- Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.
Fiel a su costumbre el Presidente López Obrador ha provocado revuelo en medios sobre la utilidad de la Organización de los Estados Americanos, sobre la integración o no con naciones latinoamericanas y sobre la hermandad teórica de los mexicanos con países como Bolivia, Perú o Guatemala, con alta población de etnias originarias. Ha propalado a Simón Bolívar como una figura eje para los mexicanos en cuanto a la libertad de España y ha apoyado al régimen más autoritario que se ha perpetuado en el poder en Cuba.
Como se dice en Oaxaca, esta visión representa un verdadero “chilaque” –, esto es una revoltura que no nos lleva a nada que no sea discusiones bizarras y distractoras del contexto de la frágil situación sanitaria y económica que atraviesan las familias del enorme mosaico poblacional de nuestro país.
Vayamos por partes: la integración de las familias mexicanas se da claramente hacia territorio de la Unión Americana – en mayor grado hacia Texas, California, Carolina del Norte, Oregón, Nueva York, Pennsylvania, Illinois y Washington.
La inserción de familias mexicanas en comunidades rurales americanas ha revivido pequeños poblados con su aporte empresarial y laboral.
La esforzada mano de obra de origen mexicano hace posible en buena parte que rinda frutos la producción agropecuaria – desde frutas y legumbres hasta el procesamiento de aves, cerdos o bovinos en plantas industriales.
Detrás de la fortaleza competitiva del Medio Oeste americano están doctores en ciencias mexicanos que en Urbana, Illinois, desarrollan nuevos productos a partir de soya, maíz o trigo para exportación o para el mercado interno.
En salud, cientos de médicos o enfermeras canadienses y mexicanos han emigrado por décadas a la Unión Americana convencidos que ahí se reconoce mejor su capacidad y desempeño que en sus países de origen, en los que priva el “influyentismo” o los círculos cercanos de los líderes de los sindicatos.
Haitianos, cubanos, salvadoreños, que emigraron a Florida hace décadas son, ahora, una comunidad de empresarios con fortaleza económica o política que lleva a decidir elecciones presidenciales allá – no en su nación originaria.
En Chicago, la asociación de empresarios de origen mexicano es muy poderosa y clave para el crecimiento cultural, económico y la aceptación que se puede ser unidos en la diversidad.
En las ciudades más prósperas de Texa, los mexicanos cobran cada vez mayor influencia en los medios de comunicación y en la comunidad emprendedora.
En Houston, se escuchan más conversaciones en español mexicano que en inglés.
En la ciudad de Dallas, los mexicanos tienen en Tony Romo una destacada figura deportiva, habiendo tenido sus orígenes en Chihuahua.
Han ido ganando posiciones latinoamericanos que hoy día son congresistas (diputados), diplomáticos, militares, investigadores en ciencias, cantantes, locutores, atletas, educadores, matemáticos o médicos y enfermeras.
Estas evidencias tangibles de integración de latinoamericanos, se han logrado por el esfuerzo y sacrificio de las familias que ven en nuestro vecino del norte una esperanza de una mejor calidad de vida – haciendo de lado la ideología o las utopías fallidas de, Cuba, Venezuela Nicaragua o Corea del Norte.
El caso más complicado de resolver en Latinoamérica no se encuentra en Cuba, sino en Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas o partes de Veracruz. Es tal la profundidad y amplitud del sistema que domina Cuba que sería impensable que ahí haya una transición a la democracia tersa como la tuvo España. Son muy fuertes los amarres de la élite cubana sobre la población, ya que ellos dominan el abasto de alimentos, energía, transporte, educación y salud. No va a ocurrir un colapso en Cuba porqué no es ya un caudillo visible quien domina, sino todo un entramado de agentes encubiertos de la élite gobernante, a quien nada les impide pasar por encima de los derechos humanos de la gente.
La situación de dominación que se está dando en las entidades federativas mexicanas fallidas, es mucho más preocupante que la de Cuba y como
ciudadanos mexicanos debiéramos de estar más interesados en contribuir a resolver sus enormes desigualdades que las que hay en Bolivia, El Salvador o Haití. El discurso político que nos llama a enfocarnos en el resto de Latinoamérica no es nuevo, ya que entre 1970 – 1982 lo vivimos a diario, con muy pobres resultados y enormes fracasos.
Los argentinos se sienten europeos – cuasi franceses o ingleses y a México lo ven con cierto desdén. Los chilenos vivieron dictadura de la gruesa, no como la nuestra –calificada como dicta blanda. Los brasileños viven en su propio planeta con un sistema político conflictuado y con mayor desigualdad social que nosotros. Los militares sudamericanos siempre han tenido el presupuesto por el mango con lo que se han lanzado a aventuras bélicas como la Guerra de Las Malvinas contra potencias muy superiores y han derrochado al por mayor como en Venezuela – que contaba con aviones Mirage, pero no con agricultura propia.
La historia de Simón Bolívar es de fracaso en cuanto a que persiguió una utopía.
México abarcaba desde buena parte de Centroamérica hasta la frontera oeste actual con Canadá. Fuimos perdiendo territorios por diversas razones, siendo la principal el que cada uno de los Presidentes de aquellos tristes años se sintió un iluminado que tenía que imponer su visión personal y estilo de gobernar sobre todos los demás.
Sentirse el poseedor de la verdad única llevó al paredón a Iturbide, al exilio a Plutarco Elías Calles y a un final violento en el restaurante de La Bombilla a Alvaro Obregón. Las lecciones de la historia son contundentes: cuando a la economía mexicana le va muy mal, sus familias emigran total o parcialmente al norte no a centro o América del sur, cuando nuestros Emperadores, Presidentes (civiles o militares) se han empeñado en imponer su visión personal y estilo de gobernar terminan en rotundos fracasos o dolorosos exilios.
No he conocido entre mis estudiantes oaxaqueños alumnos interesados en emigrar a Bolivia, Perú, Cuba, Ecuador, Guatemala o Argentina. La experiencia de sus familias está en California, Oregon, Carolina, Ilinois o Texas – para bien o para mal aquí se cumple aquello que geografía es destino.







