Compartir

Ernesto LUMBRERAS*

Ciudad Juárez, Chihuahua, 6 de octubre de 2025

Buenas noches amigas y amigos.

Vengo a Ciudad Juárez, el Paso del Norte recreado por Juan Rulfo en unos de sus relatos de El Llano en llamas para recibir un premio que, por una parte, ilumina, trae al presente, invita a la lectura y a la relectura del legado literario de Ignacio Solares, un juarense universal que dejó una estela novelística y teatral de alto vuelo y gran calado donde la literatura exige cuentas y cuentos a la historia. La verdad imaginada de un suceso o del relato en torno de una figura histórica que reclama una ineludible documentación para internarse en el territorio libérrimo de la literatura.  Pero también este reconocimiento que lleva el nombre del autor de Madero, el otro, incentiva a las y a los escritores mexicanos a leer nuestra historia no como un archivo muerto, cerrado e inobjetable. Me gusta afirmar que la rima entre historia y memoria no es del todo circunstancial; en esa consonancia entreveo claves —invitaciones tentadoras como imperiosas— para internarnos por rutas inexploradas de nuestro pasado —senderos de cabras a veces— que nos llevarán al centro de encrucijadas de la Historia con mayúscula y de  la historia con una hache de demasiado humano.

Agradezco a los dictaminadores del premio que leyeron con simpatía mi novela Vals para para lobos y pastor (ERA, 2024). Los escritores Francia Perales e Hiram Ruvalcaba y la narradora Lola Ancira son los responsables de que hoy me encuentre aquí, conmovido de que mi historia en torno del asesinato de un pastor protestante ocurrida hace 150 años en Ahualulco de Mercado, Jalisco, mi pueblo natal, interese a los lectores del presente. Ese trágico suceso fue el dato rotundo anotado por la historia. Ése suceso sería también el final ineludible de mi novela. ¿Qué hacer con la parte de vida del joven galés de 27 años que vendría a un cumplir en tierras mexicanas su destino de mártir? La infancia y la juventud de John Stephens, que no documentó el historiador, quedaron entonces en el dominio del novelista.

Con ese campo abierto a la ficción soñé una novela de aventuras y de viaje, una novela de iniciación, un western literario donde el realismo y lo fantástico confundían sus territorios y sus leyes. Pero también, en el círculo más inmediato, el de mis coterráneos que desconocían en su gran mayoría esta historia aberrante, me propuse humildemente un ritual de expiación pública respecto del linchamiento atroz de hace siglo y medio, una larga oración que ayudara a encontrar reposo a el alma del pastor Stephens, nuestro fantasma que entona en la madrugada pueblerina canciones galesas que conmueven a los lobos de sí mismos, a los malvados con pieles de cordero, canciones futuras que una noche de insomnio calcinante consolarían al hombre, al pájaro y a la bestia..

 

*Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) *De la inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos y un fotógrafo de Colombia de Ernesto Lumbreras, edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México publicada en este 2021.Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. lumbrerasba@yahoo.es

Compartir