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Milka IBAÑEZ*

CDMX.- Hay series que vemos para distraernos y otras que nos dejan pensando varios días después. Pluribus es de esas que no se van fácil, pero no puedes dejar de verla. El creador de Breaking Bad vuelve a demostrar que sabe contar historias que incomodan y que nos obligan a mirarnos hacia adentro. Esta vez nos propone una pregunta sencilla, pero potente: ¿qué harías si descubres que eres de las pocas personas que siguen teniendo pensamientos propios?

La humanidad parece haber alcanzado una estabilidad inesperada: guerras, crisis y conflictos han terminado drásticamente. De pronto, el mundo se para y todos los sobrevivientes se manejan de manera demasiado coordinada y la razón es impactante: un virus que hace que la mayoría de las personas ahora formen parte de una mente colectiva que unifica decisiones, conocimientos y emociones.

En medio de ese nuevo orden, un pequeño grupo descubre que conserva su individualidad. Entre ellos está Carol Sturka, una escritora nada sencilla, con un carácter fuerte y un punto claramente egoísta, pero también con una profunda convicción que todavía es posible elegir. Quizá el futuro de la Tierra esté en sus manos: en su capacidad de cuestionar, de resistirse y de decidir si esa nueva armonía global es realmente el destino que la humanidad debe aceptar.

En el mundo de Pluribus, la mente colectiva no se presenta como un villano evidente; todo funciona, no hay discusiones visibles ni caos constante, al contrario, inquietantemente todo bien. La idea podría sonar como la solución perfecta para un planeta dividido, pero aparece el otro lado de la moneda: ¿qué pasa cuando para lograr esa armonía tenemos que renunciar a decidir por nosotros mismos?

La serie no necesita grandes explosiones ni escenas exageradas para atraparnos. Lo hace desde lo cotidiano, desde pequeños gestos, desde esa sensación que algo está ligeramente fuera de lugar. El suspenso nace del silencio, de la extrema felicidad y paz, y eso la vuelve todavía más inquietante.

Lo que más me atrapa de Pluribus es que no intenta darnos respuestas fáciles. No nos dice si la mente colectiva es buena o mala, no nos señala un camino correcto, más bien, nos deja con la duda constante: ¿es preferible un mundo sin conflictos aunque eso signifique perder la individualidad? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a ceder nuestra voz a cambio de una desconocida estabilidad?

Visualmente, la serie es impecable. La fotografía construye un mundo limpio, ordenado, casi demasiado perfecto. Los espacios abiertos transmiten calma, pero también una extraña sensación de vacío. En los interiores todo parece alineado, medido, como si nada pasara, la personalidad no existe. Esa estética acompaña muy bien la idea de un planeta que funciona bajo una sola conciencia.

El trabajo actoral es otro de sus grandes aciertos. Hay una coordinación muy precisa entre los personajes que realmente transmite la sensación que todos comparten el mismo pensamiento. No se trata de actuaciones rígidas, sino de una sincronía sutil: miradas que coinciden, pausas iguales, respuestas que parecen anticipadas. Eso genera una atmósfera fascinante y perturbadora al mismo tiempo.

Pluribus nos mantiene pegados a la pantalla porque toca un tema muy actual: la tensión entre pertenecer y ser diferente, entre formar parte de algo más grande y defender la propia voz. No es una historia cómoda y quizá por eso es tan necesaria. Disponible en la plataforma Apple TV.

 

 

*Oaxaqueña, productora de cine, gestora cultural y directora del Festival Internacional de Cine y Comedia 24 Risas por Segundo.

 

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