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Montserrat PORRAS*

Todo iba bien. El inquilino estaba contento, el pago llegaba puntual y la casa funcionaba perfecto… hasta que un día llega el mensaje: “Oye, la llave del lavabo gotea, ¿puedes mandar a alguien hoy?” Y entonces surge la pregunta incómoda que muchos evitan, pero todos enfrentan tarde o temprano: ¿a quién le toca pagar?Este no es solo un tema legal. Es un tema de convivencia, de acuerdos y, muchas veces, de expectativas mal entendidas.

 El contrato es necesario

Muchas personas ven el contrato de arrendamiento como un trámite innecesario. La realidad es que es el punto de partida de una relación sana. Un buen contrato evita malos entendidos.

Desde el inicio debería quedar claro qué reparaciones corresponden al propietario, cuáles al arrendatario y cómo se deben reportar las fallas. Cuando esto no se habla con claridad, cualquier problema —por pequeño que sea— se vuelve personal.

Vivir un espacio también implica cuidarlo

Cuando alguien habita un inmueble todos los días, lo usa, lo disfruta y, naturalmente, lo desgasta. Cambiar un foco, ajustar una llave floja o dar mantenimiento básico suele formar parte de la vida cotidiana de quien renta.

Por otro lado, existen problemas que no siempre son visibles al inicio: humedades, fallas en instalaciones eléctricas, hidráulicas o sanitarias. Estos llamados vicios ocultos normalmente corresponden al propietario.

Aquí entra el factor más importante de todos: el criterio. Porque muchas fallas se agravan no por el paso del tiempo, sino por el mal uso o por no avisar a tiempo.

El tiempo sí hace la diferencia

Cuando un inquilino acaba de entrar a un inmueble y detecta un problema, lo más sano es comunicarlo de inmediato. Dejar pasar el tiempo no solo empeora la falla, también complica saber de quién es la responsabilidad.

Una práctica cada vez más común es que, durante los primeros tres meses, las fallas sean cubiertas por el propietario y, después de ese periodo, el mantenimiento y las reparaciones menores queden a cargo del arrendatario. No como castigo, sino como una forma de fomentar el cuidado del espacio.

¿Desgaste natural o mal uso?

Aquí es donde muchos desacuerdos se vuelven emocionales. ¿La fuga apareció por la antigüedad de las tuberías o porque se forzó una llave? ¿El corto circuito fue desgaste o una sobrecarga?

En estos casos, contar con un experto que emita una opinión técnica puede evitar conflictos innecesarios. A veces, incluso, dividir los gastos resulta ser el acuerdo más justo.

Ni propietarios perfectos, ni inquilinos ideales

También hay que decirlo: existen propietarios que no dan mantenimiento a sus inmuebles durante años y esperan que todo funcione como nuevo. Y también hay inquilinos que pretenden que se les arregle absolutamente todo, incluso en casas con cierta antigüedad que, aunque funcionales, no son nuevas.

El equilibrio está en entender que arrendar es compartir responsabilidades.

Más allá de quién paga

Tal vez la pregunta no debería ser quién paga cada reparación, sino cómo queremos vivir y convivir. Un inmueble bien cuidado no depende solo de dinero, sino acuerdos claros y disposición al diálogo.

¿Te ha tocado vivir una situación así, como propietario o como inquilino? ¿Qué reglas pondrías tú desde el inicio?

Estoy a tus órdenes para orientarte, resolver dudas o ayudarte a tomar decisiones en temas de arrendamiento.

 

*Oaxaqueña, mamá de dos hijos que me enseñan nuevas formas de ver la vida y compañera de cuatro hermosos shitzus que llenan mi hogar de alegría. Amante del buen comer, del running y el cycle. Con más de 18 años de experiencia en el sector, soy socia fundadora de Allegra Casa Inmobiliaria, empresa dedicada a brindar asesoría integral, confianza y profesionalismo a quienes buscan invertir, vender o comprar una propiedad.

 

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