Fotografías: Cortesía
Karla MARTINEZ DE AGUILAR
Hay historias que se sienten como propias y así suceden con la de Adriana Macías. Su vida no es únicamente la de una mujer que aprendió a vivir sin brazos, sino la de alguien que decidió, desde muy temprano, abrazar la vida con una fuerza que desarma cualquier prejuicio. Su ejemplo no busca causar lástima, sino conexión; no exige admiración, pero inevitablemente la provoca.
Desde niña, Adriana vio y entendió el mundo desde un lugar distinto, uno donde los límites no estaban en el cuerpo, sino en la manera de mirar la vida. Con el apoyo de su familia y una determinación silenciosa, pero poderosa, convirtió lo que muchos verían como una barrera en una forma distinta -y profundamente valiosa- de existir, de crear, de amar.
Hoy, como conferencista, escritora y abogada, su voz resuena en miles de personas que encuentran en ella un espejo honesto de lucha, de caídas y de reconstrucción porque ella no habla desde la perfección, sino desde la vulnerabilidad que transforma y desde la vida que se enfrenta.

Adriana, ¿de dónde eres y cómo recuerdas tu infancia?
Soy de Guadalajara y, la verdad, cuando pienso en mi infancia, lo primero que me viene al corazón es que fui muy feliz. En ese momento no tenía conciencia del gran reto que significaba vivir con una discapacidad y menos por cuando eres niño, no cuestionas tanto el ver algo o alguien distinto a ti; vivíamos con menos información, pero también con más libertad.
Hoy, cuando veo tantos casos de bullying, me hace reflexionar mucho porque mi historia fue distinta. Tuve una hermana maravillosa que siempre jugó conmigo y que nunca vio una limitación en mí y al contrario, me invitaba a hacer todo con ella, con esa inocencia hermosa de la infancia que no juzga ni etiqueta. Nunca pensó “no puede”, simplemente vivíamos y eso hizo que mi niñez fuera realmente ligera, dulce, como una etapa donde todo era posible. Lo difícil vino después, cuando la conciencia llegó y con ella, los cuestionamientos más profundos.
¿Qué papel jugó tu familia en la construcción de tu independencia?
Un papel absolutamente determinante. Mis papás fueron -y siguen siendo- personas profundamente amorosas, pero también increíblemente valientes.
En una época donde la discapacidad se ocultaba, donde era casi un tema prohibido, ellos decidieron algo muy distinto: darme la oportunidad de descubrir de lo que era capaz. No me sobreprotegieron y eso fue un acto de amor enorme.
Resistieron ese impulso natural de hacer las cosas por mí, incluso cuando seguramente sentían miedo. Me dejaron intentar, equivocarme, frustrarme, pero también descubrirme y eso construyó en mí algo muy valioso: la confianza.
Esa confianza no llegó de un día para otro. Fue creciendo conmigo, paso a paso, error tras error y hoy, cuando hablo en mis conferencias sobre la incertidumbre, hablo desde ahí: desde entender que no hay que eliminarla, sino aprender a caminar con ella. Eso, sin duda, lo aprendí viendo a mis papás.
Has roto muchos paradigmas sobre la discapacidad. ¿Cómo asumes ese papel?
Con mucha gratitud, pero también con mucha responsabilidad emocional. No me gusta pensar que estoy aquí para demostrar algo, porque la vida ya es suficientemente compleja como para cargar con esa presión.
Más bien, me gusta pensar que mi historia puede servir como un espejo, para que quien me escuche y lea, no vea “una historia extraordinaria”, sino que pueda reconocerse en sus propias batallas porque todos estamos luchando con algo, todos estamos cargando algo.
Si al escucharme alguien puede respirar más profundo, recuperar un poco de esperanza o simplemente sentir “sí se puede”, entonces todo tiene sentido.
¿Cómo ha sido ese proceso interno de aceptación y crecimiento?
Ha sido un camino largo y lo sigue siendo. Creo que especialmente las mujeres vivimos en una constante autoevaluación: nos miramos, nos cuestionamos, nos exigimos diariamente.
Ahora, imagina eso en un cuerpo que socialmente no encaja en lo “esperado”. Claro que ha habido momentos muy duros, momentos de duda, de dolor, de sentir que todo cuesta más, pero también ha sido un camino profundamente transformador.
El arte ha sido mi refugio. Ahí he podido sacar todo: lo oscuro, lo luminoso, lo que no se puede decir con palabras. Pintar, crear y expresar ha sido una forma de sanar, y también de entender que incluso en los momentos más difíciles, hay algo hermoso que se puede construir.

