Claudia BLUM*
CDMX.- Siempre hay una primera vez… y ser guionista en El Niñero fue la mía.
Un proyecto que me acompañó durante tres años y que se quedará en mi corazón para siempre.
La creadora de El Niñero, Carolina Rivera —una mujer incansable, con un cerebro creativo deslumbrante— me abrió las puertas a su cuarto de escritores. Al principio no podía evitar sentirme intimidada. Había muchas guionistas senior con una pluma impecable. Sin embargo, yo tenía algo que, me daba una ventaja enorme: El Niñero era de mis tierras tapatías.

Este proyecto me permitió compartir y recordar formas de vida distintas a las que habitamos en la Ciudad de México. Volver al origen, aunque fuera desde el papel. A esa vida campirana mezclada con Mercedes Benz y estiletos. Pero también me enseñó un oficio: cómo llevar una historia a la pantalla.
Un día, estando en el set de la filmación, se me acercó un ranchero curioso —de esos que ven cámaras y dicen “¿no necesitan a un extra guapo?”—. Después de contarle que era una producción de la Ciudad de México y que yo era de Chapala, aunque llevaba más de diez años viviendo allá, me dijo algo que me tocó el corazón:
“¡WOW! ¡¡¡Una chava de Chapala está trabajando en una serie de Netflix!!!” No pude evitar sentirme la Carrie Bradshaw de Chapala. ¿En qué momento di por hecho que esto era normal? ¡¡Estoy viviendo mi sueño!!

Empecé como asistente en la primera temporada y coescribí un episodio con mi querida compañera Flavia Atencio. El cuarto de escritores era de 10 a 2 pm: cuatro horas intensas de imaginar, soñar y discutir. Mi trabajo era tomar notas de absolutamente todo lo que se discutía en el cuarto. Y claro, yo tenía mucho que decir, pero tenía que malabarear entre “acordarme de mi idea” y “apuntar la del escritor que estuviera hablando”. Poco a poco me fui abriendo caminito hasta que, en la tercera temporada, pude ser escritora, tener mi propio episodio (el cuatro) y dedicarme a lo que más me gusta: debatir. Porque lo que no se defiende en el cuarto… termina en la pantalla. ¡Aguas!

SPOILER ALERT (bríncate este párrafo si no quieres saber):
En la tercera temporada, Violeta, la exnovia de El Niñero, regresa con un secretote bajo el brazo: mi bebé… es nuestra bebé. ¿¡QUÉ!? Me encantó discutir las infinitas posibilidades de cómo esta historia podía desarrollarse a lo largo de la temporada. Porque, pensándolo bien, suena al clásico de telenovela: “¡estoy embarazada!”. Sin embargo, esta serie está cargada de humanidad y pone en el centro lo verdaderamente importante: la familia.
Esa que se construye con la tía que enviudó, la vecina de toda la vida… y, en este caso, el bebé de la ex. Porque al final del día, un bebé no es un pecado ni algo de qué avergonzarse.
¡Un bebé es una vida! Y crear vida es lo más sagrado que existe.
El Niñero es el tipo de serie que lucharé por seguir contando…. esas que tocan temas controversiales y los suaviza… ¡los humaniza!

*Licenciada en Teatro y Actuación en la Universidad Anáhuac con especialidad en Dirección Escénica. Estudió el programa de posgrado “El ABC del Showrunner” a cargo de Lemon Studios. “Asistente showrunner” de los showrunners Fernando Sariñana y Carolina Rivera, en las series Guerra de Vecinos, Madre sólo hay 2 y Contra las cuerdas. Trabajó como guionista durante tres años en la serie de Televisión El Niñero disponible en Netflix. Seleccionada por Netflix para ser “Showrunner Traineer” en la filmación de la tercera temporada de El Niñero.








