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  • Mtro. José María Villalobos Rodríguez.

Vivimos sin abasto suficiente y bien administrado del agua – no sólo por las autoridades sino por todos los usuarios (agropecuarios, forestales, industriales, campo, ciudad, centros turísticos, sitios de esparcimiento y deporte, hospitales, escuelas, tiraderos de basura, sistemas de transporte, familias y todo nivel de gobierno o asociación civil).
Esto, aunque suene a lección de párvulos no es respetado ni en Alemania y mucho menos en Latinoamérica – donde son tan frecuentes los mal llamados “desastres naturales” originados en eventos hídricos. En Alemania y otros países europeos desarrollados los “planeadores urbanos” menospreciaron los cauces de los ríos y por décadas permitieron que asentamientos urbanos- con todo tipo de edificaciones- se construyeran sin tomar en cuenta que las aguas siguen su cauce natural y no debe sorprender que grandes avenidas se lleven inmuebles como si fueran pinos de boliche.
En las clases de historia universal y geografía humana aprendimos en la Preparatoria del gran maestro Isidro Vizcaya que en toda civilización las ciudades se iban formando a orillas de grandes cuerpos de agua y que sólo con los avances de la ingeniería sanitaria y un plan de inversiones sólido se pudo dar sentido a que pudieran albergar cientos, miles de habitantes. Esa explicación del Ingeniero Vizcaya es de una validez eterna.
Conlleva la obligación de cada generación de tratar la agenda del agua con gran seriedad para que nuestros descendientes la tengan a su favor – no en contra.
En Latinoamérica y por generaciones hemos sido omisos en invertir en buenos proyectos de agua (desde potable hasta tratamiento residual). Hacemos mínimo caso a captar agua de lluvia, seguimos tomando duchas de 20 minutos, desperdiciamos millones de litros entre fugas y usos frívolos del líquido, vertimos millones de aguas negras a ríos, cuerpos de agua y océanos y sobre todo fácilmente culpamos al “gobierno” de todo.
En tarifas de agua de uso industrial tenemos grandes “secretos de estado”, los agricultores que operan distritos de riego en las partes más desérticas del norte de México se sienten con derecho preferente y se escudan en lo vital de sus cultivos, pero no la cuidan y por el mismo calor se evaporan grandes volúmenes.
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Dedicar 70% del agua disponible a lo agropecuario no sólo no es un avance, sino un gran desperdicio. China hoy, igual que Israel hace décadas está invirtiendo en hidroponia (agricultura controlada con un estricto manejo económico del suelo, los nutrientes, el agua y la mano de obra). En el futuro próximo China busca producción agrícola de manera sustentable, ya no con uso de grandes extensiones de suelo a la intemperie.
Israel es el principal proveedor de aguacate a la Unión Europea -pero a diferencia de Michoacán- lo hace sin necesidad de miles de hectáreas de suelo, sin el acompañamiento de sicarios que extorsionan a los agricultores y con un manejo eficaz bajo hidroponia, científico del crecimiento de la planta y su rendimiento en fruto.
Brasil y Argentina tienen gigantescas superficies para cultivos de gran demanda mundial. Brasil produce al año cerca de 40 mil millones de toneladas de azúcar, 101 mil toneladas de granos alimenticios, un millón 152 mil toneladas de jugo de naranja y 3 millones de toneladas de café. En derivados industriales es gran productor de etanol de caña de azúcar con lo que se mueven la mayor parte de sus vehículos de combustión interna. Con un total de área forestal de cerca de 5 millones de kilómetros cuadrados de Brasil en 2015 el gran aporte que daba al mundo como un pulmón natural se ha ido disminuyendo por incendios no controlados y al sacrificar miles de hectáreas de ella para sembrar soya o caña de azúcar – con los efectos negativos sobre suelo, cuencas de los ríos y en general el entorno ambiental. Los frecuentes incendios forestales en el mundo son síntomas del pésimo uso de los recursos naturales que ya dan muestras de agotamiento. 2020 y 2021 han sido catastróficos para la humanidad y en especial Australia, el oeste de Estados Unidos y Canadá, regiones extensas del Mediterráneo europeo y para México. Estos no “desastres naturales”, son de origen antropogénico y en todos está involucrado el abuso del suelo, aire y agua. Las sequías que hoy día se presentan son cada vez más prolongadas y dañinas. Zonas productoras por décadas de trigo, canola y otros granos en Canadá ven ahora que entre el calor y la falta de humedad deben cambiar a otros cultivos. Ciudades del sur de California, el centro de Nevada se ven en peligro de ser inviables en términos de sustentabilidad. La famosa represa Hoover se ha visto con los niveles históricos más bajos de agua – que impiden generar electricidad o derivar a ciudades en el sur de Estados Unidos. La zona fronteriza industrial en México y Estados Unidos pueden peligrar por falta de agua bien administrada.
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La Academia Mexicana de Ciencias publicó en 2008 un documento de nombre “Agenda del Agua”. Sus conclusiones y pronósticos son válidos y contundentes. Me permito compartírselas con la seguridad que es valiosa y vigente.
“Consideramos que el uso y aprovechamiento del agua tiene que convertirse en una de las grandes prioridades políticas, sociales y académicas del país. Por lo visto el agua es más una temática noble y cómoda para elaborar discursos, declaraciones, para organizar ceremonias y conmemorar determinados días o en reuniones especializadas gozando de los grandes reflectores de los medios (Foro Mundial de 2006, por ejemplo), que es una prioridad nacional en sentido estricto. Por desgracia el caso mexicano no parece excepcional en términos planetarios, según lo afirmaba una y otra vez un experto mexicano, gran conocedor de la situación ambiental mundial (Urquidi, 2007). Si la contaminación dista de haberse contrarrestado, si la sobreexplotación de acuíferos aumenta y no se atiende, si se sostiene altos índices de mortalidad, morbilidad y nivel nutricional de los niños que podrían evitarse mediante mayores inversiones; si se ve lejana la cobertura general del agua de buena calidad y de servicios de alcantarillado; si la CONAGUA y en general el sector no es prioritario en la asignación presupuestal federal y estatal, si la recaudación federal y local por derechos y servicios no aumenta como debiera, si la inversión privada no ha compensado ni por mucho la reducción de la inversión pública; si el manejo estatal del agua es confuso, contradictorio y parece propiciar acaparamientos y control de parte de grupos pequeños de usuarios y si la información es confusa, ambigua, de mala calidad, desconfiable ; si el acaparamiento del agua es cada vez más notable y dramático; se abre sin duda un problema absolutamente prioritario que al menos debe ser motivo de investigaciones cuidadosas y detalladas con las luces de la Academia Mexicana de Ciencias. Pero también debe llevar a un convencimiento general (gobierno, iniciativa privada, académicos, ONG, instituciones financieras) que el manejo del agua en México debe modificarse de manera drástica en el plazo más corto. Los usos y aprovechamientos del agua no parecen ser muy sensibles a los cambios político-electorales, es decir, tienen una fuerza y una inercia propia que debemos conocer a fondo. Es una prioridad no sólo federal y ni siquiera de Estado, es decir tienen una fuerza y una inercia propia que debemos conocer a fondo; es más bien un problema nacional, una asignatura de la nación en su conjunto”.
Más claro, ni el agua.
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