¿Cómo defines hoy lo que es importante en tu vida?
He aprendido a diseñar mi propio concepto de lo importante: ¿Qué es para mí lo valioso?, ¿qué es para mí lo importante?
Hace poco leía una frase que me encantó: confundimos lo grande con lo grandioso y también lo importante con lo valioso. Para algunas personas, lo más importante será tener una empresa multimillonaria; para mí, hoy, lo importante es mi círculo más pequeño: mi hija, mis padres, mi hermana. Ese círculo que me ha permitido ser quien soy. Después de ellos, entonces todo tiene sentido.
Creo que cuando tenemos claro hacia dónde vamos, qué queremos construir, qué es el éxito y la felicidad para nosotros, sin dejarnos deslumbrar por lo que vemos en redes sociales, vamos por buen camino.
¿Qué buscas enseñarle a tu hija?
Que ella forje sus propios valores a través del ejemplo, pero hay uno en el que hago mucho hincapié: que entienda que cada cosa que hacemos es para ahorrarle tiempo. Le contaba que mi madre tomó un avión por primera vez hasta que ya trabajaba. Yo viajé en primera clase después de cinco años trabajando y para mí fue un logro enorme. Mi hija viajó conmigo en primera clase cuando tenía unos siete años y hoy que tiene diez le dije: Mira todo el tiempo que ya te ahorraste, todos esos años de ventaja que le llevas a tu abuela y a mí. ¿Qué vas a hacer con ellos? Le dije: Aprovéchalos en algo valioso, en disfrutar, en aprender.
También le expliqué todo lo que sus abuelos sacrificaron para que yo pudiera estudiar y lo que yo sacrifiqué para lograrlo. Entonces, hoy que ella tiene ese tiempo y ese apoyo, le insisto que lo goce y que lo aproveche en algo verdaderamente valioso.
¿Cómo te mantienes con los pies en la tierra?
Cuando te das cuenta que lloras igual, sufres igual, te desprecian igual y te enfermas igual que las demás personas, y sobre todo, cuando sabes lo que realmente vale cada cosa que haces diario gracias a tu cuerpo y valoras el amor que te dan quienes te rodean.
Cuando alguien me dice que después de una conferencia se reconciliará con su madre, o que recuperó la esperanza, eso me recuerda por qué hago lo que hago. Recuerdo a una mujer que había sido atacada y que, tras escucharme, recuperó la fe y las ganas de seguir adelante.
Ahí entendí que, aunque no tengo brazos, lo que hago es abrazar, apapachar, escuchar, cumplir con mi misión de ser útil, que era mi sueño más grande.

¿Has visto avances en México hacia una sociedad más inclusiva?
Sí, México siempre está en la disposición de hacer cambios. Yo creo que, para que esos cambios continúen, nosotros, las personas con discapacidad, también tenemos que sumar.
Después del 8M, a mí me generó muchos sentimientos encontrados ver que muchas mujeres salieron a limpiar todo lo que otras habían grafiteado, a barrer los cristales que otras rompieron y a limpiar en general para dejar todo como antes estaba. Uno de esos sentimientos fue de conflicto porque esa también es nuestra lucha, esa es la voz que queremos que se escuche, aunque a veces se exprese de una manera equivocada.
Creo que las personas con discapacidad estamos en una línea muy fina, muy delgada, en la que tenemos que saber aprovechar esa oportunidad de ser escuchados y la mejor manera de hacerlo es tener también la disposición de dar, de preguntarnos en dónde podemos aportar, en dónde podemos apoyar, de qué manera podemos ser parte de esta fuerza que necesita el país para salir adelante.
Debemos ser empáticos para construir inteligencia emocional. Cuando aprendemos a observar la vida de los demás, no desde lo que nos hicieron, sino desde lo que están viviendo para actuar como lo hacen, cambia completamente la perspectiva. Y eso, para mí, es fundamental.
¿Cómo redefinirías la idea de limitación?
Yo creo que todos tenemos muchas limitaciones y estas están donde nosotros decidimos verlas y colocarlas. A veces, esas mismas limitaciones pueden convertirse en la motivación que nos impulse a encontrar una segunda opción, a abrir otro camino, a ser creativos y a construir un nuevo horizonte, no solo para nosotros, sino también para los demás.
¿Qué sigue en tu camino profesional y personal?
