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Psicólogos, México DF, nos dice:
Temor excesivo a hablar en público, esta fobia puede generar serios problemas en la vida de las personas que la padecen. Por lo general, se desarrolla en la infancia, cuando los niños asisten al colegio y les da miedo exponer, van creciendo con ese miedo que posteriormente se convierte en fobia hasta afectar la vida profesional del individuo.
EcuRed nos dice:
Los sujetos con lalofobia pierden el control y comienzan a sentir un miedo o pánico cuando deben o se enfrentan a una situación con referencia a hablar. Se dice que el afectado no teme en sí al hecho de comunicarse, sino al uso de su voz. Como en la mayoría de las fobias, su origen puede ser a raíz de un evento traumático muy fuerte. Dentro de las principales manifestaciones en el plano físico de la lalofobia se pueden observar: la aceleración del ritmo cardíaco y respiratorio, sensación de ahogo, dilatación pupilar, entre otros síntomas bastante comunes en los cuadros de ansiedad. Es común que la persona los maximice de forma negativa o pesimista. La principal característica conductual de este tipo de fobias: la evitación.

HISTORIAL
En la primaria no me gustaba participar en las clases, me hacía la distraída con tal de que no me preguntaran; cuando pasaban lista me daba temor contestar porque había una compañera que se llamaba igual que yo, por eso dudaba en responder, por miedo a que a la que llamaran fuera a ella, no a mí.
En la prepa tenía un maestro que, frecuentemente, me pasaba a leer un libro gordo y con letras muy pequeñas, me causaba mucho sufrimiento el verme parada enfrente de la clase y estar leyendo, empezaba a confundir letras, las veía borrosas, me perdía de renglón y llegaba a tartamudear; sentía la cara y oídos muy calientes, y cuando el maestro me decía que me sentara, sentía mucha vergüenza a que pensaran que no sabía leer estando en preparatoria, me la pasaba con la cabeza agachada; realmente ya no ponía atención a la clase, solo le hacía caso a mis pensamientos que me reprochaban cruelmente el haber hecho el ridículo.
En la carrera, no soportaba estar mucho tiempo en el aula, especialmente con maestros que me imponían y que sabía que me harían participar; el estar en esas clases me ponía muy mal y deseaba que no llegaran los maestros, cuando era así estaba tranquila, pero cuando era lo contrario empezaba a sentir muchas ganas de ir al baño. Durante la clase empezaba a rayar libretas con garabatos o dibujos.
Cuando se trataba de exponer, desde que nos decían de la exposición empezaba a sufrir porque sabía que no podía hablar en público, con las miradas del catedrático y de los compañeros sobre mí. Me la pasaba imaginando anticipadamente el ridículo que podía hacer; trataba de preparar mi exposición de una forma muy exigente y cuando llegaba el día era mucho sufrimiento, desde el momento en que me paraba de mi lugar y daba unos pasos al frente sentía que mis piernas temblaban y que iba a tropezar, por esa sensación caminaba con torpeza y empezaba a temblar, a estar inquieta, movía las manos o me las ponía en la espalda, tronaba o entrelazaba mis dedos y me los lastimaba provocándome dolor, ya que sentía que ese dolor distraería mis miedos y nervios ( nunca funcionó), era más fuerte todo el temor que sentía; me daba taquicardia, tenía mucha necesidad de morderme las uñas como siempre lo hacía cuando empezaba a sentirme nerviosa.
Al estar exponiendo hablaba rápido, sentía que no coordinaba la secuencia de lo que tenía que exponer, porque una parte de mi cabeza estaba muy enfocada a decirme: “lo estás haciendo mal”, “te estás equivocando”, “otra vez estás haciendo el ridículo”, y olvidaba todo lo que había estudiado. Al terminar, nuevamente venía el reproche, recordándome la mediocridad de ser humano que era. En esos momentos sentía muchas ganas de botar la carrera porque no servía para nada.
Me daba cuenta que todo lo experimentaba al estar frente al público y hablar. Esos miedos se iban haciendo más fuertes, al grado de sentir que la cabeza me empezaba a retumbar. Acostumbraba a llevar café, y cuando trataba de tomarlo empezaba a temblar y no podía controlar mis movimientos, me daba mucho miedo porque ese síntoma nunca antes lo había sentido, llegué a pensar que me estaba dando el “mal de Parkinson”; empezaba a marearme y una sensación de que mi respiración se entrecortaba, me daba mucha ansiedad. Era desesperante no saber por qué me ponía así cada vez que enfrentaba una situación donde tuviera que estar frente a un público y tener que hablar, y peor aún, que todo eso estaba empeorando y no podía controlarlo.
Me ha ayudado mucho el estar en la terapia del Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos, a pesar de que al principio no me gustaba porque tenía que hablar frente a los compañeros. El comentar que me daba miedo hacerlo frente a un público me ayudó bastante; muchas veces sentí que era tonto porque sufría al hacer algo tan común, que cualquier persona lo realiza de manera natural. Sentí que el decirlo sería causa de burla, pero me dio confianza cuando me dijeron que me diera la oportunidad de comentarlo poco a poco y hasta donde yo lo deseara. Que ellos no me iban a juzgar.
El enfrentar ese miedo, de poco a poco, me ha ayudado en mi vida personal y laboral. El día de hoy mis síntomas ya no son como los de antes, y de alguna manera eso me da seguridad y confianza en mí.

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