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  • Por Kozzobi Sampedro

La literatura es un antídoto contra el olvido y “escribir es una maldición que salva”, nos
confiesa Clarice Lispector. Los lugares comunes en la memoria suelen ser aburridos y la
mayoría de veces los ignoramos. La nostalgia, en cambio, habita dormida en el infierno de nuestra mente, los recuerdos y voces del pasado amenazan con despertarla y llenarnos de vacío.
Víctor Vásquez Quintas, escritor oaxaqueño, nos muestra en su libro de cuentos El
ruido de los veraneantes (Parajes, 2015), las formas más crudas de los lazos sociales. Logra proyectarnos, en breves líneas, el estado anímico de sus protagonistas: narra con agilidad la fugacidad de los pensamientos que no nos atreveríamos a aceptar que son nuestros. No es necesario que nos cuente el pasado de los personajes, su forma de ver la vida y de actuar antes sus problemas nos dicen todo sobre ella en cada cuento; dejando expuestos los abismos psicológicos de cada persona.
Este libro es la atmósfera hogareña siempre recordada, la bruma de las emociones y
recuerdos ante el paso del tiempo, las decisiones no tomadas, el ruido incontenible de la
melancolía en nuestras cabezas y las personas que olvidamos. ¿A dónde va todo ese ruido vibrante de la memoria… bruma oscura del olvido? A ninguna parte, permanece en
nosotros.
“Sólo el tiempo lava las heridas y la inmensa noche vuelve a ser luz”, tal vez ese
fragmento de Spinetta logre contener la ferocidad de los sentimientos narrados y no
expresados, a los que las personas en estos cuentos se condenan. El silencio es el castigo que ellos mismos se han impuesto. El ruido: la búsqueda del olvido.
Quintas con este libro pareciera decirnos entre líneas: “Existe sólo un problema: las
cosas no son lo que parecen y los recuerdos se vuelcan contra uno”. Es tan largo el olvido y tan corta la memoria. El ruido de los veraneantes es un libro que abraza la nostalgia, es la aceptación de las decisiones y de la madurez.
Hay, en estos cuentos, un recurso inagotable y adictivo: son imprevisibles, astutos y
necesarios. La mayoría están ambientados en Oaxaca o en suburbios en los que resuenan sus costumbres y su gente. En “Paisaje guardado en la ventana”, narrado con una fluidez biográfica, podemos ver en breves líneas la banalidad y suerte de un retirado de la guerra de
Vietnam que, ya resignado al cobro de su pensión cada mes, logra un golpe de suerte en las corridas de caballos, cambiando su vida en un día. La suerte y la búsqueda de tranquilidad después de una familia realizada, lo llevaron a San Andrés Huayapam, Oaxaca, en donde después de tantos años, tuvo flashbacks de la guerra. El anciano las aceptó sin remordimiento ni pena. Esos eran sus últimos días de vida.
Pero sin duda una de las historias más entrañables está en “La explicación”, cuento
que muestra que todo gran enigma, por más grande que parezca, siempre tiene dos lados, y a veces, el más ignorado es aquél que podría enseñarnos más. Este cuento nos pone frente al famoso “Árbol del Tule” de Oaxaca, árbol en donde los siglos se han tornado estrías en su tronco. Quintas penetra en la obviedad para narrarnos las voces que rodean ese enigmático ahuehuete.
El ruido de los veraneantes es un llamado a decir y reflexionar lo que se siente, o
esos silencios harán ruido toda una vida.

  • Estudiante de Letras Hispánicas en la UAM y miembro del Colectivo Avispero.
    Instagram: kozzobisampedro
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