Compartir

Armando EBOLI*

SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, CHIAPAS .- El 2026 ha empezado duro con las noticias internacionales acaparando toda la atención, y no es sólo la intervención estadounidense en Venezuela, si no las constantes amenazas de Trump contra Dinamarca para tomar Groenlandia, contra México por el narcotráfico o contra China en la carrera tecnológica y económica. El poder de Estados Unidos se basa hoy en lo militar. El ver a China como un peligro y usarla como una excusa, es ya reconocer su derrota y por eso, sólo le queda dar un golpe al tablero de juego para tirarlo todo y volver a comenzar.

¿Como puede México lidiar con esta nueva realidad? México parece ir a la deriva; Estados Unidos ya no es un socio confiable, pero el gobierno y los empresarios mexicanos no parecen tener ningún interés en buscar nuevos socios y abrirse a nuevos mercados.

Ya no hablemos de China o Rusia, los rivales tradicionales de Estados Unidos, si no de tender lazos con otros países del hemisferio occidental que también lucen desencajados con la nueva política internacional de Donald Trump.

Cuando México abrió su comercio, se convirtió en el país con más tratados de libre comercio del mundo y la idea era poner un contrapeso al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, es decir, tener herramientas que sirvieran para no ser tan dependientes del vecino del norte. Sin embargo, los empresarios mexicanos pueden ser algo perezosos y poco han querido explorar los tratados de libre comercio con la Unión Europa, con los países sudamericanos o Israel, por ejemplo. Cuando piensan en expandir su negocio internacionalmente, piensan principalmente en Texas o California como mercados naturales, y ni las constantes amenazas de Trump parecen hacerles pensar en mirar otros horizontes.

El gobierno de la 4T tampoco parece querer pensar fuera de la caja; hacerse menos dependiente de Estados Unidos no necesariamente significa pasarse al lado de Rusia o China. Se pueden buscar también opciones en los aliados del hemisferio occidental como la Unión Europea, pero en lugar de hacerlo, las embajadas europeas son premios de jubilación para políticos incómodos. Gertz Manero se va a la embajada británica como si el Reino Unido no fuera el cuarto país con más mexicanos en el mundo; llamativo es que manden a un perfil tan progresista como el del periodista Genaro Lozano, para tender puentes con la Italia conservadora de Giorgia Meloni, y qué decimos de Omar Fayad, ex priísta hoy del Partido Verde, que fue mandado a descansar a la embajada de Noruega.

Hemos desarrollado una relación tóxica con Estados Unidos: no estamos preparados para una intervención militar y hemos desarrollado una fobia a la palabra “arancel” cuando sale de la boca de Trump.

Es verdad que tenemos muy pocas opciones para dejar de depender de Estados Unidos, pero ni ese poquito hacemos.

 

*Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y pasante de la maestría de Periodismo Político por la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Interesado en relacionar arte con política. De gustos altermundistas pero acostumbrado a vivir en un mundo neoliberal. exxebo@hotmail.com

 

 

Compartir