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México grita por medicinas, el desabasto mata

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez. @aguilargvictorm

Sandra llegó temprano al Hospital de Especialidades de Oaxaca con su pequeño hijo Leilani, diagnosticado con leucemia. Llevaba sus estudios médicos y en el corazón la esperanza de que hubiera el medicamento que su hijo necesitaba. No fue así. Una enfermera, con rostro cansado, les explicó a ellos y a otros niños en el mismo caso, que no había “quimios” y que debían volver la próxima semana, ellos les avisaban cuando hubiera medicamentos. Para Leilani, “volver la próxima semana” significa que su tratamiento queda incompleto y su vida en riesgo.

Historias como la de Sandra y Leilani se repiten en todo el país. Por eso, el pasado sábado 9 de agosto, miles de personas en diversas ciudades se unieron en la marcha nacional “Queremos Medicina”, convocada por Nariz Roja a nivel nacional y por la asociación Con Causa en Oaxaca. El objetivo: exigir el abasto de medicamentos, especialmente oncológicos para niños, pero también para pacientes renales, diabéticos y con enfermedades crónicas.

Familias, médicos y voluntarios caminaron con un muñeco de peluche en mano y playeras blancas, tal como se solicitó en la convocatoria, como símbolo de vida y esperanza. Hubo manifestaciones en al menos una decena de ciudades, porque el problema prevalece en todo el país, todas con el mismo grito: “Queremos Medicina”.

El reclamo no es nuevo. Desde hace años, el desabasto en hospitales públicos ha sido reconocido por organizaciones civiles y confirmado por testimonios de pacientes. Aunque el gobierno federal asegura que ya ha adquirido entre el 68 % y el 96 % de los medicamentos requeridos para el periodo 2025–2026, la realidad en salas de espera y farmacias hospitalarias desmiente la estadística. La compra no siempre significa entrega a tiempo, y la entrega no siempre significa que el paciente la reciba. Y en un escenario más trágico que el enfermo esté vivo cuando el medicamento llegue. En materia de tratamientos médicos el tiempo es vida.

En México, 43% de pacientes carecen de medicinas; en Oaxaca, 6 de cada 10 hospitales reportan desabasto grave, causando muertes prevenibles y dejando a miles sin tratamiento, ni esperanza.

En Oaxaca, la asociación Con Causa lleva desde 2020 tendiendo puentes entre la sociedad y los pacientes pediátricos con cáncer: recaudando fondos, entregando tratamientos y visibilizando un problema que las cifras oficiales maquillan. Su trabajo ha demostrado que cuando el Estado falla, la ciudadanía puede responder con espíritu solidario… pero no debería ser así. Las medicinas no son un lujo ni un favor: son un derecho humano.

La marcha del sábado fue más que una protesta: fue un acto de amor y de defensa,de la vida. Padres que han enterrado a sus hijos acudieron para que otros no pasen por lo mismo. Niños levantando carteles con mensajes simples pero devastadores así como gritando consignas: “La salud no es un privilegio”, “No queremos más conciertos, queremos medicamentos”, “Esta marcha no es de fiesta, es de enfermos que protestan”. En cada ciudad se escucharon historias de desesperación, viajes a otras entidades para conseguir medicinas, rifas y ventas para cubrir tratamientos que deberían ser gratuitos.

El eco de la marcha se escuchará mientras haya un enfermo que sufra innecesariamente la negligencia de un gobierno insensible, que no atienda el dolor evitable. ¿Qué no es esto crueldad? Las autoridades deben comprometerse con un plan de abasto continuo, transparente y supervisado por la sociedad civil. Se requieren mecanismos que aseguren que las compras no se queden en bodegas y que la burocracia no interrumpa tratamientos. Cada día de retraso significa la diferencia entre la vida y la muerte para miles de pacientes.

Este no es un asunto de partidos ni de ideologías; es un asunto de humanidad. Hoy es Leilani, mañana puede ser cualquiera de nuestros hijos, hermanos o amigos. Y mientras la respuesta oficial siga siendo insuficiente, la ciudadanía seguirá en las calles, recordando que la vida no se negocia.

La marcha del sábado nos dejó una lección: la voz de miles puede incomodar al poder, pero también puede salvar vidas. Ahora, la pregunta es si esa voz será escuchada o ignorada. Porque cuando un Estado falla en lo más básico —proteger la vida de sus ciudadanos— no solo pierde credibilidad: pierde su razón de ser.

La exigencia sigue en pie. Queremos medicina, queremos vida, y dejaremos de marchar hasta que ambas estén garantizadas.

@aguilargvictorm

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