Compartir

Por: Mtro. José Ma Villalobos Rodríguez

A finales de 1980’s en Nairobi se realizó una conferencia mundial sobre el futuro de las ciudades. Entre las sorpresas fue que la Ciudad de México fue puesta como ejemplo de “lo que no se debe hacer en urbanismo”.

Aquella maravilla lacustre que asombró a Hernán Cortés no tiene nada que ver con lo que existe ahora. Durante siglos el sistema de lagunas y ríos fue destruido, lo que la naturaleza aportó se hizo a un lado y el poblamiento fue avasallador.

Con un clima fresco, sismicidad peligrosa pese a su altitud ha sido por décadas centro político, financiero, administrativo, comercial, de salud, educativo, legislativo, judicial, militar y de marina, de tele comunicaciones, de entretenimiento, de industria, sede de embajadas, institutos de investigación, sismológico, de formación universitaria de alta especialización, seguridad nacional, centro cultural, sede de los mejores y mayores museos, teatros, estadios, monumentos prehispánicos, coloniales, arquitectura de varias épocas.

Todo lo que sucede en la Ciudad de México y los municipios conurbados del Estado de México tiene repercusión nacional porque este poblamiento se formó con inmigrantes de todo el resto del país más los que llegaron de España, Chile, Líbano, Francia, Italia, etc.

En la movilidad urbana se cuenta con tren suburbano, subterráneo, tranvías metrobus, colectivos cuya infraestructura requiere de fuertes inversiones para operar correctamente ( el incendio en la central de control del Metro así nos lo recordó.

Tener tantos atractivos ha sido un imán para mayor poblamiento y a la vez un germen de problemáticas ligadas a la pobreza urbana, delincuencia, adicción a drogas, trata de personas, maltrato a ancianos, enfermedades de los nervios y los pulmones que no se dan en tal cantidad en la Provincia

mexicana. El Valle de México congrega cerca de 20 millones de habitantes quizá solo superado por Tokio, Japón. Todo en este Valle se da en grande y genera filas de variado tipo: desde para pagar la cuenta o recibir un pago.

Después de los sismos la Ciudad de México muestra su rostro solidario pero en las crisis económicas hace exactamente lo contrario.

Es más fácil reconstruir edificios que rehacer una economía hecha trizas. Siendo una ciudad cuya principal fuente de trabajo y generación de riqueza proviene de los servicios lo que en estos momentos se vive la ha hecho una ciudad fantasma de grandes dimensiones.

Pese a la caída de la demanda de alquiler de inmuebles o de su compraventa sostiene precios tan altos como si siguiera en jauja.

El cierre de miles de escuelas más los de los comercios ha acabado con la economía de cientos de taxistas, talleres mecánicos y gasolineras.

Restaurantes y bares cerrados por incosteabilidad han echado a la calle a miles de personas sin respetar categoría: desde chefs de alta escuela hasta acomodadores de autos pasando por meseros, garroteros y lavaplatos.

Los otros miles de afectados son los clientes que hoy día están impedidos de tomar café o alimentos sentados en una mesa.

No importa si se cumplen a cabalidad los protocolos sanitarios. Todos tuvieron que cerrar y esperar a qué los indicadores Gatell mejoren.

La otra notable ausencia es la de los vuelos comerciales y el ir y venir de autobuses foráneos hacia la Ciudad de México. La afectación al empleo ha sido enorme: desde a aviadores de alta especialidad hasta el maletero.

Quedarse sin empleo, ingreso y prestaciones es difícil en cualquier lugar y en la Ciudad de México peor. Los recortes de personal son de súbito y sin piedad de nadie. Esto incrementa las tensiones en las familias, los impagos a las escuelas o proveedores del hogar, la persecución de toda la banca comercial mexicana y sus jaurías de leguleyos.

Las pérdidas que más se publicitan se refiere a lo que los gobiernos de las ciudades dejaron de percibir de ingresos de sus contribuyentes y lo que ahora tienen que pagar.

En la ciudad de Nueva York llevan bien la cuenta de todo el gasto extra en salud que les acarreó lo que Donald Trump decía era un “catarrito”.

Ciudadanos, empresas y gobiernos locales en Estados Unidos están armando sesudas demandas colectivas por daños y perjuicios contra el Gobierno federal de Trump ante su craso error de minimizar los alcances del COVID 19.

Cuando un evento mundial lleva a causar más de un millón de muertos sobreviene un estupor entre los sobrevivientes cercanos a los fallecidos y entre la población que aún no se ha contagiado.

En el Imperio Romano de la época del cesariato de Marco Antonio la conquista de una tierra lejana junto con en botín también trajo un virus que aniquiló a los romanos.

Para paliar el grave daño Marco Antonio no subió impuestos ni pidió prestado. Vendió todas sus propiedades y oro. Murió de la peste que trajo del extranjero y es recordado como un gobernante ejemplar.

En lugar de hacer cuentas de lo que no se recaudó, nuestros gobernantes debieran de abrir sus mentes e incluir en la lucha contra el virus a la participación ciudadana, a cientos de empresarios, institutos privados de investigación, gobiernos locales porque es una batalla que no se gana con un solo actor.

Ni siquiera Marco Antonio en la Roma Imperial pudo.

En Jalisco hay este dicho: “ Un hormiguero se come a un buey”

Compartir