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  • Las y los oaxaqueños han hablado. 4 de cada diez le han retirado su apoyo al gobierno.

“Puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todas las personas todo el tiempo.”

Quise iniciar con esta frase, porque más allá de números e interpretaciones, es una descripción de lo que ha ocurrido en Oaxaca con la Revocación de Mandato.

Y no es una provocación, más bien es un recordatorio de que somos personajes públicos y estamos permanentemente siendo calificados.

Podemos construir narrativas, administrar estadísticas, repetir discursos, pero hay un punto en el que la realidad se impone. Y ese punto se alcanzó el pasado domingo 25.

El resultado de la revocación de mandato es claro: el 58.82% votó porque el gobernador se quede y el 38.16% para que se vaya.

Eso quiere decir cuatro de cada diez oaxaqueñas y oaxaqueños están en contra de la continuidad.

En cualquier democracia que se precie de serlo, esto no es un respaldo, más bien es una alerta roja.

Lo dije desde el principio: el ejercicio debía realizarse en las mejores condiciones.

Que no hubiera pretextos, obstáculos ni excusas.

Que tampoco metieran la mano, fuera quien fuera.

Hasta antes del domingo la gente ya había calificado a este gobierno, ya tenían una opinión y ahora la han manifestado.

Por eso la propuesta que presenté buscaba mejorar la ley y no frenar el proceso.

¿Por qué? Porque el descontento se huele, se vive, se escucha y hoy es medible.

Solo aquellos que prefieren engañarse a sí mismos no lo ven.

Permítanme que les cuente lo siguiente: el viernes pasado me detuve en una tienda. Observé a un grupo de personas organizándose para salir a votar. Hablaban de ponerse de acuerdo, de llevar a su familia, de no quedarse callados. Decían, con claridad, que iban a votar para decirle al gobierno que estaban molestos.

Y eso también hay que decirlo, no es mérito de ningún partido u organización.

Es el pueblo organizado mostrando su hartazgo.

Y mientras eso ocurría, en ese momento el aparato de gobierno operaba para incidir en los resultados.

Con todo y la evidente intervención, el abuso del poder y de los recursos, el nivel de rechazo es muy alto. Eso no se puede negar. Son ciudadanas y ciudadanos decepcionados de su gobierno.

Y como lo hemos denunciado en diversas ocasiones en esta tribuna, allá afuera hay una realidad muy dura: la ineficiencia y el desgobierno ganan terreno en cada espacio del poder público, tal es el caso que hoy el gobernador habla de una revisión de su aparato burocrático.

La falta de resultados se está volviendo costumbre. El desorden se normaliza y no vemos que todo esto mejore.

El poder no es para siempre. Negar el descontento social, ignorarlo o reprimirlo es jugar con fuego.

Que conste otra vez que lo estoy diciendo hoy.

La calificación no es la mejor, todo gobierno debería aspirar a estar mejor calificado, porque eso significa que está haciendo su trabajo.

Hoy sabemos que, de seguir como van, en poco tiempo, prácticamente la mitad de la población los reprobará, con todo y que en estos tres años se han rasgado las vestiduras diciendo que son diferentes.

Ahora sabemos la magnitud de la desconfianza de la población hacia sus autoridades.

Nunca nos equivocamos. Hicimos todo lo necesario para se realizara este ejercicio.

Porque mucho se habla y se dice, pero no es lo mismo suponer a comprobarlo. Y efectivamente el pueblo salió el día domingo a manifestar su descontento.

Y hoy ya con resultados, tenemos la certeza de que el gobierno está en un limite muy delicado y casi a punto de un rechazo mayor.

Los que eligieron un NO por respuesta, están diciendo que NO creen cuando dicen que son un gobierno humanista.

Saben que es falso lo que pregonan por todas partes de que “con el pueblo todo y sin el pueblo nada”.

Que las palabras que convirtieron en frases de no mentir, no robar y no traicionar no las han aplicado.

El rechazo del pueblo es una realidad, aunque se esmeren en encontrar argumentos que prueben lo contrario.

Quienes votaron por el NO, saben que Oaxaca vive una realidad muy distinta a la que mencionan en sus discursos.

Es innegable que hay inseguridad, pobreza y corrupción en las diversas esferas del gobierno.

Y, aun así, pretenderán decir que todo va bien.

Ahora me referiré específicamente a las próximas comparecencias del gabinete, ese que también evaluaron el pasado domingo.

Hace un año, en esta misma tribuna nos hablaron de un Oaxaca idílico. Incluso a las y los secretarios les molesta la crítica, que les digamos que su mundo de ensueño no existe.

Esperamos que aquí, en la casa del pueblo, a un año de distancia, tengan respeto y que sean autocríticos y nos expliquen porque ahora están prácticamente reprobados, que se acuerden de no mentir, no robar y no traicionar.

Porque el escenario que nos van a intentar narrar, es de un estado donde no hay pobreza ni inseguridad, donde hay medicinas, buena atención, especialistas y atención digna, donde el campo florece y todo es felicidad. Pero ese Oaxaca no lo vemos y ya vamos a la mitad del sexenio.

Les vamos a exigir un balance real y no cifras maquilladas. Si se aferran a negar la realidad, les va a ser más difícil dar resultados en los próximos tres años.

No se puede engañar al pueblo todo el tiempo.

Las y los oaxaqueños han hablado. 4 de cada diez le han retirado su apoyo al gobierno.

Pasaron la revocación de mandato “de panzazo” como coloquialmente se dice.

La narrativa se les ha agotado. Ya es inútil culpar al pasado o negar responsabilidades.

Porque el pueblo, que siempre ha sido bueno y sabio, antier los evaluó de manera contundente.

 

 

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