CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
SANTA IGLESIA CATEDRAL DE OAXACA
4 DE OCTUBRE DEL 2026
Que la Palabra de Dios que acabamos de escuchar, se anide en nuestro corazón, porque ahí es donde vamos a dar respuesta al mensaje que Dios nos ha transmitido, con humildad, con sencillez de corazón, recibámosla.
Les quiero recordar que, el Señor, durante estos domingos, nos ha estado hablando de la viña. ¿Recuerdan el domingo pasado?, que mandó a sus trabajadores a la viña a muy temprana hora, a mediodía y al terminar la tarde y, con los primeros, quedó de pagarles un denario y a los demás no les dijo cuántos les iba a pagar, sólo les dijo: “te pagaré lo que sea justo”, sólo a los primeros los contrató por un denario, “ve a trabajar a mi viña y te pagaré un denario” y cuando ya terminó la jornada, empezó a pagar desde el último que llegó a trabajar hasta el primero. Les dio un denario a todos, un denario a todos. Se molestaron los primeros, “ellos, que trabajaron sólo una hoy y, nosotros, que soportamos el calor y todo el día, nos das lo mismo” y respondió el señor que los había contratado: “no te estoy cometiendo ninguna injusticia, contigo quedé en darte un denario, ¿por qué te molestas si les doy a ellos lo mismo o no puedo hacer con lo mío lo que me parezca?, toma tu denario y vete”. Y yo les decía que teníamos que trabajar en la viña y les tocaba el tema de viña, pensemos en nuestra familia, vamos a ir a trabajar en la viña, en la viña de nuestro hogar, de nuestra comunidad.
Hoy, de nuevo el Señor nos habla de esa viña. Espero que usted descubra la figura de Dios y de qué está hablando Nuestro Señor, cómo se está presentando Él, hablándole a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, a los que se sentían los más grandes, los más importantes del pueblo. Se sentían los más importantes, los más buenos, los más santos y les pone ese ejemplo de la viña.
El propietario entrega la viña, y los que se quedaron a trabajar en la viña, cuando les pidió el propietario su parte, no la entregaron, ¿qué fue lo que hicieron?, maltrataron a los criados, golpearon a los criados, apedrearon a los criados, mataron a los criados, una vez y otra vez y luego les dice, el propietario de la viña mandó a su hijo y también lo sacaron del viñedo y lo mataron. ¿A quién se refiere Nuestro Señor? El propietario es Dios, la viña es el pueblo de Israel, todos esos criados que fueron enviados son los profetas, los que Dios estuvo enviando a lo largo de los siglos, para que lo escucharan, para que cambiaran de actitudes, para que dieran frutos buenos, frutos dulces, como decía el profeta Isaías en la primera lectura de este domingo, frutos dulces, pero el profeta Isaías dice que el dueño del viñedo sólo encontró frutos amargos, porque encontró sólo maldad, sólo maldad y, en el Evangelio, ese hijo, ese hijo, el dueño del viñedo es Jesucristo, es Jesucristo, lo sacaron y lo crucificaron.
Yo quiero que nosotros pensemos si nos sentimos dentro de ese viñedo, si nos sentimos una viña, si estamos dando frutos, porque el Señor hoy nos pregunta, quiero recoger frutos de ti, pero no quiero frutos amargos, amargos no. Yo quiero frutos dulces, sabrosos, exquisitos, ricos, es lo que quiero encontrar en ti, esos frutos.
Vamos analizando, así de forma rápida, en esas vivencias nuestras, los frutos que estamos dando, ¿a qué saben? ¿es una dulzura? ¿somos una dulzura o somos una amargura? Hay veces que yo he escuchado “me amargas la vida, tú me amargas la vida”, así lo he escuchado, “me amargas la vida”, también he escuchado mucho más, “eres para mí una dulzura, una dulzura”, qué hermoso se escucha eso, qué sabroso se escucha eso, “eres una dulzura”. ¿Se lo han dicho a usted?. Usted, si es papá, mamá, ¿sus hijos le han dicho, papá, eres una dulzura; mamá, eres una dulzura?, ¿no se lo han dicho?, ándele, sea una dulzura para que sus hijos se lo digan, sí sabe usted cómo puede ser una dulzura, no me diga que no, no me diga que no. Dedíquele tiempo a sus hijos, interésese por sus hijos, platique con sus hijos, esté con sus hijos, pasee con sus hijos, vaya a comer con sus hijos… sólo con los amigos, sólo con los amigos, pues por eso le dicen en su casa “papá, nunca estás aquí con nosotros, no te gusta estar con nosotros, no disfrutas estar con nosotros, te desesperas cuando estás en la casa, esta casa te quema”.
Eso mismo también dicen a veces nuestros papás a nosotros los hijos, “hijo, pues a qué hora vas a llegar, esta casa como que no te gusta. ¿Vas a irte a vivir a otra casa?, hijos, que aquí te agrade estar, en la casa, nada más llegas y nos dices, ya me voy, no hijo, ¿cómo?, quédate un ratito más, ¿a dónde vas? Y amargamos a nuestros papás porque los dejamos preocupados, no les decimos a dónde vamos, regresamos a altas horas de la noche o de la madrugada y, papás, preocupadísimos por nosotros, amargándose la vida y, nosotros, según eso, disfrutando, aparentemente en una dulzura, pero no podemos estar en una dulzura si estamos amargando la vida de los que nos aman, no puede ser dulzura si amargamos a otros.
