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Se le olvida al dictador que dicta.

Edna Liliana Sánchez
Abogada

Bien dicen que el poder es la más grande de las adicciones, mayor aún que el gusto por el dinero y las riquezas, el poder ciega a las personas, especialmente a quienes
ejercer el poder ha sido su mayor anhelo y único proyecto de vida.
El poder, visto como la capacidad de influir en las acciones y la vida de los demás, por la fuerza, por el convencimiento, las jerarquías institucionales, el miedo o la
fuerza; ha demostrado ser el mas grande corruptor de idealistas y el arma que en manos de obsesivos hace las veces del cañón que lanza el primer proyectil hacia la guerra. Olvidando que en la guerra nadie es triunfador, alcanza a todos y todos pierden algo o todo, incluyendo al poderoso que la inicia y a los suyos.
En un sistema democrático, el primer límite que tiene el ejercicio del poder es el tiempo. Si un totalitario llega al poder por la vía democrática del voto popular, sabe que su poder terminará algún día. Eso es “lo bonito de la democracia”, la renovación periódica y los cambios constantes de quienes ejercen el poder.
Todo titular de un poder obtenido por la vía democrática debe estar consciente de que cada día que está en su ejercicio … es un día menos que le falta para volver a la ciudadanía de a pie y ser parte del pueblo. Lo decían los franceses sabiamente:
“El rey ha muerto, viva el rey” o en su versión mexicana: “El que ya bailó, que se siente”, pues si no lo hace debe saber que “a cada pavo le llega su navidad”.
En una democracia, cuando alguien totalitario ejerce el poder olvida que un día sentirá que es “el todopoderoso que manda” y al otro día será quien obedece, que un día es quien abusa y otro día será la cena del próximo comensal, que si opta por ser “cazador despiadado”, otro día se convertirá en la presa, pues el actuar desde el poder y la autoridad siempre sienta precedente.
Las tentaciones del ejercicio del poder suelen ser tan grandes que algunos totalitarios piensan que están por encima de las instituciones democráticas, que los pueblos pobres no están acostumbrados a la libertad, que carecen de sabiduría y que la falta de conocimientos, hará que por unas dádivas les perdonen todo, hasta su propia miseria, vivir en el miedo a la delincuencia y ver morir a sus familias; piensan también y que ocultarán permanentemente su responsabilidad con el velo de una popularidad artificial tejida a base de millones, campañas de miedo, uso de la fuerza pública o acuerdos temporales con los poderes fácticos o de la delincuencia organizada. Se olvidan que las revoluciones las suele iniciar el pueblo descobijado y agraviado que ya no tiene nada que perder.
En México la tentación del poder totalitario, ha llevado a encabezar un ataque frontal al Poder Judicial Federal, especialmente contra ministras y ministros de la Corte Suprema de Justicia, magistrados, magistradas, así como jueces de todo orden, que han emitido resoluciones-contrapeso y que han puesto límites a excesos det odo tipo de autoridades. La reforma judicial como está planteada contiene a decir de Monreal, “puntos irreductibles”, es decir “si o si la elección popular”, no por experiencia, ni por preparación, menos aún por méritos académicos o carrera judicial, sino por cuatismo, grupismo y seguramente nepotismo de quienes decidan a quien se candidatea. Se olvidan que se llevará a México, como ya sucedió en Bolivia, a un poder judicial cooptado por la parcialidad, el miedo y la dependencia al poder político del grupo en turno, sí. . . en turno.                                             Se le olvida al dictador” que dicta cuando puede dictar, que ese poder judicial parcial y dependiente será el mismo que por miedo a perder su trabajo, por miedo a quedar sin sustento para su familia, al día siguiente será el mismo que firmará su sentencia, que si la vida no le alcanza para hacerlo responsable, sus hijos, su familia, sus testaferros, sus cómplices, su grupo sexenal en el poder sí serán alcanzados por las venganzas de los nuevos grupos… ya sucedió en Bolivia.                                En Bolivia, el poder judicial electo por “el pueblo” a modo de Morales, fue quien anuló en diciembre de 2023 la reelección indefinida como derecho humano (risas grabadas) que ese tribunal aprobara en 2019 durante la presidencia del propio Evo Morales; ese mismo Tribunal Constitucional Plurinacional fue quien en tiempos de la presidencia de Yanine Añez procesó y persiguió a Morales. Es el mismo tribunal que ahora la procesa a ella por “Intento de Golpe de Estado” y a su vez es el mismo tribunal Supremo que hoy día inhabilitó a Morales para ser candidato y enfrentar en las urnas en 2025 al actual presidente Luis Arce.    También, se le olvida al dictador que en sus años de vejez su decisión de quitar independencia al poder judicial, éste órgano y su justicia parcial no estarán siempre de su lado, tal vez pensará que la avanzada edad es garantía de que en vida no le alcanzará la justicia, olvidando que las nuevas generaciones beneficiarias de la corrupción, poseedoras de la riqueza que un día fue patrimonio del estado, cómplices de enriquecimiento ilícito, cohecho y falta de transparencia sí serán alcanzadas, precisamente por esa justicia parcial, cooptada y vendida al poder político en turno (órgano judicial que hoy se construye bajo la fachada de combate a la corrupción). Esa justicia parcial, sesgada, obediente a todo nuevo régimen puede alcanzarle, por ejemplo, como se vislumbra en Venezuela frente a las repudiadas, pero multimillonarias hijas de Chávez, como le sucedió al Shá de Irán, como ha sucedido en la historia en decenas de ocasiones.                                      Otro olvido más del autoritario es que al fin de cada ejercicio, ya sin publicidad gubernamental, la nueva cara de la corrupción, la deshonestidad y la tragedia; la tradición mexicana, dice que suele ser la suya.                                        Recuerdo, entonces, a Aristóteles cuando decía que “el ser humano es un animal político por naturaleza” y a Simón Bolívar en su famosa frase: “Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla”. En términos simples: Todos los pueblos, todos los seres humanos por naturaleza hacemos política con acciones o con omisiones y repetiremos la historia si no la conocemos… si los incrédulos no lo creen, basta solo con dejarlo al tiempo.                                                  Sean felices, que la vida aún es bella.

PD. Que conste que ni siquiera mencioné la falta de seguridad y certeza jurídicas, el estado de derecho (que no es de chueco), las medidas de combate a la corrupción
en el poder judicial, así como las garantías procesales de los derechos de la ciudadanía de a pie, pues esa . . . como dice la nana Pancha, es otra historia.

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