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  • Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.

“Todos los días el conocimiento tiene que ganarle una batalla a la ignorancia” (lmuc. 2010).
La autonomía no es una aspirina que se compra en la botica para aliviar la resaca. Tampoco es una moda o una tendencia de temporada y menos es un estilo que proporciona performance o glamour. Más bien, es la facultad de una persona o la entidad que puede obrar según su criterio. Pero, también es la calidad o condición de un pueblo independiente, política y económicamente sujeto a las leyes que emanan exclusivamente de su seno. (Canales Méndez 2003).
De ahí, que tengamos que recordar las conquistas democráticas por las que ha cursado el Estado Mexicano, específicamente el sistema político mexicano desde 1988, hasta la fecha, cuyos esfuerzos han sido grandes y variados ocasionando ¡muchas penas, muchas glorias! Muchas amarguras, muchos sacrificios políticos, económicos y, por qué no decirlo, sacrificios en perjuicio del patrimonio social. Por ende, no debemos desoír, desatender pues, que estamos en un momento coyuntural en el que si no respetamos la autonomía de una entidad, de órgano autónomo y concretamente de los organismos autónomos sean estatales o federales, perderemos el rumbo y después, aunque pataleemos, hagamos marchas, foros o nos expresemos en las redes sociales con la furia del “nacionalismo” y finalmente hagamos la invocación iracunda e igualada al recordar, lo que no se recuerda de la afirmación de Benjamin, ¿por qué el ángel de la historia mira hacia atrás? (S. Gandler 2003). Habría remedio para lo irremediable, porque acordémonos que… si algo representan los órganos autónomos, entre varias cualidades y facultades, es el equilibrio entre un poder y otro, entre una estructura y otra, entre unos pensamientos e ideas y otras. Porque podemos o no estar de acuerdo en pensar diferente, en vestir diferente, en sentir diferente! pero en lo que si debemos estar de acuerdo, es en respetar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no podemos darnos el lujo de manosear el espíritu de sus leyes, porque con ello, también atentamos en contra de las soberanías de las entidades y muy probablemente atentemos en contra de nuestras soberanías y nuestros derechos, mismos que, a pesar de cualquier queja no encontrará eco si estamos a la vista de la sinrazón y el uso abusivo del poder.
Por ello, la decisión está en nosotros, nos sumamos al compromiso o mantendremos la decidía acostumbrada que nos debe dejar de caracterizar, es decir, participamos resolviendo el futuro del país o dejamos que el otro o los otros decidan el futuro y nuestro destino, así como el futuro de nuestras familias. Solo pensemos… ¿no habremos de estar en la puerta de un futuro incierto? También meditemos… qué estamos convalidando, entonces, que el otro o que nuestro yo, goce de la transgresión en la afirmación de la ética del psicoanálisis. (Lacan 1959-1969).

 

 

 

 

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