Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan”: Benito Juárez.
Periodismo Trascendente:
Raymundo Ibáñez del Castillo.
Poco, nada y hasta ridículos los logros en seguridad.
Todo cuanto se ha logrado en materia de seguridad nacional en México, específicamente en la lucha “sin cuartel” en contra de las organizaciones internacionales del narcoterrorismo, desde el primero de octubre de 2024, que inició la segunda etapa del exacerbado autoritarismo totalitario para imponer la maldita dictadura comunista en México, heredado por López Obrador a Sheinbaum Pardo y hasta la fecha, es poco o casi nada y hasta ridículo, frente a la magnitud que ha alcanzado este flagelo y convertido al país en uno de los más inseguros del mundo y en donde la principal actividad económica con utilidades inimaginables es el tráfico de drogas, principalmente sintéticos como las metanfetaminas y opioides como el fentanilo.
Cualquier afirmación en este sentido y de quien viniera, pudiera parecer exagerada y totalmente fuera de la realidad y hasta parecer exigente, pero en esa dimensión se tiene que llegar a la conclusión, porque todo cuanto se ha hecho, específicamente durante estos últimos 17 meses, más que por iniciativa del gobierno federal, por presiones del gobierno de Estados Unidos, es poco, nada y hasta ridículo, ante la alarmante mercado de las drogas de alta potencia y bajo costo de producción.
El narcoterrorismo en México, creció tanto en el país en el último siglo, al amparo de los gobiernos del PRI, PAN y Morena, que los 2 mil 225 detenidos por delitos de alto impacto; las 33 toneladas de droga aseguradas; los mil 942 laboratorios clandestinos desmantelados; las 4 mil 850 armas de fuego incautadas (equivalentes al 20% de las aseguradas en todo el país) y; más de 1 millón de cartuchos útiles y 5 mil 500 artefactos explosivos improvisados decomisados en los últimos 17 meses, casi un año y medio, tan solo en Sinaloa, donde las bandas de criminales narcoterroristas desataron la guerra en disputa de la plaza, es poco, nada y hasta ridículo, en comparación con todo lo que trafica y controla el crimen organizado.
Es más, para entender de que tamaño es el narcoterrorismo frente a la débil fuerza del Estado, por sus complicidades y porque co gobiernan con estos, basta mencionar que mientras Sheinbaum Pardo, en una actitud más de exhibicionismo, protagonizó el pasado 27 de febrero, “la mañanera” en Sinaloa y poco faltó para que se fuera a “rascarle la panza al tigre” a Jalisco, como dicen los de su calaña, donde el cartel de las cuatro letras que inspiraron a la 4 t (cuatrote), es el que manda y le hubieran dado un mensaje más fuerte que el que le enviaron las huestes de los narcoterroristas de “El Chapo Guzmán, “Los chapitos” o “El Mayo” Zambada.
Resulta que mientras la heredera del autoritarismo llegó a Sinaloa para la conferencia de ella, que no del pueblo, al que nunca toma en cuenta, desafiaba a los narcoterroristas con su presencia y el informe del incipiente logro en contra de los cárteles, estos le respondieron con hechos y no con poses, asesinando a Rubí Patricia Gómez, una madre buscadora, en Mazatlán, Sinaloa.
El artero asesinato, calificado por observadores como un mensaje del narcoterrorismo y por otros como desafío al Estado mexicano, contradecía las palabras de la heredera del autoritarismo que se comprometió a disminuir los homicidios y el llamado que hiciera a Estados Unidos para frenar el tráfico de armas hacia México.
La respuesta del narcoterrorismo no se hizo esperar e hicieron víctima de la crueldad de la que hacen alarde, asesinando a una mujer inocente y totalmente ajena al gobierno, provocando incluso, la indignación de los sinaloenses que mostraron, una vez más, la inseguridad de la entidad mexicana y la falta de efectividad de las acciones implementadas por el gobierno federal.
Y pudiera parecer muy exigente y hasta fuera de contexto, pero lo informado por el hombre más poderoso en materia de seguridad, como lo es el titular de la SSPC, Omar García Harfuch, es poco, casi nada y hasta ridículo, frente al imperio que ha alcanzado el narcoterrorismo en México, no tan solo durante los casi 6 años que su cómplice mayor, Andrés Manuel López Obrador, implementó la política de “abrazos y no balazos” a los criminales para protegerlos, pagarle los favores que les debe y blindarlos con impunidad, sino todo lo que crecieron los cárteles internacionales al amparo de los gobiernos del último siglo, con 80 años de gobiernos emanados del PRI, 12 años del PAN y los 17 meses del narcomorenismo.
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