“Malditos aquellos que con sus
palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan”: Benito Juárez.
Periodismo Trascendente:
Raymundo Ibáñez del Castillo.
Sigue imparable la violencia en México.
La violencia que se ha desatado en el territorio nacional, por la guerra de los carteles del narcoterrorismo, en disputa del control de plazas, sigue imparable y nadie lo puede parar, por el empoderamiento numérico y armamentístico y la debilidad del exacerbado autoritarismo totalitario para la imposición de la maldita dictadura comunista en México, que son implacable con la población civil, pero no así con el crimen organizado.
Sin que cese la violencia de la narcoguerra desatada por las organizaciones internacionales que han sembrado el terror a lo largo y ancho del territorio mexicano, sino por el contrario, vaya en aumento al grado de ser una situación insostenible, como en Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Colima, Tamaulipas, Zacatecas y Guanajuato, entre otros, en donde en lugar de reducirse, va en aumento,
Y si el autoritarismo que es implacable y hasta ruin y se ensaña en contra de la población civil, no puede parar la violencia y los ríos de sangre en estas entidades del país y en todo el territorio nacional, menos va a poder en la medida en que las bandas delincuenciales y las organizaciones trasnacionales del narcoterrorismo, extienden sus acciones y poderío a otras entidades del país, para ampliar su territorio y dominio a través de la violencia, como ocurrió el pasado fin de semana en Salamanca, Guanajuato.
La disputa entre los cárteles del narcoterrorismo en una entidad gobernada por el PAN, donde Libia Denisse García Muñoz Ledo, está atada de manos y se muestra impotente para frenar a las bandas de criminales, que convirtieron un campo deportivo en escenario de la masacre, donde once personas murieron y otras más resultaron heridas por las balas asesinas de los sicarios que irrumpieron en un partido de futbol, hasta donde llegaron para accionar sus potentes armas, sin que interviniera la policía federal, estatal y municipal, es otro testimonio más de la debilidad del Estado frente al narcoterrorismo.
Y el exacerbado autoritarismo, puede lavarse las manos, evadir su responsabilidad y negarse a responder a la exigencia de los mexicanos de que haya paz en el territorio nacional y que se ponga fin a los ríos de sangre que corren a lo largo y ancho del territorio nacional y que se acabe la violencia en el país, pero los muertos están ahí, se cuentan por miles y los familiares están en espera de justicia; justicia que nunca llega.
El oficialismo de Claudia Sheinbaum Pardo, se ha limitado a cuantificar a los muertos por el narcoterrorismo y sumarlos a las estadísticas, pero nunca a investigar los hechos y menos castigar a los responsables, porque no pueden perseguirlos y menos aplicar todo el peso de la ley, porque son intocables y gozan de total impunidad.
Pueden argumentar desde las esferas oficiales, que diariamente hay decenas de muertos y que ya suman más de 4 mil 500 mexicanos asesinados, o que el pasado fin de semana, fue el más sangriento del primer mes del 2026, pero en lugar de buscar excusas y tratar de justificar su nula actuación para garantizar la seguridad de los mexicanos y frenar de tajo el umero de muertos y los ataques violentos en contra de la población civil.
La mayoría de los más de 133 millones de mexicanos, no nos hemos acostumbrado, ni nos acostumbraremos nunca, a que todos los días la violencia imparable sume más muertos y las calles, los caminos y por todas partes, corra la sangre impunemente, sin que nadie castigue a los actores materiales de las masacres y sigan provocando el terror por todos lados, sin que nadie, ni siquiera las corporaciones policiacas, sean federales, estatales o municipales, intervengan para acabar con tantas muertes y la violencia imparable nunca antes registrada.








