Usted dice que ama a Dios con todo su ser, ¿ama a su prójimo? ¿usted ama a su prójimo? ¿nadie está fuera de su corazón? ¿no tiene ahí corajito con alguien? ¿no tiene por ahí alguien que diga usted: no quisiera ni verlo? ¿eh? No quisiera que me recordaran que pronunciaran su nombre, no quiero ni oír su nombre. ¿Dónde está el amor al prójimo? ¿cómo anda el amor al prójimo? Sí queremos que nos amen, sí queremos ser amados, pero cuando se trata de amar, hacemos selecciones: a este sí, a este no, a este no, este no me cae bien, como si no existiera. Hermanito, pero existe, existe. A veces hasta es nuestro familiar, nuestro primo, nuestra prima, nuestro tío y más grave es todavía cuando son hermanos que no pueden ni verse, ¿y entonces el amor al prójimo? Mentimos si decimos que amamos a Dios, ah, pero eso sí, queremos que Dios manifieste su amor y su bondad, nos bendiga a manos llenas.
¿Cómo nos va a bendecir Dios si no nos hacemos merecedores de esa bendición, porque no estamos amando, no estamos amando? La bendición de Dios se gana amando, amando a nuestros seres queridos, amando a las personas, así nos hacemos merecedores de la bendición divina. Qué importante es eso.
Queremos ser amados, queremos ser aceptados, queremos que nos traten bien, que no nos humillen, que no nos desprecien, que no nos critiquen, que no nos difamen, que no se pongan contra nosotros. Todo eso lo queremos, pues aplícalo, también eso lo quiere el de enfrente, tu prójimo también quiere lo mismo que tú. Él no quiere ser despreciado por ti, él quiere ser perdonado por ti, él quiere ser amado por ti, él quiere ser bendecido a través de ti, ¿por qué no darlo? ¿por qué no ser de veras prójimo? ¿por qué no vivir lo que dice Nuestro Señor, el segundo es semejante, amarás a tu prójimo como a ti mismo? ¿o nosotros no nos amamos, no nos queremos? Y no se ponga frente al espejo, porque también ahí empezamos a decir ¿por qué Dios no me dio otra nariz, esta está muy fea?, y luego vamos para que nos la enderecen y al rato andamos morados por todos lados y se nos fue el ahorrito que teníamos sólo para arreglarnos la nariz y si le seguimos, no, pues no acabamos. Se arreglan muchas cosas, todos eh, entonces, ámate así como Dios te hizo, orejón, narizón, ojos así como de tomate, saltados, cachetón, gordito, chupado, flaco, flaco, así te hizo Dios, quiérete, quiérete mucho, no se desfiguren, no, no se desfiguren, así hay que amarnos y así hay que amar a nuestro prójimo y ser felices.
El amor nos hace felices y aquí quiero decirles lo que con frecuencia digo, yo soy muy feliz, “ah, pues claro, quién no va a ser feliz siendo el Arzobispo de Oaxaca”, carguen con esta cruz, carguen con esta cruz. Nos llueve por todos lados, pero yo soy feliz, yo soy feliz y soy feliz porque vivo con ustedes, porque vivo en Oaxaca y soy feliz porque yo los amo, los amo, los quiero mucho. Aquí está una persona que cuando yo salí de mi casa, me dijo que era su cumpleaños, aquí está, la estoy viendo, que era su cumpleaños y me dijo: “yo quiero tomarme una foto”, pues tómese la foto, se tomó la foto, “yo quiero que me dé un abrazo”, le di su abrazo, ahí está, muy abrazada, aquí está y todo eso, todo eso que yo vivo a diario, yo experimento amor, amor, amor, yo no paso como un desconocido. Seguí caminando y otro señor me dijo: Monseñor, bendígame y le dije, de dónde eres, me dijo, de su pueblo y a cada rato va con nosotros a la fiesta, entonces, conocidísimo, pero todos esos son signos de amor, son signos de amor, el que se me queden mirando, para mí son signos de amor ¿y por qué no sonreírles, por qué no darles un abrazo, por qué no manifestar el amor de mi persona hacia su persona, por qué no? Si eso le hace feliz a usted, pues a mí también me hacen feliz todos esos signos que usted tiene para conmigo.
