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  • Por Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.

A lo largo y ancho de la República Mexicana una de las características más duraderas, generación tras generación es la práctica de abusar del prójimo en la medida de lo posible.

Después del trágico desenlace de los motociclistas en la autopista México – Cuernavaca del pasado domingo las autoridades exigían a los deudos de uno de los fallecidos un pago en efectivo – por debajo de la mesa – para permitirles llevarse el cadáver y darle cristiana sepultura.

En la explosión de gas en la Colonia del Valle de esta semana los inquilinos tuvieron que desalojar sus departamentos que quedaron una noche al “cuidado” de Protección Civil y policía de Ciudad de México. ¿Qué creen que pasó con las pertenencias de los asustados condóminos del edificio siniestrado? Pues que se las robaron todas. Televisores, computadoras personales, electrodomésticos, ropa, etcétera. Si al edificio sólo podían entrar policías y personal de protección civil ¿quién creen que se llevó lo ajeno?

En los accidentes carreteros los agentes de la policía federal o los de las ambulancias privilegian obtener lo que de valor llevan los heridos o los difuntos. Es por eso que tan mala fama muy bien ganada tenemos los mexicanos de que somos “perro que come perro”.

En los Estados Unidos donde trabajan mexicanos en hoteles o restaurantes se comportan de una manera con la clientela blanca, anglosajona y güera y de otra muy diferente con un mexicano de tez morena. No lo atienden, lo ningunean, le cargan extra de lo que consumió, lo hacen sentir mal. Todo porque se sienten incómodos atendiendo a un mexicano que por su esfuerzo y talento llega a hospedarse con su dinero a un hotel en el que otros mexicanos son meseros, jardineros o botones que cargan maletas. No perdonan el éxito de un paisano y en la medida de lo posible, lo fastidian.

En las carreteras del estado de Texas si son detenidos por un patrullero de origen mexicano tengan mucho cuidado, pues antes que nada los va a querer encarcelar aunque no haya motivo por un exceso de velocidad. Se ensañan con los mexicanos como en venganza que tengan recursos para pagar su hospedaje y alimentación.

En el campo laboral son legendarias las intrigas que se dan en oficinas públicas o de empresas privadas. “Radio pasillo” es fuente de envidias, calumnias, chismes de honra y todo tipo de canibalismo entre compañeros con tal de obstaculizar el ascenso profesional de los colegas.

La preferencia a los parientes o recomendados es una costumbre muy común en el reclutamiento de las empresas mexicanas. Y ahí hay un campo fértil para descalificar a diestra y siniestra para que no lleguen los más competentes, sino los más fortalecidos por su cercanía familiar con los dueños de la empresa.

El ser foráneo es motivo de rechazo automático -aunque usted tenga capacidad, experiencia y excelente récord académico y laboral. El no haber nacido en la ciudad o estado en que usted pretende trabajar le da un “rechazo automático”. La otra discriminación frecuente se da sí, por ejemplo, usted tiene la desgracia de ser originario de Zacatecas y buscar un trabajo por ejemplo en Tabasco. Si con paciencia logra superar tal rechazo será sometido sistemáticamente a ser sujeto del escarnio localista por desconocer los usos y costumbres de la localidad.

Esta agresividad hacia el que llega de afuera perdura y aunque pasen 20 años le van a estar recordando que usted es foráneo: “Usted no sabe nada de café porque no nació en Oaxaca”, llegué a escuchar de un cafetalero de la Costa. Mi respuesta fue “Precisamente por no saber nada de café, vine a aprender de ustedes en Oaxaca”.

Las comparaciones en cuanto a innovar y obtener soluciones prácticas y resolutivas no son apreciadas en empresas o gobiernos de México. En ocasiones los conflictos o los problemas son prefabricados y diseñados en su origen para que no se resuelvan. Mientras no se resuelvan ganan los fabricantes del “conflicto” de a mentiritas.

Esta ingeniosa manera de extorsionar con elegancia tiene un alto costo oculto: las inversiones nacionales o extranjeras se van a otra parte.

Vean el caso de la PRESA EL ZAPOTILLO en Jalisco. Tiene 20 años en construcción y la última noticia es que se le van a tumbar 20 metros a la cortina ya construida para que una comunidad no sea inundada por aguas de la presa. Con esa marcha atrás se dejará de compartir agua al estado de Guanajuato y ya verán los nuevos obstáculos a que llegue a buen fin esa obra hidráulica.

Los engaños con soluciones mágicas a las finanzas de las familias rurales mexicanas llegan de profesionales en el engaño que ofrecen dinero casi gratis, bonos de oro de Porfirio Díaz, intereses por el ahorro fuera de las tasas de mercado, tener el boleto (falso) premiado en la Lotería, etc.

Otra gran veta de conflictos en todo México es el de los intestados o de los testamentos y las herencias. Tan sólo en el centro histórico de Oaxaca de Juárez existen cerca de 300 inmuebles en abandono – siendo la disputa por herencias o intestado la principal causa de esta situación. Los pleitos por herencias trascienden generaciones -para desgracia de las familias.

Los recurrentes fraudes de todo tipo en México son otra muestra de que “perro sí come perro”. Desde la oferta de medicinas milagrosas que curan desde la calvicie y el cáncer hasta “becas” que son falsas pero que exigen un anticipo a cuenta de…

Las múltiples escuelas patito que ofrecen licenciaturas con validez oficial con sólo seis meses de clases, ofertas de empleo en Canadá o Estados Unidos armadas para obtener dinero por parte de los ingenuos que les crean, “limosneros” que fingen estar ciegos, tener el brazo izquierdo fracturado, tener un difunto que enterrar o un medicina que comprar… llevar tres días sin comer, necesitar diez pesos para completar su boleto de camión a Pachuca, no tener trabajo y pedir para un taco – siendo en realidad para comprar cerveza- , ir rumbo a Tijuana y haberse quedado sin dinero tras ser deportado, ser guatemalteco siendo en realidad de Tuxtepec…etc., etc. Es tal el predominio del engaño y la simulación sobre la verdad que cuando se presenta un caso real ya no les creemos. ¿De dónde y desde cuándo nos volvimos ladinos, una sociedad tóxica que lucra hasta con un cadáver o con los ahorros de unos ancianos mediante engaño o extorsión? ¿Seremos ya un pueblo sin remedio, dado a buscar cómo dar golpe y engañar al prójimo, al gobierno, al cliente con kilos de 650 gramos, al hermano con una falsa necesidad, al paciente con medicamentos o cirugías que, en realidad no se requieren? ¿Dónde quedó la dignidad y la rectitud? ¿La ética profesional? ¿El juramento de Hipócrates? Con la llegada de las redes sociales esta manía mexicana de fastidiar con falsedades al prójimo ha llegado a su plenitud. Los fake news se han vuelto más abundantes que la arena en el desierto del Sahara. No podemos tomar la cómoda salida de culpar a políticos o empresarios de ser así de malandrines con quien se nos atraviese en el camino. Tenemos un gran vacío en cuanto a nuestra capacidad de competir en buena lid – sin echarle la culpa al árbitro y no admitir que si alguien es mejor que nosotros es mejor aprender de él que por envidia desaparecerlo del mapa. Esta inmadurez casi general en México tiene un alto costo en nuestra competitividad como sociedad. Si no llegan los mejores a los cargos públicos o a la dirección de las empresas estamos condenados a la mediocridad y la incompetencia. Urge que hagamos un examen de conciencia y no demos a nuestros hijos el mal ejemplo de simular o mentir para progresar bajo el lema de ser por generaciones“ perro que come perro”.

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