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  • Dejar de hacer o aplazar las actividades y responsabilidades para otro momento, puede convertirse en un hábito que si se vuelve crónico afecta la autoestima y la confianza de las personas, alertó María Martina Jurado Baizabal, profesora de la Facultad de Psicología.

También disminuye considerablemente la capacidad de sentirse eficaces; además, esta decisión, que es voluntaria, en algunos casos se vincula con trastornos emocionales como la depresión y la ansiedad, indicó.

  • Hoy en día, esta conducta se ha convertido en objeto de estudio para sicólogos, neurocientíficos y expertos en salud conductual, quienes han descubierto que procrastinar está estrechamente relacionado con el manejo deficiente de emociones como la ansiedad, la inseguridad, el miedo al fracaso y la baja autoestima. De hecho, posponer tareas importantes genera un alivio momentáneo, pero también puede convertirse en la puerta de entrada al estrés crónico, la culpa persistente y trastornos como la depresión o la ansiedad generalizada.

FUENTE: Excélsior

EXPERIENCIA

A lo largo de mi vida, siempre tuve el pensamiento de dejar las cosas para después: mis tareas de la escuela, mis proyectos en la universidad, incluso hasta para lavar mi ropa o bañarme; cuando recordaba que tenía que hacerlo, lo primero que pensaba era “qué flojera, mañana lo hago, total a nadie le afecta que yo no lave mi ropa o me bañe hoy”, y así, cualquier cosa con mi aspecto personal o con mis actividades y tareas.

El problema fue que esos pensamientos, poco a poco, me fueron ocasionando problemas en mi vida estudiantil, al grado de dejar de hacer las cosas por completo; sentía que ya no tenía sentido alguno el hacerlas, aunque me ocasionaran dificultades; yo seguía pensando que eso qué importaba si yo no le causaba problemas a nadie, que yo mismo iba a pagar las consecuencias, si es que había.

Con el paso del tiempo perdí el sentido de hacer las cosas, mis sueños o metas ya no me interesaban, sin darme cuenta ya no me importaba nada, llegué al grado de pensar que yo ya no podía hacer nada en esta vida, porque todo lo dejaba para después; aplazando todas mis actividades para el mañana, pensando en que algún día terminaría la universidad, tendría un trabajo o mejoraría mi aspecto, pero no fue así. Poco a poco fui dejando las cosas para ese “algún día”, pero esas actitudes me hicieron sufrir mucho, fueron grandes frustraciones en mi vida.

Cuando llegué al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, comencé a identificarme con los compañeros que hablaban de lo que yo sentía, me compartieron sus experiencias de cómo fueron trascendiendo esos problemas para

sentirse mejor y poder hacer las cosas sin miedo o venciendo esa flojera que era la que, en mi caso, me llevó a estar encerrado mucho tiempo en mi cuarto, dejando todo para después.

El día de hoy, ya con grupo, retomé la universidad, y con el apoyo de los militantes estoy reviviendo esos sueños que algún día tuve, para ahora sí prepararme y algún día poder vivirlos, como muchos de mis compañeros

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