Recapacitemos, pensemos, Dios espera recoger frutos dulces, frutos dulces. ¿No se los podemos dar?, ¿sólo podemos darle frutos amargos? Vamos pensando hoy qué me está haciendo falta para que las personas que viven conmigo sientan su vida en relación conmigo como una dulzura y lo puede hacer, si usted cambia, si usted entrega esos frutos dulces. Ya no entregue frutos amargos, la vida es muy cortita, es muy cortita, pronto se acaba, ¿usted ha pensado cuántos años va a vivir? Y dónde va la línea, dónde va, cuánto le falta. A mi ya me falta poquito, un día le pedí a Dios que me dejara vivir veinte años más y ya llevo un buen bonche de años y ya le dije: “Señor, aquella vez que te dije veinte como que me equivoqué, sigue con los veinte, es que ya estaba casi, casi completándose, “otros veinte, Señor, otros veinte, ándale”.
Cada día nos vamos acercando a la línea final, a la línea final, entonces, oye, pues que todo esto que nos falta sea de una dulzura, para poder llegar con el que es la dulzura por excelencia, que es Dios, nos podamos encontrar con Él y sea grato el encuentro, que nos diga “ven, bendito de mi Padre, bendito de mi Padre”, para que nos diga bendigo de mi Padre, debemos ir dando esos frutos buenos y Él quiere cosechar, mandó para que le entregaran la parte del viñedo, pues todos los días el Señor manda para que nosotros le entreguemos cuentas, hay que entregarle los frutos dulces, los que decía el profeta Isaías en la primera lectura, frutos dulces, porque la viña del Señor es para que dé frutos dulces, no amargos. Si nosotros nos dedicamos a hacer el mal, los frutos no son dulces, son amargos.
A lo mejor nosotros disfrutamos haciendo el mal, pero eso no nos trae nada bueno, no nos trae nada bueno. Nos seguimos encontrando con amarguras en nuestros pueblos, en nuestras ciudades, con tristeza, con dolor, porque algunos deciden hacer a un lado a otros, golpearlos, insultarlos, maltratarlos, matarlos. ¿Qué frutos estamos entregando a Dios? ¿qué corazón tenemos? En usted debe de haber bondad, sólo bondad. Responda generosamente, entregue a Dios lo mejor de su vida y haga feliz en su entorno a todos los que están cercanos a usted.
Usted ha sido bueno conmigo, usted, para mí, ha sido una dulzura, doy testimonio de ello, mis hermanos oaxaqueños han sido para mí una dulzura, una dulzura, pero yo quiero que otros digan lo mismo, yo quiero que en su familia sólo se escuche eso, que son una dulzura entre ustedes, como familia. Trabajemos para ello, disfrutemos.
Hoy, eso nos dice la Palabra de Dios, usted puede ser siempre una viña que da frutos dulces, y que da frutos abundantes, abundantes, porque se deja bendecir por Dios, porque está siempre cerca de Dios, porque quiere responder a Dios y cumplir con sus mandatos, cumplir Su Palabra. Siga con esa actitud, para que Dios sea glorificado por usted, que Dios sea glorificado y que usted se llene de mucha paz, de mucho gozo, de mucha alegría en su interior, porque le está entregando buenos frutos a Dios.
Siga trabajando los detalles que no son buenos y que usted tiene, porque todos los tenemos. Hay defectos en nuestra vida, hay que trabajarlos, que eso no nos domine, que nosotros dominemos esas pasiones, esos deseos, esas inclinaciones malas, que las estemos dominando con la gracia de Dios, para que así, los frutos sean lo mejor.
En esta semana, vamos a vivir fiesta a la Virgen, a la Virgen del Rosario, el día 7 y luego tenemos un Santuario en Juquila, muy visitado y, el día 8, conmemoramos la Coronación Pontifica de esa bendita Imagen de la Inmaculada de Juquila, esta semana vamos a vivir esto, encomendémonos a la Madre de Dios.
A Ella le decimos a veces, en la oración, fruto de Tu Vientre. Oiga, que usted sea un fruto bendito de la Virgen María, un fruto bendito. Aquí está una imagencita o una imagensota de la Asunción de María a los Cielos, la que tenemos ahí, porque esta Catedral está dedicada a la Asunción de María. A veces nos preguntan, oiga, ¿esa Virgen quién es?, la Asunción de María, ahí tiene unos angelitos que la van llevando al cielo, la Asunción de María, pero también vamos a festejar en este mes al que extendió sus brazos en la Cruz y que nosotros le decimos Señor del Rayo, allá está la imagen original, en aquella capillita, y aquí está la réplica del Señor del Rayo, ese Cristo que está ahí, al frente de nosotros, lo vamos a celebrar el día 23 de octubre, la Fiesta del Señor del Rayo, entonces vamos a estar enfiestados. Pues hagamos fiesta en casa todos los días, dando frutos, para que todos disfrutemos de la vida, gocemos y estemos muy contentos ahí en nuestro hogar, en el trabajo, en el caminar por la calle, en la relación con nuestros vecinos, que ya no nos caigan tan gordos, que nos caigan bien. Yo creo que el vecino ha de tener un perfil que más o menos se ve bien, encuéntrelo, no nada más el perfil de que, no, me cae mal el señor ese, no saluda ¿y usted saluda?, no, pues no saluda, y usted tampoco, salude, y si no le contestó, pues no contestó y ya, pero usted salude, un día va a responder, y ya.
Que Dios los bendiga, Dios los bendiga y que vivan con mucha alegría este nuevo mes de octubre, porque es el primer domingo de octubre, mes de las misiones, mes de las misiones, mes del Rosario, mes del Rosario, todo esto nos hace tener frutos buenos, oremos por las misiones, recemos el Santo Rosario y verá que dará muchos frutos buenos en su vida.