El chelo, por ejemplo, es algo que traigo trabajando a marchas forzadas y perfeccionándolo cada vez más y cada vez que tengo la oportunidad de subirlo al escenario, me siento la mujer más feliz del mundo.
Por otro lado, dar conferencias en inglés. Estoy practicando y recordando mis propias palabras sobre la confianza para atreverme a hacerlo.
En general, sigo aprendiendo ambas cosas y aunque me queda muchísimo camino por recorrer, estoy animada y con ganas de continuar atreviéndome a hacer cosas, además mi hija apenas tiene diez años así que imagínate todo lo que nos falta vivir.
¿Qué significa la felicidad para ti?
Es algo que construimos todos los días, que sucede por instantes y que tenemos que aprender a disfrutar. Para mí es como esa cucharadita de azúcar que le ponemos al café: es ese pequeño momento que saboreamos.
Detrás de ella, hay todo un proceso: sembrar la semilla, cuidar el grano, tostarlo, llevarlo a la cafetera para tener ese espresso. Y aunque los expertos digan que no hace falta azúcar porque el grano ya tiene sus propios matices, la realidad es que la felicidad es así: es al gusto de cada quien, es lo que a cada uno le llena el alma.
¿Recuerdas algún momento que haya marcado un antes y un después en tu vida?
¡Sí, claro! Siempre comparto que en mi primera depresión decidí aprender a pintar; en la segunda, diseñé ropa; en la tercera, escribí libros -ya llevamos cuatro-; y en la cuarta, la más reciente, empecé a tocar el chelo.
Cada vez que atravieso un momento difícil, me refugio en el arte. Es mi manera de desahogarme y de construir algo que pueda servirle a alguien más.
Esta última depresión ha sido la más dura: separarme del papá de mi hija después de 15 años, construir una familia distinta y empezar de cero en muchos sentidos como con una niña de tres años en medio de una pandemia. Y, sin embargo, el chelo llegó a enseñarme algo que no había construido antes: el amor propio.

¿Qué estereotipos sobre la discapacidad te interesa romper?
Uno de los que más me gusta romper es esa idea que somos ángeles que lo merecen todo y que nunca fallan; no es cierto. Las personas con discapacidad también tenemos limitaciones emocionales, errores, tropiezos y es muy importante que quienes nos aman también nos aterricen, que nos digan las cosas como son.
Muchas veces, por querer protegernos, terminan creando una barrera más y creo que lo más importante para romper ese estereotipo es la sinceridad genuina.
¿Quién es Adriana Macías hoy?
Una mujer profundamente enamorada de la vida y de este cuerpo que me tocó. He entendido que, desde aquí, he podido construir cosas muy valiosas.
También aprendí que el amor propio no llega solo por habitar un cuerpo, sino que se construye todos los días y lo que más me gusta es compartir que sí es posible construir una relación de amor con uno mismo, dejar a un lado los miedos y crear eso que soñamos, tal como somos o encontrando nuevos caminos con creatividad.
¿Cuáles son tus gustos culposos?
Comer, comer y comer. Con mi hija tenemos nuestros “días de chicas” y siempre le pregunto ¿qué postre nos vamos a comer hoy? Claro, tengo que cuidar mucho el azúcar por mi cuerpo, por mi elasticidad, por todo lo que hago además que a los 47 años no es lo mismo que a los 15, pero la verdad es que soy una apasionada de los tacos, de los postres, de la comida mexicana.
Tres influencias clave en tu vida
Sin duda, mi familia, que ha sido la base de todo lo que soy; José Luis Vieira, que ha sido un maestro de vida y quien impulsó mi camino como conferencista; y el arte, que para mí es un motor, un refugio y una forma de expresión constante.
¿Qué viene para ti y qué impacto quieres seguir generando?
Viene en puerta un nuevo libro y también estoy por lanzar una línea de pulseras que tienen un significado muy especial para mí; siempre llevo pulseras que me conectan con momentos o personas como la que llevo en estos momentos que la hizo mi hija y tiene las iniciales de personas muy importantes en mi vida.
Por otra parte, sigo impulsando el chelo y buscando colaboraciones musicales porque me encanta la idea de crear con otros.
¿Volverías a vivir tu vida?
Sí, sin duda, con todo lo que ha dolido y con todo lo que he gozado porque no habría podido disfrutarlo igual sin haber pasado por ese dolor completo.
FB: adriana_macias_oficial
IG: AdrianaMaciasOficial









