RAZÓN, TESÓN Y CORAZÓN
Por Alejandro Ruiz Robles
“¡UN ESCULTOR DE VIDAS!”
“Sólo cuando la oruga creyó que el mundo terminaba se transformó en mariposa.” (Proverbio)
LAS PIEDRAS
Cuando leemos en los textos históricos como en la antigüedad se adaptaban los
árboles o cuevas o se construían las casas o establecimientos, encontramos que
los materiales iban desde ramas, maderas, metales hasta piedras, principalmente.
Todo ello, tomando en cuenta las características naturales del lugar.
Conforme avanzo el tiempo, la técnica y el conocimiento, fueron requeridos más
especializados, a fin de hacerlos cada vez acordes a los gustos de sus usuarios o a
las estructuras que limitaran las inclemencias del tiempo o de las zonas.
Imaginar tan sólo la evolución de las cavernas o cuevas como hogar hasta las
modernas edificaciones en formas y sitios inimaginables resulta un reto.
Tan sólo de mirar las pirámides, los castillos que se erigieron en la era medieval o
las torres de la edad moderna, nos llevan no sólo a considerar lo que se vivió ahí
sino también a admirar el talento de quien, a pesar de las múltiples dificultades,
tuvieron que trazarlos, levantar muros y mantenerlos fuertes.
Alguna vez le pregunté a un escultor que tenía la piedra de especial, pues ésta era
el soporte de grandes obras. Él sonrío y me contestó algo muy simple “tendrías
que preguntarle al ingeniero, al albañil y al artesano también, pues todos creamos
lo mejor que podemos con ella, lo que nos diferencia es el enfoque y el fin le
demos”.
Aunado a lo anterior, recuerdo el pasaje Bíblico “Yo te digo que tú eres Pedro y
sobre esta piedra edificaré mi iglesia (Mateo 16. 18-19)”, en el cual se basa la
creación de la Iglesia y con ello, se fundan y conservan las bases confesionales y
espirituales que hasta hoy rigen a una gran parte de la población; en el entendido
que tal obra, se mantiene con firmeza en comparación con miles de obras creadas
por el ser humano. En fin, después de atender a lo anterior y al reflexionar sobre estas citas, me
percate la verdad que comprendían. Es más, su mensaje también podíamos
utilizarlo en cualquier otra profesión o con el actuar de cualquier persona; es
decir, lo importante no son los recursos que tengamos sino la manera que a
través de ellos creamos utilidad para nuestra vida. ¿Estás de acuerdo?
LA DESTRUCCIÓN
Si consideramos que lo positivo es construir, la lógica nos llevaría a su antónimo:
destrucción y sus sinónimos, que en la mayor parte de su uso atienden a una
cuestión negativa de poco aporte.
Basta con hablar de grandes sucesos que han marcado a la humanidad, tales
como las catástrofes naturales y conflictos humanos que han dado por resultado
cada etapa de lo que hemos vivido. Basta señalar como ejemplo la Segunda
Guerra Mundial, la Revolución Mexicana, o bien, los terremotos de la Ciudad de
México en 1985 o 2017.
Desde luego, que por si sola la palabra destrucción es un referente de que
contrario al existente deseado. ¿Cuántas ocasiones no hemos escuchado que tal
persona destruyó a otra con su trato? O bien, ¿qué un gobierno no ha destruido
las instituciones que durante años lograron consolidarse en un país?
Es curioso, pero hoy se habla más en algunos países de la destrucción de la
democracia, de las libertades, de los esquemas funcionales que de los avances
que se han logrado.
¿Cuántas veces nos hemos enterado de que figuras de la farándula o del deporte
han acabado con su carrera por llevar una conducta impropia?
No obstante, la apreciación que podamos dar a la destrucción no es exacta, toda
vez que a veces resulta necesario romper, tirar o terminar con lo que hay en aras
de progresar o mejorar.
Tan sólo de pensar que alguien señalara como negativa la caída del Muro de
Berlín para los alemanes, muy probablemente faltarían argumentos para que
respondiera los cuestionamientos que al respecto le harían.
En fin, atendiendo a lo anterior, me encanta utilizar la palabra “deconstruir”, que
implica un razonamiento para deshacer analíticamente algo para darle una nueva
forma o estructura.
Es a partir de este concepto que me gusta darme a la tarea para analizar las cosas
y pretender encontrar áreas de mejora, en vez de sólo aspectos negativos o que
poco aporten a un resultado deseado.
Si bien es cierto que en la mayoría de las ocasiones es sumamente difícil cuando
se trata de juzgar nuestro comportamiento o resultados, lo cierto es que en la
medida que seamos críticos y objetivos podremos comprender y atender las
posibilidades de ser una mejor persona y profesional.
