Lalo PLASCENCIA*
El rito del bautismo en el norte mexicano no se hace con agua, sino con brasa y humo; porque el alma está hecha de aire, y el humo solo es una representación visible de ese elemento vital que se entrevera en la ropa, el cabello y la piel. Es una manera de consagrarse con el incienso más básico, el del carbón y la madera, para encender hogueras y construir hogares. En el norte se respira una complejidad distinta: semidesiertos, noches estrelladas, largas horas frente al asador, litros de cerveza para amainar el calor y cientos de palabras dichas que se solidifican en amistades también bautizadas en humo. Asar a las brasas un animal entero o alguna de sus partes es un ritual que emula a los oráculos de la antigüedad, solo que éstos buscaban descifrar el destino y los actuales solo revelan un presente que podría volverse eterno.
Las amistades en el norte duran más porque se cocinan a las brasas, son más honestas porque no hay manera de engañar o mentirse entre el fuego y el aroma a carne, y son capaces de formar familias enteras sin el mínimo lazo consanguíneo. El norte es de quien lo quiere, lo trabaja, lo respeta y lo hace suyo, y no es solo un pedazo de tierra mexicana sino un símbolo completo, una expresión de orgullo por obtener ganancia en una tierra agreste, y una forma de conquistar al mundo desde un monte bañado de luz, calor, polvo, familia y parsimonia. Quienes pisan esta tierra tienen dos opciones: quedarse o marcharse, tan simple como la vida misma y tan dramático como el rescoldo que sigue vivo al día siguiente de cocinar un cabrito entero y se enciende de repente. Así el fuego y el humo, y así la vida desde el norte nacional. Mis días y noches allí siempre parecen cortas porque echo de menos los años ahí vividos, pero estoy feliz de contener aún en mi los códigos naturales de ese terruño. Este es solo un testimonial de lo vivido en tres intensos días de brasa y amistad.

Un festival trascendente.
Hay para quienes la gloria es el dinero, para otros es conseguir aquello que alguna vez fue ilusión, y hay quien la encuentran al trascender en otros. Porque el humano es un reflejo de su semejante y una manifestación eterna del universo que está en permanente construcción y destrucción. Entropía divina o fugaz destino: las personas existen solo a través de los recuerdos de quienes deciden mantenerles en la memoria, y cuando así se entiende la trascendencia cualquier triunfo material es solo un camino para construir nuevos puentes entre personas, necesidades, intenciones, carencias y oportunidades. El Festival de la Carne Asada me recordó que aún existen personas con la suficiente humanidad que hacen del dinero un medio para conseguir propósitos más allá de lo mundano, en este caso a través de un concurso que convoca a Coahuila, Nuevo León y Texas con el único fin de convivir, reunir recursos para una noble causa y disminuir los sesgos de cientos de familias cuyos recursos son distintos a los de quienes participan.
Son dos días de intensidad que transforman al muy coahuilense poblado de Sabinas en un epicentro de carne asada, vinos, jueces de relevancia nacional e internacional, y 50 equipos que transmutan unos metros de superficie en un espacio de ensueño donde cocinan juntos familias, parejas, amigos y compadres, y someten a prueba los conocimientos adquiridos después de muchos meses de preparación e inversión económica. El humo que se respira no es solo de brasa, es de emoción, deseo de triunfo, diversión y satisfacción de competir por la belleza de hacerlo. Libertad al máximo.
Como juez puedo testificar que es uno de los certámenes mejor organizados, planeados y diseñados que he vivido en mis muchos años evaluando; está mejor pensado que mucho concursos profesionales de fama mundial, y la evaluación es tan intensa y tan bien conducida que las casi cuatro horas que dura se pasan sin saberlo. Máximo respeto para el comité organizador oriundo de la región cuyos valores los hacen extraordinarios seres humanos; para la entrañable Paty Lomelí quien tiene a su cargo la complejísima labor de coordinar a más de 20 jueces cuyas personalidades e intensidades propias de la profesión quedan de manifiesto desde el momento en que nos reunimos, pero que con carácter propio de las mujeres norestenses conduce de una forma extraordinaria; y en general para los concursantes que dejan muchos meses de su vida para vivir dos días de estrés, diversión, sana competitividad y un festival que da ganas vivirlo desde todos los ángulos posibles. Ahora sé en carne propia que no es gratuito el reconocimiento como uno de los mejores festivales del mundo otorgado en FITUR 2025. Eterno agradecimiento por hacerme parte, lo guardaré en mi memoria por siempre.
Amistades al carbón.
Aún me es difícil expresar con palabras la emoción que sentí de ver a tanta gente conocida, querida y admirada en el mismo lugar. Es como si hubieran puesto mi historia con el noreste desde 2011 cuando empecé a viajar al menos una vez al año para allá, y que luego en 2013 se convirtiera en residencia por casi tres años. Me remito a nombrarles y siento mucho si me pierdo alguno o alguna, pero a todos los quiero por igual: Abdiel Cervantes, Toño Márquez, Weber, a los Rivera Río (Pato, Rodrigo y Daniel), Patty Roccatti y su entrañable esposo, Juan Arroyo, Toño Garza, Garo Castro, Marylu Gidi, Jaime Cavazos, Hugo Sandoval, Willy García y otros muchos y muchas que acabo de conocer, pero que me llenan el corazón. A ustedes gracias por regalarme muchísimas risas y aprendizajes. Créanme que conmigo ya trascendieron porque los llevo tatuados en la memoria hasta mi muerte. Arriba el norte.
*Chef e investigador gastronómico mexicano. Fundador de CIGMexico y del Sexto Sabor. Formador de 2,500 profesionales en 12 años de carrera. Sígueme en instagram@laloplascencia