Ahora, yo le quiero decir, ¿por qué todos esos signos no los pasa a su casita? Páselos a su casita, vívalos así, haga feliz a los que están en su casa, en su trabajo, en su trabajo, que ya no le caiga tan gordo el que está en aquella oficina, que ya no le caiga tan mal, encuéntrele un lado ahí medio interesante, para que usted lo haga feliz. Tenemos que hacernos felices unos y otros y se hace feliz haciendo sentir nuestro amor, con detalles insignificantes, con un saludo, con una sonrisa, son detalles insignificantes, pero que llegan al corazón.
Entonces, llegue al corazón, para que la persona se sienta amada, y con ese amor está llegando hasta el amor de Dios, está llegando al amor de Dios, porque Dios también es feliz, porque usted está haciendo feliz a su prójimo y eso a Dios le agrada, porque es lo que le ha pedido a usted, viva amando a su prójimo, para que así pueda ser sincero en el amor que me tiene a mí, que es un amor total, pleno, pleno.
Pues que tengan un feliz domingo y que disfruten, ahora váyanse a comer, por ahí a algún lugarcito, “pues suelte la feria, señor Obispo, para poder comprar”, uy, me agarraron sin feria, sin feria, bueno, usted le va a poner feria al canastito, no tengo vergüenza. Mire, estoy disfrutando este domingo, estoy gozando este momento, porque hay necesidad de gozar cuando hay sufrimientos, cuando hay tantas cosas pues que por lo menos en este espacio gocemos, gocemos un momento.
Me da mucho gusto que hayan venido, veo mucha gente y veo a muchos que casi no veo aquí, ojalá los siga viendo, los siga mirando con mucha frecuencia, si no aquí, que lo mire Dios en otro lugar donde lo va a bendecir, donde lo va a llenar de gracia.
Siempre, cuando vamos a terminar este momento, le pedimos a la Madre de Dios que nos vaya acompañando, porque no la podemos hacer a un lado en nuestro vivir, así como siempre hemos necesitado del amor de nuestra mamá, algo tienen las mamás, que su amor se queda aquí, muy en el corazón, mamá, papá, pero mentamos mucho a nuestra mamá, espero que no la miente para ofender, no, no, para ofender, no y esto lo estoy recordando porque una persona, que murió su mamá hace meses me escribió un mensajito y me dijo, estoy muy triste porque me hace falta mucho mi mamá, estoy muy triste, pues hay que animarle, y entonces, con la mamá de Dios, animémonos todos, va caminando con nosotros, así como acompañó a Su Hijo, también nos acompaña a nosotros, que nos ayude a amar a Su Hijo y que nos ayude a amar a nuestro prójimo, con la gracia que Ella alcance de Su Hijo Jesucristo en nuestro favor.
Pues, vivan muy felices esta semana, el prójimo domingo celebraremos a todos los Santos, celebraremos a todos los Santos el prójimo domingo y aquí en nuestro Oaxaca, pues, hay una tradición muy fuerte de los difuntos, el día 2, que no nos lleve a estar tristes, que nos lleve a pensar en la vida eterna y en la resurrección, y que nos ayude a decirle a Dios: yo quiero que este ser, que hasta el día de hoy me ama, porque San Pablo dice que termina la fe y la esperanza, pero el amor perdura, desde el cielo nos están amando, entonces nosotros tendremos que decirles, mamá, yo te amo; papá, yo te amo; hermanito, yo te amo; esposa, yo te amo; esposo, yo te amo; te sigo amando, porque ellos nos siguen amando. Los vamos a recordar en el corazón y en la oración.
Pues disfrutemos esta semana, que Dios los bendiga a todos y que sean muy buenos prójimos, muy buenos prójimos, que hagan felices a todas las personas con quienes ustedes se encuentren.