De resultar necesario o conveniente analizar a otra persona o a nosotros mismos,
debemos ser muy serios y precisos en nuestro estudio. No podemos dejar de
entender las causas que han provocado las consecuencias respecto de las que
requerimos su entendimiento. Esto es básico como punto de partida para alcanzar
un resultado favorable. Conviene destacar que no se trata de juzgar por sólo juzgar, sino de hacerlo con
criterio, seriedad y firmeza, reuniendo y comprendiendo todos los elementos que
nos permitan generar áreas de crecimiento, conclusiones y siempre con un espíritu
propositivo.
La premisa básica es no lastimar a quien requiere de nuestro apoyo.
Es útil recordar que a veces para propiciar un nuevo comienzo, se debe partir de
cero y dejar atrás lo realizado; no obstante, para hacerlo se debe tener un
propósito real y concreto, distinto a falacias o sólo buenas intenciones.
Si hoy miramos lo que hemos hecho asumiendo la responsabilidad de la vida que
nos ha tocado vivir, podremos estar en posibilidad de elegir nuestras opciones
para el mañana y no sólo conformarnos en existir en ella; es decir, construir el
siguiente nivel o destruir y erigir un sueño deseable, en ambos casos, sobre las
mejores bases. ¿Estás de acuerdo?
EL MOMENTO
Al redactar esta columna, hago una pausa detengo y tras leerla con unos amigos,
me cuestionan …”¿qué es más fácil: construir o destruir? … “¿vale la pena
deconstruir?”.
Tras analizarlo detenidamente, realmente no sé qué decir; de hecho, la respuesta
inmediata en que coincidimos fue destruir, pero al tomarnos unos segundos ya no
estábamos tan seguros y algunos señalamos que depende de la situación.
No faltó quien señalara que para destruir bastaba un poco de saña y a veces
cizaña para acabar con lo que nos propusiéramos.
A mayor referencia, cito: “es suficiente que la ira sustituya la voluntad para
terminar con todo”.
Con la lluvia de ideas, se hizo presente la cordura y con ella, la mayoría asumimos
que sólo cuando teníamos paz interior para analizar las cosas, identificar los
problemas, las alternativas de solución y el compromiso de ejecutar la acción que
más correspondiera a nuestros intereses, tendríamos la gran oportunidad de
actuar de la manera adecuada; sin importar lo que ello implicara, es decir,
construcción o destrucción. Con ello, entendimos que la deconstrucción era un
método de evaluación y no una acción en sí para alcanzar un resultado.
No faltó quien mencionara que, en una dinámica de grupo, cada uno propusiera a
otro para ser deconstruido por el resto de los ahí presentes, atendiendo a lo que
hasta la fecha ha hecho, especialmente, con sus éxitos y fracasos.
De la lluvia de ideas y de las observaciones manifestadas, realmente resultaba que
las simpatías y afectos nublaban los juicios pero que, a pesar de todo, “entre
broma y broma, la verdad asomaba”.
Fue tal la interacción que al tratar de ser objetivos, sin pretenderlo, surgieron los
posicionamientos personales y las afectaciones a los egos, lo que nos llevo
realmente a confirmar que una crítica negativa o insidiosa realmente tenía el
poder para destruir a alguien y una vez hecha, en el receptor de la misma estaban
las armas o escudos para evitarla o afrontarla, pero siempre con la elección de
quedarse con lo que ésta tuviera de positivo para fortalecer sus virtudes o
minimizar sus defectos. En fin, una vez que cerramos con el ejercicio todos confirmamos algo sumamente
importante, en nosotros siempre estará la posibilidad de ejercer el libre albedrío y,
como consecuencia de ello, la responsabilidad de actuar y aceptar las
consecuencias estará en nuestras manos.
No importa hablar de construir o destruir como simples verbos o meras acciones,
debemos entender el contexto y aceptar las causas para afrontar las
consecuencias. Desde luego, evitar en lo posible tomar las cosas personales,
siempre será un alivio.
Una vida próspera o decadente sólo puede ser calificada por quien la vive y como
tal, se confirma el dicho de que “cada uno es arquitecto de su propio destino”.
¿Qué opinas? … ¿VALDRÁ LA PENA DECONSTRUIRTE?
Facebook: @RuizRoblesCP22
Twitter: @22Publica
Linkedin: Correduría Pública 22
Posdata: Agradezco esta gran consideración de “MDC-MUSIC AWARDS
WORLD” en la Categoría de “Comunicador – Escritor”.

Importante: Síguenos “EN TUS PROPIAS PALABRAS” todos los miércoles
de 13 a 15 horas a través de www.wowmx.tv o www.astl.tv … ¡Te esperamos!








