- Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo
De verdad… de verdad… ¿no hay dignidad en los funcionarios federales?, ¿no hay dignidad ni amor a la patria?, ¿no hay quién tenga vergüenza?, ¿No hay quién tenga un tantito de dignidad? Al Subsecretario de Salud federal, ¿quién le dijo que es médico, o estadista?, a la Secretaria de Protección Ciudadana, ¿quién le dijo que sabe de seguridad? Peor aún ¿quién le dijo a “Ana Gabriela Guevara”, qué ser encargada, directora o comisionada del deporte en el país, era hacer “politiquería”, ¿Cómo le nació la idea de colaborar quitando los fideicomisos en que participaban los deportistas nacionales?, ¿Sabrá de políticas deportivas? Estará consciente que ha pasado a la historia como la peor y muy mala administradora del deporte en México? ¡Qué daño le ha hecho a las generaciones de deportistas que no fueron a los juegos olímpicos y, peor, a los que no apoya!
¡Por favor!, que alguien le diga a la primera magistratura del país que lo siguen traicionando, que sus funcionarios siguen siendo desleales, dejando en mal su gobierno… Que se acuerden que no sólo es protocolo “para tomarse la foto”, ni un evento de performance protestar al tomar el cargo como servidores públicos federales de primerísimo nivel; ya que ellos protestaron cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y en caso de no cumplir la nación se los demandaría, pues, para ello existe el artículo 128, que a la letra dice: “Todo funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo, prestará la protesta de guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen.”
Sin embargo, a la señorita Guevara, eso la tiene sin cuidado, pero fueron “CUATRO MEDALLAS DE BRONCE”, cuatro medallas conseguidas que ¡VERGÜENZA! Lo que tendría que ocurrir es una seria, formal, estratégica y escrupulosa auditoría, que no alcance a “chivos expiatorios” ni “chivas expiatorias”. Lo que confiamos realice el órgano autónomo encargado de las investigaciones federales en el país, según nuestra Carta Magna, o a quien le competa hacer las indagaciones. Así también, ¡Por piedad! ¡Por favor! Que alguien le diga a la primera magistratura del país, que hasta él, que sabe del “rey de los deportes” puede administrar mejor el deporte… Que alguien le diga… que el deporte en el país no puede seguir empantanado, que hay que trabajar hacia el futuro y por el futuro de los niños y jóvenes y por salud física y mental de la sociedad (cultura física). Que no hay problema que la señorita puede seguir en la función pública federal en otro encargo, pero no en el deporte, que puede seguir ocupándose de la “política”, y que puede tener aspiraciones, pero que mire de lejos el deporte, y obvio, no emita discursos inverosímiles y vacíos, para lo cual debemos atender El Discurso como Estructura y Proceso. La Ambigüedad del término “discurso”. (Teun A. Van Dijk-2000). “Existe además otra dificultad. Hasta ahora, he utilizado el término “discurso” de un modo bastante abstracto, al igual que los términos “lenguaje” y “comunicación”. Así, cuando caracterizamos el discurso como un suceso de comunicación, hablamos del discurso en general. De manera similar, aunque distintas, podemos hablar en general de tipos específicos o dominios sociales del uso del lenguaje y el discurso, por ejemplo, cuando utilizamos las expresiones “discurso médico o “discurso político”. “Habitualmente la ambigüedad no genera demasiados problemas del contexto o del texto inmediato (el “contexto”) se puede inferir el significado particular que se asigna al término. Sin embargo, debemos tener conciencia clara de la diferencia teórica entre el uso abstracto del término “discurso” cuando nos referimos a un tipo de fenómeno social en general, y el uso específico que hacemos de él cuando nos ocupamos de un ejemplo concreto o un ejemplar determinado de texto o de conversación.”
12-08-2021







