Melinda SZABADOS-BÁNYAI
JÁSZFÉNYSZARU, HUNGRÍA.- Tuvimos nieve, frío, niebla, granizo y días muy grises. Enero nos presentó la verdadera cara del invierno y febrero nos trajo días en la cama con fiebre por gripa. Anhelamos el buen tiempo, los días soleados y la posibilidad de poder pasar tiempo juntos en la naturaleza.
Es difícil pasar tiempo entre las paredes de tu casa, pero cuando ya te sientes mejor, buscas divertirte; las opciones son pocas o lejos de tu casa, así que te conformas con no salir y alquilar una película
¡Qué suerte que tenemos Apple Tv y podemos gozar de los dibujos animados más recientes! La oferta es variada y puedes disfrutar de una película pagando menos que por una entrada de cine.
No quiero ni intento hacerle publicidad a las plataformas de streaming, pero es evidente que están presentes en nuestras vidas, y nos pueden ofrecer momentos alegres y de diversión manteniéndonos en nuestras casas sin tener que divertirnos en lo colectivo.
El aislamiento, la soledad y la falta de las amistades reales, se filtran en nuestras vidas; están presentes queramos o no admitirlo.
Es muy difícil encontrar amigos y hacer nuevos amigos en un mundo que se encierra cada vez más entre las paredes de sus casas. Cada uno tiene su vida, sus problemas, sus ilusiones y deseos, pero no podemos compartir nuestra alegría ni nuestros problemas casi con nadie de forma absolutamente sincera.
Aunque buscamos conexión, no la encontramos y estamos experimentando una nueva forma de soledad entre la multitud. A veces, me gustaría tomar un café o un vino con alguien y poder hablar de la manera más sincera de todo lo que pasa en mi mente; contarle de mis miedos, de mis intentos por lograr algo o de mis éxitos, pero ¿dónde está la persona con quién tomar algo? Parece absurdo, pero no la encuentro.
Cuando tienes hijos y estás lejos de tu familia, todo es más difícil. Hay un dicho en húngaro que dice que para críar un hijo, se necesita un pueblo. ¿Dónde está el nuestro? Solamente estamos mi marido y yo, no existen más personas a nuestro alrededor. No podemos acudir a casí nadie, todo lo tenemos que resolver entre nosotros; o lo hace él, o lo hago yo, no hay alternativa.
No sabemos cómo se siente recibir ayuda o apoyo incondicionalmente. Estamos constantemente resolviendo problemas y enfrentando otros nuevos. Retos no faltan y el estado de alarma y de vigilencia, nos cansa.
Llevamos diez años juntos y cada día doy gracias a Dios por encontrarnos. Él es más tranquilo, más sabio; es mi media naranja. Mi impulsividad contra su tranquilidad y paciencia, forman un equilibrio para poder llevar a cabo lo que tenemos que hacer diariamente. Nos falta pasar más tiempo juntos y solos, y esperamos poder disfrutar algo de tiempo juntos cuando las niñas están en la guardería.
Aunque el trabaja durante el día, podemos hablar un poco mientras almorzamos tranquilamente. Su jornada termina y empiezo yo, dando clases en un trabajo que requiere las tardes. Me preparo durante la mañana para mis clases mientras que la lavadora está en marcha y la comida está en el horno.
Aunque el esfuerzo de preparar y dar las clases es más grande que las ganancias financieras, sé que necesito este trabajo que representa un reto intelectual para poder cumplir el papel de la madre trabajadora; para mí no es suficiente ser mamá y ama de casa, y necesito ocupar mi mente en hacer algo más.
¿Cuándo y cómo se va a volver esto una forma de ganar dinero? Tampoco lo sé, pero no me doy por vencida. Intento salir adelante aferrándome a la fé que todo pasa por algo.
Se acerca el Día Internacional de la Mujer y aunque no les puedo dar nuevos consejos, solamente les ruego que tengan fe en sus habilidades y que encuentren la actividad que les ofrezca momentos felices.
No duden empezar de cero y emprender en un nuevo camino las veces que sean necesarias. Es cierto que será difícil, pero no olviden que lo único imposible es aquello que no intenta.

* Master en escritura creativa, amante de la literatura, teatro y música. Madre de dos hijas.
szabadosbanyaimelinda@gmail.com






