- Heraclio Bonilla Gutiérrez
¿Hace cuántos años que Oaxaca tuvo al último gobernador con compromiso social? Sigo los acontecimientos políticos de nuestro Estado desde que Heladio Ramírez López llegó a la gubernatura; carezco de información directa de quienes fueron sus antecesores en el cargo, así que hablaré de lo que me consta.
Hace treinta y cuatro años que Heladio, el de la voz llorosa (estudiada desde luego), a través de sus personeros, hizo que en las comunidades apartadas se refirieran a él como El Juaritos o El Hermano Mayor, para satisfacer sus muchos traumas, pero que ni remotamente podía parecerse al Coloso de Guelatao, mucho menos representar la figura cuasi paternal de hermano mayor.
Desde entonces (ignoro si antes también fue así), los gobernadores han sido más o menos lo mismo: bandidos, arbitrarios, abusivos, ignorantes, incompetentes, insensibles a las necesidades sociales, etcétera.
Sus conductas personales permearon las pobres mentes de sus colaboradores, creando de esa forma, verdaderas hordas en cada administración, y la conducta de esas manadas, también permeó en la sociedad, sobre todo en aquellos que de alguna manera se sentían cercanos al poder.
Desde entonces, solo Gallino puede ser considerado como político local, todos los demás fueron impuestos desde el centro del poder federal, tal vez por ello, Gallino y su horda, aprovecharon para saquear el erario estatal, pensando que todo volvería a ser como antes y que ésta sería su única oportunidad de salir de la pobreza, pues aunque bien disimulada, todos sabemos que traían la cartera vacía.
Este comportamiento, normalizado durante tantas décadas, creó una cultura de la ilegalidad expresada de mil maneras, algunas insignificantes como colocar objetos para “apartar lugar” en la calle frente a su casa, pensando que esa fracción de calle es de su propiedad, comportamiento que aprendieron de los “políticos” que al llegar a un restaurante o comercio, estacionaban sus vehículos y los de sus escoltas sobre la banqueta o en doble fila, sin importar la molestia que causan a la ciudadanía que prefiere incluso, meter reversa que enfrentar a los gorilas que de inmediato amenazan con sus armas; otra expresión de esa cultura de la ilegalidad, es robar camiones del transporte público (robo de uso) para cerrar avenidas y presionar a alguna dependencia del gobierno para que acceda a sus ilegales peticiones, comportamiento que también aprendieron de esos “políticos” que cuando asisten a un evento, cierran calles para que puedan cómodamente descender de sus vehículos y al regresar, encontrarlos donde los dejaron, a pesar de tener choferes que bien pueden dejarlos y volver por ellos cuando los llamen, pero, ¿cómo un personaje tan importante tiene que esperar a que pasen por él, si bien puede ordenar el cierre de calles?
Así, podemos seguir enumerando infinidad de ejemplos de esa cultura de la ilegalidad, pero me parece innecesario porque todos, en algún momento, hemos sufrido las consecuencias, lo mismo de la actitud de los “políticos” que de aquellos que siguen su ejemplo porque así sienten que son igual de poderosos que aquellos.
Hoy vemos como el gobierno federal se encuentra en una etapa de combate a esa cultura, a cambio, un sector de la población, minoritario por fortuna, sale a las calles a manifestarse en contra de “un gobierno que no da una; que es de puros viejitos; que no tiene un plan nacional de seguridad o el que tiene ya demostró su ineficacia; que saluda a la mamá del chapo; que pone el mal ejemplo de no usar cubre bocas; que ha convertido al ejército en una constructora;” etcétera.
Ese sector minoritario, está integrado en su inmensa mayoría, por personas que irónicamente, fueron y son víctimas de los ejecutantes de esa política corrupta, pero que se adaptaron muy bien a ella, aunque no obtuvieron beneficios, se identifican más con aquellos que con el cambio; no los culpo porque los entiendo: aquella “política”, les permitió celebrar el pase a finales de la selección nacional de futbol, y ¿cómo olvidar la memorable ocasión en que causaron destrozos al patrimonio nacional y se orinaron en pleno Paseo de la Reforma, frente a los policías sin que fueran detenidos? ¡Eso sí que era libertad!
México tiene la oportunidad de iniciar una ruta al progreso, nos necesita a todos, porque todos tenemos algo que aportar al bien de la patria, pero es requisito indispensable que lo entendamos. La mala semilla da árboles de frutos malos, la fruta podrida debe ser separada de la buena, no es difícil entenderlo.
No necesitamos dedicarnos a la política para hacer algo bueno por México, desde nuestra ocupación ordinaria podemos aportar lo mejor de nosotros, pero debemos comprometernos con el progreso; una forma de contribuir es denunciar en redes sociales a los corruptos, no importa que traigan playera de MORENA, recuerda que muchos de los que llegaron, son impostores.
CHINUNI (PILÓN EN MIXTECO): Evitar que un priísta, panista o perredista, sea purificado por la 4T, es otra manera de hacer algo positivo por México.








