FELIPE SÁNCHEZ
PLATICABA recientemente con un arquitecto que dedicó muchos años a la construcción pero que, con la llegada del gobierno guinda al poder, dejó esa labor. La creación de constructoras “al vapor”, propiedad de los propios políticos en turno, sacó del negocio a empresas que, al menos, tenían experiencia técnica.
LOS POLÍTICOS hoy con poder de asignación —seamos realistas, el cuento de las licitaciones es eso, irrealidad— apenas vieron que la obra pública les podría generar dividendos mayores al “diezmo”, montaron constructoras pensando que sería un juego de niños. Pero la realidad les estalló en la cara.
SEA en San Antonio de la Cal o en San Martín Mexicapan, la ejecución de obras a través de la Comisión Estatal del Agua para el Bienestar (CEABIEN) o de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SOAPA), está resultando en un desastre sistemático. Estas dependencias han olvidado que su mandato es el bienestar, no la generación de focos de infección.
POR EJEMPLO, en las calles Juventino Rosas e Hidalgo de las colonias Casa Blanca y Emiliano Zapata, la sustitución del drenaje es una agonía. En la calle Hidalgo llevan más de un año con la “obra”; durante meses, ríos de aguas negras inundaron hogares sin que SOAPA se diera por enterada, ignorando la contingencia sanitaria que, legalmente, están obligados a mitigar.
LA LENTITUD y la “chapucería” son el sello de las empresas elegidas. En Juventino Rosas, la impericia técnica provocó lo peor: el retorno de desechos. Hay colonos que abandonaron sus casas porque el drenaje brota de sus propias tazas de baño y de las coladeras en sus propiedades inundándolas. Esto ya no es solo ineficiencia; es una responsabilidad administrativa y civil que tanto autoridades como contratistas están omitiendo, al grado de incurrir en daños a la propiedad privada y riesgos severos a la salud.
¿Y EL GOBIERNO jarista? ¿El de Chagoyita? ¿El de Alejandro Martínez en San Antonio de la Cal? Bien, gracias. Mientras los negocios quiebran y las familias viven entre excrementos por obras fallidas o vías truncadas porque los drenajes se colapsan, los altos burócratas despachan desde la comodidad de zonas donde el servicio sí funciona.
DE VERDAD que ese “valemadrismo” proviene de la soberbia electoral. Calculan que su marca guinda es invencible, pero se equivocan, más en estos momentos en que el sello inmoral del narco gobierno se torna indeleble. Con negligencias técnicas y sanitarias de este calibre, solo están acicateando el voto de castigo. La soberbia suele ser el preludio de la caída.
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