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TECNOLOGÍA CON RAÍZ

La innovación inspirada en la cosmovisión indígena

Por Mariana Navarro

Periodista cultural y escritora. Especialista en ética aplicada, innovación y tecnologías con enfoque humano.

“La raíz guarda la memoria de lo que fuimos.

La semilla, el misterio de lo que aún podemos ser.”

GUADALAJARA, Jalisco.- En Oaxaca, la tecnología nunca comenzó con un chip.
Comenzó con el fuego encendido en la cocina,
con el campesino que miraba el cielo y adivinaba la lluvia,
con la comunidad que alineó su calendario al paso de las estrellas.

Mucho antes de que habláramos de inteligencia artificial,
los zapotecos y mixtecos ya habían creado un sistema de conocimiento donde la vida era red:
la montaña, la milpa, el río, el viento.
Todo tejido. Todo vivo. Todo sagrado.

🌱 EL CÓDIGO DE LA VIDA

Para los pueblos originarios, la montaña no era recurso: era madre.
El maíz no era producto: era hermano.
El agua no era objeto: era espíritu que se comparte.

Ese lenguaje simbólico no era ingenuidad:
era tecnología del cuidado,
era ciencia de la sobrevivencia,
era ética de la pertenencia.

Ahí donde el mundo occidental veía naturaleza,
ellos veían parientes.
Y eso cambió todo.

🔆 DIÁLOGOS POSIBLES

Hoy hablamos de algoritmos, de energías limpias, de sustentabilidad.
Pero las preguntas siguen siendo las mismas:
¿cómo cuidamos la tierra?,
¿cómo aprendemos a vivir sin romper el tejido que nos sostiene?

La IA aprende de millones de datos.
Pero ¿y si también aprendiera de narrativas indígenas,
esas que enseñan a escuchar antes de decidir?

La sustentabilidad promete equilibrio.
Pero ¿cómo lograrlo si seguimos llamando “recurso”
a lo que en verdad es raíz,
a lo que es vínculo,
a lo que también tiene voz?

Los proyectos de energías renovables buscan sol y viento.
Pero el sol y el viento ya fueron leídos por los pueblos hace siglos:
eran brújula, eran calendario,
eran poemas que hablaban en otro idioma.

🌎 UNA ÉTICA QUE VIENE DE ATRÁS

La cosmovisión indígena no es pasado inmóvil.
Es futuro escondido en las raíces.
Es un recordatorio que nos pregunta cada día:
¿Esto que inventamos sostiene la vida o la debilita?

✨ CONCLUYENDO

La tecnología sin raíz se convierte en desierto.
La raíz sin diálogo puede apagarse en silencio.

El verdadero futuro quizá esté en aprender a juntar ambos lenguajes:
el de la máquina y el de la milpa,
el del chip y el del canto,
el del algoritmo y el del abuelo.

Porque solo cuando la innovación se arrodille a escuchar la tierra —
como lo hacen aún los pueblos de Oaxaca—
podremos decir que hemos creado algo verdaderamente humano.

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