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  • Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.

Un tema grave de inseguridad en la Ciudad de México es el de peatones y ciclistas.
A alguien se le ocurrió en la Jefatura de Gobierno que la Ciudad de México es una gran metrópoli europea. Que en su imaginario los conductores de autos y camiones de todo tipo son absolutamente respetuosos del reglamento de tránsito.
Que son muy respetuosos de los peatones y los ciclistas que usan calles y avenidas.
A tan soñadores urbanistas les quiero señalar que no confundan Ámsterdam con la Ciudad de México. Que por desgracia en nuestra capital predominan aún cientos de conductores cafres que toman sus calles o avenidas como auténticas pistas de carreras. Que con el espoleo de tanta publicidad dañina a cerebros de personas agresivas tanto los peatones como los ciclistas son literalmente aplastados como cucarachas con autos veloces conducidos por bestias.
Que al desaparecer las fotomultas o los agentes de crucero les han dado barra libre a los cafres que cada semana asesinan a más de 100 kilómetros por hora a quien se atreva a atravesarse en su camino.
Las leyes que nos rigen son demasiado benevolentes con los cafres asesinos de peatones y ciclistas. El cargo de homicidio doloso en vez de culposo devuelve a los cafres a las calles con gran facilidad.
La Jefatura de Gobierno ya debió de caer en cuenta del estado de indefensión en que se juegan la vida peatones y ciclistas en la Ciudad de México y que estamos muy lejos del nivel educativo y civilidad que se tiene en Berlín, Ámsterdam o Londres.
En la Avenida Coyoacán en la delegación Benito Juárez –en la zona del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE es frecuente que distinguidos cafres con autos deportivos tengan ahí su pista de carreras – con total impunidad y omisión de autoridades de tránsito o protección civil. Brillan por su ausencia.
Una actitud civilizada ante los peatones o ciclistas exige que los conductores de autos y camiones sean civilizados. Desgraciadamente no es el caso en la Ciudad de México.
La Jefatura de Gobierno y sus planificadores urbanos son culpable de tanto atropellado o ciclista arrollado por el hecho de ser tan inocente en su valoración del comportamiento de tantos miles de cafres que pululan por avenidas a toda velocidad y que saben que sus asesinatos son leve falta para la autoridad.
Los sistemas públicos de transporte colectivo -administrados por los gobiernos de las principales ciudades del mundo son un activo muy valioso para que se conecte el que trabaja, el que estudia o el que está conociendo los atractivos de una ciudad-. Son redes mayormente subterráneas, silenciosas y eficientes en el uso de energía.
Gracias a los avances de informática un buen sistema colectivo tiene puntualidad, sensores preventivos de cualquier daño o falla. Eso sí, como un automóvil muy fino, es imprescindible la inversión en mantenimiento y actualización tecnológica.
En el mundo los fabricantes se dividen en tecnólogos y hojalateros. Los tecnólogos como GEC Alstom de Francia o Hitachi de Japón ofrecen trenes completos, los hojalateros como la canadiense Bombardier se adapta a lo que el cliente pida -pueden tener motor de una marca, transmisión de otra y sistema de frenado de otro.
Los trenes de gran velocidad que unen a la Unión Europea son una maravilla tecnológica que cuentan con subsidio de los países que atraviesa. El subterráneo por debajo del Canal de la Mancha uniendo Francia con Inglaterra no es rentable, pero sí socialmente aceptado como una inversión que valió la pena construir.
Los aeropuertos modernos en Europa tienen inmediata conexión a las redes ferroviarias que a su vez tienen sus centrales en el centro de las ciudades en las que hace escalas. Los ciclistas que circulan por las calles europeas lo hacen bajo una alta seguridad y se premia el dejar de usar el auto. En ciudades de California se premia a quienes comparten su auto en el ir y venir de casa al trabajo.
Para que cada uno de los ejemplos anteriores sea eficientes están sujetos a estrictas reglas de seguridad y vigilancia, mantenimiento preventivo y planes de financiamiento y operación bajo el debido cuidado de especialistas con muy altas certificaciones.
Para el caso de México y por el muy lamentable desplome de la trabe en la Estación Olivos en la línea 12 aparentemente alguien o varias personas se equivocaron generando un desenlace por demás trágico. En los medios escritos y digitales se señala –a toro pasado una serie de errores o cuestionamientos aún sin comprobación científica.
Al igual que en una catástrofe área se debe de dar tiempo a los peritos certificados para saber cuáles fueron los elementos que se conjugaron para el evento del 2 de mayo, y si esa conjunción vale para el resto de la línea 12 que va por superficie.
Recordemos que esta línea no llega a los 15 años de construida y ha estado muy cuestionada su confiabilidad. Las preguntas frecuentes son las siguientes:
1.- ¿Por qué razón la varilla fue importada de Turquía?
2.- ¿Por qué los trenes son chinos, muy pesados y con de ruedas de acero – teniendo en Ciudad Sahagún, Hidalgo una planta de Bombardier para ruedas de goma?
3.- ¿Se analizaron con rayos X los daños del sismo a toda la línea 12?
4.- ¿Hubo o no errores del DIRECTOR RESPONSABLE de las obras de reparación de daños estructurales de la línea 12?
5.- Si se sabe que la soldadura exterior no repara el daño al acero estructural. ¿Por qué se parchó así el daño en tramos exteriores de la línea 12?
Los peritajes de expertos irán obteniendo la evidencia científica.
Los gritos y sombrerazos, no.

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