- Por Antonio Fourzan.
Reducir los efectos negativos del cambio climático es uno de los grandes retos del siglo XXI a nivel global. Es menester, para enfrentar con éxito este reto, que los habitantes del planeta conozcan de qué se trata este fenómeno, cuáles son sus consecuencias, qué lo ocasiona y cómo se puede ayudar a mitigar sus impactos. Sin embargo, en la mayoría de los países, no existe una cultura ambiental, por tanto, la gente desconoce el tema y no sabe cómo puede contribuir en favor del planeta.
El Cambio climático se manifiesta en “aumentos de la temperatura atmosférica y oceánica, cambios en los patrones de precipitaciones, decrecimiento de los volúmenes de hielo y nieve, un incremento del nivel del mar y modificaciones de los patrones de fenómenos climáticos extremos.” (1) La emisión de gases de efecto invernadero (GEI) es la principal causas de este fenómeno; pero alguien podría preguntar: ¿cuáles son los gases de efecto invernadero? Bueno, pues son los gases que se desprenden a la atmósfera por el uso de combustibles fósiles con altas emisiones de carbono, como por ejemplo, el combustóleo, que se usa en las refinerías y en las plantas de la CFE para producir energía eléctrica; la gasolina y el diésel que usan los vehículos de motor, entre las fuentes que generan mayor contaminación, sin embargo, también hay otras formas de contaminación que no son tan conocidas, como la cría de ganado, que en primer término, provoca deforestación de grandes extensiones de tierra, para que el ganado pueda pastar y segundo, el alto volumen de excremento de los animales, que genera metano, un gas muy nocivo y contaminante, es el mismo caso en las granjas de producción de pollo y huevo, en las que desde luego, no hay el problema de la deforestación, pero sí, el del excremento, además, en ambos casos, se da un consumo de grandes volúmenes de agua para las aves y ganado y también para la limpieza de granjas y establos.
Podría seguir mencionando una gran variedad de fuentes de contaminación, pero el problema de fondo está en el modelo de producción y en nuestros patrones de consumo, que juntos forman una economía lineal, que produce para consumir y desechar. En un estudio realizado por la CEPAL, se muestra como el aumento de ingresos en los hogares de América Latina y el Caribe, se traduce en la compra de bienes suntuarios como equipo electrónico (pantallas, celulares, computadoras) y automóviles, lo cual incrementa el consumo de energía y el uso de combustibles fósiles. Desde otra perspectiva, la ecuación público – privado se carga hacia lo privado, por ejemplo, al adquirir un vehículo se deja de usar el transporte público.
Viendo las cosas a este nivel, se antoja muy complicado que un ciudadano, en lo individual, pueda contribuir a la mitigación de los efectos negativos del cambio climático, sin embargo, no hay que perder de vista que la suma de miles, o mejor aún, de cientos de miles de acciones individuales generan una externalidad de alcance nacional o internacional. La economía local es un excelente nivel para empezar a construir las transformaciones estructurales, a fin de cambiar la economía lineal por una circular, en la que, en vez de desechar, se recicle. Las administraciones municipales, como el nivel de gobierno más cercano a la ciudadanía, tienen la oportunidad y, diría yo, la obligación, de iniciar el cambio para hacer de los núcleos urbanos, espacios sostenibles con base en reglamentaciones y modificaciones institucionales, incentivos económicos y nuevas tecnologías, lo anterior acompañado de una política social contundente para crear oportunidades de trabajo, educación, esparcimiento, etc, así como también, condiciones de igualdad. En cuanto a la infraestructura nueva, garantizar que sea resilente y la infraestructura ya existente, hacer las mejoras que se requieran para que así sea.
En lo individual, ¿cómo podemos aportar nuestro granito de arena para reducir los efectos negativos del cambio climático? Son 5 líneas de acción que podemos implementar en nuestra vida diaria: 1) aplicar la cultura de las “3 R”: reciclar, reusar y reducir, con el objetivo de llegar a la meta de basura 0; por ejemplo, los residuos orgánicos se pueden reciclar para elaborar composta, que sirve como abono para la tierra; el cartón, pet, latas de aluminio, etc. se pueden llevar a vender a los centros de acopio, los envases de vidrio se pueden reusar para guardar agua, salsa, etc. y lo que es difícil de reciclar, como el plástico, hay que reducir lo más posible su consumo. 2) evitar generar emisiones de carbono en los traslados, es decir, reducir el uso del vehículo y procurar moverse en bicicleta o cualquier otro medio que no utilice combustible fósil, o en transporte público. 3) hacer un uso responsable del agua y 4) evitar descargas de aguas negras en el drenaje, utilizando baños secos. 5) ahorrar energía en casa: evitar dejar la luz prendida en lugares vacíos y dejar conectados aparatos eléctricos que no se están ocupando.
En conclusión, el gobierno municipal y la ciudadanía deben construir una alianza en la que ambos sean corresponsables de transformar las ciudades en espacios sostenibles en los que la inclusión sea el eje transversal de todos los cambios, que bajo el liderazgo del municipio, se definan las prioridades y se diseñen las estrategias, que con la colaboración de la sociedad civil organizada, se implementen y se evalúen para identificar con oportunidad si hay desviaciones y, en su caso, se corrijan para poder tener mejores condiciones de vida y dejar a las futuras generaciones recursos naturales y un hermoso planeta.
(1) La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe. CEPAL
Antonio.faz2018@gmail.com








