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Ernesto LUMBRERAS*

 GUADALAJARA, GDL.-En la bibliografía sabiniana uno de los libros que se aleja del paisaje de lo cotidiano, territorio por excelencia de su poética vitalista, es Adán y Eva, la tercera erupción del volcán chiapaneco que iniciaría sus labores ígneas y telúricas con Horal en 1950 y La señal en 1951. Por mucho tiempo, esta visita al paraíso —escrita en 1952— no tuvo difusión más allá del círculo de los conocidos del poeta; por eso, cuando apareció como una sección de Recuento de poemas de 1962 sorprendió gratamente a varios de sus lectores. Por ejemplo, Tomás Segovia no se contuvo en lo absoluto para elogiar al poeta y a este libro doblemente adánico en particular:

El libro Adán y Eva (del que yo no conocía nada), por ejemplo, es una prueba evidente del oficio de Sabines, y nos demuestra que no hay nada o casi nada en su escritura abandonado de veras a la improvisación. Mejor aún: nos hace fijarnos en ciertos procedimientos en los que quizá a primera vista no poníamos bastante atención, y en lo que ahora vemos una intención bien definida. No recuerdo que gran poeta dijo que la maestría de un poeta se ve en su prosa. Adán y Eva es un libro de magnífica prosa, y es además un libro luminoso y vivo. En él se dibuja del modo más expresivo uno de los rostros que para Sabines tiene el amor, tema constante de su obra.

 

El poeta que afirmaba tal dictum era, ni más ni menos, que Charles Baudelaire, poeta en el verso y en la prosa. Se suele fechar este libro como publicado en 1952 cuando en realidad su aparición data del primer cuatrimestre de 1954 pues apareció en la revista Ateneo Chiapas en dicho periodo. Allí está el poema casi en su versión definitiva. Sólo hay un cambio significativo en su ordenamiento, el cual, curiosamente en la última edición de Nuevo recuento de poemas recuperó la versión original publicado en la revista. En mi edición de Lecturas Mexicanas de 1986, el fragmento II comienza con “—¿Has visto cómo crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua, es el agua la que germina, sube al sol” mientras el fragmento III inicia: “La noche que fue ayer fue de magia. En la noche hay tambores, y los animales duermen con el olfato abierto como un ojos”. En realidad es un reordenamiento que a mi parecer no tiene ninguna afectación a la narrativa del poema o a otra tipo de expectativa respecto de su composición.

En algún momento, el versátil Daniel González Dueñas hizo un guion de este poema con la tentativa de filmar un cortometraje. En días pasados, en la Ciudad de México, el coreógrafo Marco Antonio Silva lo llevó a la escena dancística.

 

*Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) *De la inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos y un fotógrafo de Colombia de Ernesto Lumbreras, edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México publicada en este 2021.Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. lumbrerasba@yahoo.es

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