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Milka IBÁÑEZ*

CDMX.- ¿No les ha pasado que van por la calle y se pierden en una persona, en un pensamiento, la mente queda casi en blanco y surge una canción que pareciera que  alguien colocó en su línea de vida, como por arte de magia? Pues algo así es lo que podemos observar en esta entrañable serie, donde la música es un personaje principal y no solo un acompañamiento que refuerza un momento de la historia.

Zoey’s Extraordinary Playlist es la historia de Zoey, una joven que trabaja en una empresa tipo Google, un día mientras se encuentra dentro de una máquina de tomografía, es sorprendida por un terremoto. Este evento pareciera mezclar la música que escucha el técnico con ella. Al salir a la calle, de la nada, la gente comienza a interactuar con Zoey de una manera peculiar: le cantan, bailan, y no cualquier baile, sino coreografías tipo flash mob, dignas de Bob Fosse. Es ahí cuando Zoey se da cuenta de que ha adquirido un “poder”: escuchar los sentimientos de las personas, pero a través de la música. Y con este don viene una gran responsabilidad, porque ahora tiene la obligación de hacer algo para ayudar a esas almas musicales en pena.

Sí, a mucha gente le molestan los musicales, pero este no es uno cualquiera. Es un musical muy bien hecho: las canciones se integran de manera orgánica a la escena, no se sienten forzadas ni colocadas por obligación. Incluso comienzan y terminan en un mismo trazo visual, lo cual demuestra un trabajo hermoso de manejo de cámara. Los planos secuencia están en perfecta coordinación con el entorno y los actores, desde la coreografía más íntima y pequeña hasta las escenas más grandes, llenas de extras.

Debo aceptar que me tiene asombrada el trabajo que debieron realizar con los actores. Si bien la actriz protagónica, Jane Levy, sorprende con su manejo corporal, sus gestos y, conforme avanzan los capítulos, con su canto, no hay un solo actor que falle. Se percibe un minucioso trabajo de ensayos, de control del cuerpo y de interpretación; incluso el papel más pequeño resalta de manera maravillosa.

El diseño de producción, el arte y el vestuario, no solo cumple con la idea de “qué lindo se ve”, sino que interactúa con la música, con los desplazamientos y con la construcción de cada personaje. Cada uno tiene su propio estilo, con colores que remiten a sus emociones y a su personalidad.

Y si ustedes son como yo, son esas personas a las que de pronto les agarra un soundtrack mental y van por la calle tarareando canciones que conviven en su playlist, desde reguetón hasta música clásica, esta es su serie. La variedad musical va desde pop hasta ritmos latinos, canciones clásicas y otras no tanto, pero todas encajan de manera espectacular con la historia. Algunas no son literales al momento que se vive en pantalla, sino metáforas, lo cual me encanta, porque obligan al espectador a sentir la escena, no solo a verla y escucharla. Tan es así que incluso hay una canción adaptada de manera brutal al lenguaje de señas, demostrando que los montajes son tan impecables que pueden vibrar incluso sin sonido.

Si bien la historia ha sido catalogada como comedia, viaja por la vida y por temas profundos: lo difícil que puede ser perder a alguien y verlo desvanecerse poco a poco en “silencio”, lo complicado que resulta querer a una persona cuando sus vidas no están en la misma frecuencia, cuando la ansiedad irrumpe y sacude la existencia, pero también cuando, dentro del caos, se encuentra la luz y se disfruta la vida con una extraordinaria playlist.

Así que, si quieren quedarse con el corazón bonito, ponerse a cantar y, por qué no, mover el cuerpo mientras ven una serie, no se pierdan esta joyita. Zoey’s Extraordinary Playlist, muy nominada en los Emmy y los Golden Globes, viene calada y garantizada. Actualmente está disponible en la plataforma Netflix.

 

*Comunicación y Relaciones Públicas. Directora General 24 Risas por Segundo, Festival de Cine y Comedia.

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