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  • Raymundo Ibáñez del Castillo.

“Malditos aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan”: Benito Juárez.

La Constitución, letra muerta.

Así, como hace 109 años, nuestros ancestros se regocijaron con la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, por el nuevo orden jurídico y político, que es elemental para la vida institucional del país, de la misma manera, este 5 de febrero, todos, o la mayoría de los más de 133 millones de mexicanos, deberíamos de celebrar el trascendental acontecimiento para la vida política, económica y social de nuestra amada patria, que es México.

Sin embargo, hoy, en el centésimo noveno aniversario de la promulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917, no podemos hacerlo, precisamente porque el espíritu de ese orden constitucional, en el ámbito del respeto a la libertad, la justicia y la democracia, lo han pisoteado y desbaratado en mil pedazos, intereses bastardos, perversos y totalmente ajenos a nuestra identidad nacional, de profundo e incuestionable amor a la Patria.

Por desgracia, para la mayoría de los millones de mexicanos, a 109 años de la promulgación de la Carta Magna, la ley de leyes, ha sido desbaratada en mil pedazos a lo largo de más de un siglo, sobre todo en los últimos 7 años y meses, en los que le han hecho tantas reformas como se les  ha antojado a los que detentan el poder político, más que para adaptarla a las nuevas condiciones socio políticas del país, a conveniencia de una minoría unos cuantos y en contra de los intereses de la mayoría de los aproximadanente133 millones de mexicanos.

Y no es porque antes de la actual mafia en el poder, no se hicieran reformas a propuesta del ejecutivo o el legislativo, sino porque nunca antes había sido tan grotesco, tan sucio y tan vil como ahora, cuando evidentemente han desaparecido el Estado de Derecho, respaldado por la Constitución, para hacer lo que les venga en gana y saciar la sed de infinito poder económico y político que tienen, e incluso, perpetuarse en el poder a través del exacerbado autoritarismo y la imposición de la maldita dictadura comunista en México.

Con el exacerbado autoritarismo desde Palacio Nacional o desde los escondrijos de Palenque, Chiapas, han desaparecido, no tan solo el Estado de Derecho en México, sino que también, o mejor dicho, simultáneamente, el orden Constitucional, que a ellos no les conviene, porque en las dictaduras comunistas, no hay derechos para la ciudadanía; no hay garantías individuales y los ciudadanos, no tienen ni siquiera derecho a expresarse libremente, menos a exigir el respeto a sus derechos humanos más elementales, convirtiéndolos así, en esclavos.

Y son, nada más ni nada menos, que los que deberían de estar más comprometidos con el respeto y la defensa de la Constitución Política, como son los servidores públicos, con sus honrosas excepciones, los que más pisotean y violentan el orden constitucional, faltando al compromiso que adquieren al tomar posesión del encargo, ya sea federal, estatal o municipal, al jurar solemnemente cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanan.

Por eso, precisamente, resulta una farsa, una burla y una simulación, que sumadas todas éstas, se convierten en alta traición a la Patria, que debería pagarse con cárcel o castigos más ejemplares y severos, para que nunca más, se volvieran a repetir actos tan aberrantes como estos.

Hoy, después de más de un siglo de la promulgación de  la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en 1917, no está por demás, que todos y cada uno de los mexicanos, hiciéramos una profunda y exhaustiva reflexión y análisis de las diferentes etapas por las que ha pasado el orden constitucional, hasta llegar a nuestros días, en los que la Carta Magna, es prácticamente letra muerta, al ser ignorada en su cumplimiento y aplicación en la vida política, económica y social de México.

Por fortuna, para México y los mexicanos, el juicio de la historia es implacable con los enemigos y traidores a la Patria, y tarde o temprano, tendrán que ser juzgados y castigados todos cuantos han osado faltar al respeto a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, alterando y rompiendo con el orden Constitucional, para propiciar el caos y la anarquía, donde impere el autoritarismo y nada más, por sobre los derechos de los demás, que son la mayoría de los mexicanos, frente a una minoría.

 

 

 

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