Montserrat PORRAS*
Febrero siempre me ha parecido un mes engañoso. Todo habla de amor, pero casi nadie habla de lo que viene después. De ese momento silencioso en el que el entusiasmo se sienta a conversar con la realidad. Con motivo de este mes —tan cargado de promesas— quiero hablar de una forma distinta de amar: la que se traduce en decisiones compartidas, en inversiones en pareja, en elegir un hogar donde la vida pueda quedarse.

Recuerdo la primera vez que esa pregunta apareció, sin avisar:
¿Y si compramos algo nuestro?
No llegó como una certeza, sino como una duda suave. No fue emoción desbordada, fue una mezcla extraña de ilusión y vértigo. Comprar una casa —o un departamento— no se parecía en nada a decir “te quiero”. Era otra cosa. Más profunda. Más silenciosa. Más definitiva.
Porque cuando una pareja habla de comprar, ya no habla solo de amor. Habla de tiempo, de esfuerzo, de futuro.
Comprar un hogar juntos no es un acto impulsivo. Es un acto de madurez emocional.
Es aceptar que el amor también se manifiesta cuando uno se sienta a hacer cuentas, a comparar opciones, a preguntarse si ese lugar alcanzará para los días buenos… y para los difíciles.
El primer inmueble casi nunca es perfecto. Pero suele ser honesto. Tiene el tamaño justo para la etapa que se vive, la ubicación que permite llegar a tiempo a casa, la luz que entra por la mañana cuando la vida empieza.
Hay algo profundamente íntimo en elegir un espacio.
No se elige solo una dirección; se elige un ritmo.
Se elige cuánto tiempo pasaremos en traslados, qué tan cerca estaremos de lo que nos importa, qué tan fácil será la vida cotidiana.
También recuerdo lo incómodo que fue hablar de dinero.
No por falta de confianza, sino porque el dinero desnuda expectativas, miedos, historias personales. Sin embargo, fue ahí donde entendí algo importante: cuando una pareja puede hablar de finanzas con respeto y calma, está construyendo algo más que un patrimonio. Está construyendo estabilidad emocional.
Los créditos, los contratos, lo legal… todo eso que parece frío, en realidad protege.
Protege el esfuerzo, la relación, el proyecto compartido. Asesorarse, preguntar, entender cada paso no rompe la magia; la sostiene.
El amor no se cuida solo con palabras bonitas. También se cuida con decisiones bien informadas.
Y cuando llega el momento de buscar ese primer hogar, contar con orientación inmobiliaria sensible y profesional puede marcar la diferencia entre una decisión apresurada y un comienzo sereno.
Al final, el amor verdadero no solo se celebra.
Se piensa. Se planea. Se habita.

*Oaxaqueña, mamá de dos hijos que me enseñan nuevas formas de ver la vida y compañera de cuatro hermosos shitzus que llenan mi hogar de alegría. Amante del buen comer, del running y el cycle. Con más de 18 años de experiencia en el sector, soy socia fundadora de Allegra Casa Inmobiliaria, empresa dedicada a brindar asesoría integral, confianza y profesionalismo a quienes buscan invertir, vender o comprar una propiedad.







