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Texto: Joel F. Gálvez Vivar

Fotos: Karol Joseph Gálvez López

 

“A riesgo de provocar enojos y la inconformidad de algunos sectores”.

Con la misa de resurrección, terminan las actividades religiosas, que durante 40 días, conmemoró la Iglesia católica como de Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que por más de dos mil años es recordado año con año.

Signos, que simbolizan el poder humano de que puede vencer todo obstáculo por más grande y duro que sea, máxime con la ayuda de Dios a través de la oración, vencer al enemigo no es nada fácil, tiene múltiples argumentos que se superan con inteligencia y abundante sabiduría, aun el exterminio se puede evitar, Jesús venció a la muerte, nosotros la humillación, desprecios, prepotencias, burlas, marginación, envidias, discriminación, y cuantos más de los poderosos, ya porque tienen dinero o porque ostentan poder público, otros porque apenas tienen raquítico puesto en servicio público.

Entonces necesario es, que en esta hora presente nos alistemos a grandes faenas y resucitemos del ignoto mar que cual náufrago, navegamos sin brújula y sentido de nuestras vidas. Sin saber que estamos muertos en vida, podridos en cuerpo y alma, la soberbia nos domina, aunado a la envidia y falso orgullo, nos aplasta mente y corazón, mientras que la ambición, el poder económico y político destruyen nuestro ser como imagen y semejanza de Dios.

Resucitemos con Jesús, sin olvidar los clavos, la corona y la Cruz redentora de Cristo, fuerza y poder de la divinidad manifestados por el maestro de Nazaret.

Resucitémonos hoy en la dignidad de Dios, resucitemos en gracia del Espíritu Santo; apelemos a la valentía de Jesús, no ser falsos redentores de las causales indígenas, no ser más falsos servidores públicos. Resucitemos en fraternidad de los de abajo, a Jesús le impusieron una corona de espinas, bastón de espinuda caña, cetro de hirientes espinos; raídas vestimentas, cuya capa sorteada fuese entre soldadesca romana.

Resucitemos con humildad de nuestros semejantes. Resucitémonos ahora, para no ser más esclavos de vicios, de derroches de dinero que no tenemos y que ni siquiera es nuestro; de falsos benefactores que no damos un pedazo de pan al que verdaderamente lo necesita, sin embargo, dejamos luminosas propinas a meseros que no los necesitan, de lujosos y caros restaurantes que solemos acudir en merecidas vacaciones, olvidando no solo de estrés sino de Dios, por quien tenemos trabajo, vida y salud. Resucitémonos de nuestra raquítica humanidad, dejemos de ser esbirros de los poderosos, de los que ostentas cargos públicos y nos utilizan para amedrentar a nuestros semejantes. Jesucristo nos habla diciendo: “Misericordia quiero, no holocausto”, “Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Carísimos lectores y seguidores, es hora de oportunidades, de nuevos bríos, es hora de resurrección, tiempo y ocasión de levantar la mirada a nuevos horizontes, es tiempo y hora de construir caminos del éxito, desde abajo, con la ayuda de Dios.

Jesucristo no necesitó oro y es Rey de reyes, Señor de señores; dejemos que guíe y gobierne nuestras vidas, trabajos y nuestra raquítica opulencia.

Felices pascuas, que Dios bendiga nuestra existencia, abundante sabiduría, salud, trabajo amoroso en Cristo Resucitado. Que la paz con vosotros. ¡AMÉN!

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