Compartir

UN CARDENAL DE ALTURA: EL JALISCIENSE QUE PODRÍA SER PAPA

Por Mariana Navarro

GUADALAJARA, Jalisco.- En las montañas que abrazan el corazón de Jalisco, nació un 2 de marzo de 1949, en el apacible pueblo de Mascota, un niño cuyo destino, trazado quizás por la pluma divina, lo conduciría a las cúpulas más elevadas de la Iglesia Católica. Su nombre: José Francisco Robles Ortega, varón de letras y de fe, quien ha consagrado su vida entera a la servidumbre del Altísimo.

Su travesía no fue improvisada. Fue moldeado con el rigor de la filosofía y la teología en los seminarios de Guadalajara y Zamora, donde aprendió no sólo los misterios de Dios, sino el arte de escucharlo en el silencio del estudio y en la contemplación de los siglos.

UNA VIDA EN ASCENSO, DE LA TIERRA AL VATICANO

Ordenado sacerdote en el ya distante año de 1976, sus primeras homilías resonaron con la fuerza serena de quien no sólo predica, sino que comprende. En 1991, bajo la mirada sabia del pontífice Juan Pablo II, fue consagrado Obispo Auxiliar de Toluca, y así comenzó su ascenso por los peldaños del clero.

Fue pastor de Toluca, luego arzobispo de Monterrey, y desde 2011, timonel espiritual de Guadalajara. Su voz, firme pero templada, ha guiado a multitudes. Su ejemplo ha sido faro. Su carrera, vasta como un códice antiguo, se enriqueció aún más en 2007, cuando el papa Benedicto XVI le otorgó el birrete cardenalicio, símbolo carmesí del sacrificio y la dignidad.

UN CARDENAL DE INFLUENCIA GLOBAL

No ha sido un hombre de pasillos, sino de decisiones. Robles Ortega ha ocupado sitiales relevantes en la estructura vaticana, como la Comisión Pontificia para América Latina y el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, donde su voz ha pesado como oro en balanza.

En México, presidió en dos ocasiones la Conferencia del Episcopado, lo cual revela no sólo su autoridad doctrinal, sino su destreza diplomática entre sus pares. Participó, además, en el cónclave de 2013, aquel que eligió al papa Francisco, lo cual lo convierte no sólo en testigo de la historia, sino en parte activa de su hechura.

¿PAPA MEXICANO? LOS CIELOS OBSERVAN

Ahora, con 76 años —edad aún propicia para ostentar la tiara pontificia según las normas actuales—, su nombre resuena en los pasillos marmóreos del Vaticano. El Colegio Cardenalicio se reunirá en breve para deliberar, orar y votar. Y entre los muros vetustos de la Capilla Sixtina, no sería insensato imaginar que el eco de un “Habemus Papam” pronuncie un nombre de origen jalisciense.

Porque en los designios de Dios, incluso un niño de Mascota puede convertirse en pastor universal de la Iglesia.

Y si así lo quiere la Providencia, México habrá dado al mundo no sólo un siervo fiel, sino un Papa de sangre azteca y alma apostólica.

Compartir