- Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo.
¡La tremenda corte! ¡Arde! ¡Arde! ¿Y quién sabe cuándo deje de arder? En verdad, que el Tribunal Federal Electoral se está divorciando, como nos decían en la secundaria técnica 19(ETI-19), de Coatzacoalcos, Veracruz, por aquellos años 80; algo inédito, inusual, con probabilidad seria de malos manejos y excesos en la autoridad de su Presidente, ahora posiblemente destituido, dicen que es una “descomposición”, – más bien, es arrogancia, soberbia, corrupción, abuso de autoridad-, y manejos administrativos dudosos, desde luego, deslealtad como servidor público para con la sociedad. Lo cierto es que, falta en la honradez, en la lealtad y en la probidad, así como a la protesta de cumplir y hacer cumplir la ley, de acuerdo a la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, en su Sección 7a. de la Protesta Constitucional, artículo 220. “Los magistrados y las magistradas electorales rendirán la protesta constitucional ante la Cámara de Senadores; los Comisionados y Comisionadas de la Comisión de Administración que sean miembros del Consejo de la Judicatura Federal, lo harán precisamente ante este órgano”.
Por otra parte, la economía, el tormentoso desempleo, la extrema pobreza, la migración, la delincuencia en sus diversas y muy variadas formas sigue muy acelerada, que desemboca en inseguridad nacional, estatal y local, sigue descontrolada, pero descontrolada ¡caray! y sus respectivos titulares pensando en la “inmortalidad del cangrejo” o, peor aún, en la sucesión presidencial. No digamos en la salud, pero ¿por qué no? siendo serios, en salud, la federación no sólo falla, sino necesita “lazarillos”, con todo el gran respeto a lo que la palabra y sus alrededores envuelve.
Si, en el terreno de la salud, insisten los funcionarios de altísimo nivel el regreso a clases presenciales, y estamos en rojo, si en el famoso y desgastadísimo ¡semáforo rojo!, sin protocolos gubernamentales de salud federales, estatales y locales, para evitar el contagio de la Covid-19. Sí, sabemos que ¡urge! ¡urge! reactivar la economía, pero más parece que no importamos los ciudadanos, pero acuérdense señores funcionarios… que si no hay población, -no existe uno de los elementos del Estado. En ese sentido, y para no variar, gracias a sus permisos, se vuelca el comercio (algunas empresas), vago y vulgar en rumores que cubrebocas sirven, o son más eficaz para evitar el contagio de la pandemia, con la pretensión de seducir a los ciudadanos para comprarlos, cual gel, o sanitizantes, evitan el contagio, o cuál es el mejor celular para navegar en redes sociales y obtener la mejor imagen o la mejor “comunicación”; ocasionando mayor confusión, incertidumbre y zozobra. Por cierto, también el miedo puede ocasionar la muerte de la gente, sin que sea regulada esa venta descarada y la publicidad irresponsable, debiendo atenderse lo comentado por Marian, Marco (BENJAMÍN Y EL PROBLEMA DE LA REPRODUCTIBILIDAD TÉCNICA Aufklärung. Revista de Filosofía -2016) Walter Benjamin analizó la condición de la vida de los seres humanos bajo el cambio aportado por la era de la industrialización masiva y de la industria de la cultura. Benjamin es un crítico del progreso tecnológico. En sus estudios y colaboraciones con Adorno y Horkheimer se nota una fuerte esperanza en una función emancipatoria de los instrumentos tecnológicos, que como podremos ver se convertirá en una falsa utopía. Perdida la unidad original, la cultura occidental se encuentra interrogándose a sí misma sobre el sentido de la vida y de la verdad en un entorno hecho de grandes metrópolis, de nuevos medios de comunicación y tecnologías y de un radical consumismo industrial. Benjamin no comparte la idea del tiempo producido por el progreso, la de un tiempo lineal que mira a un futuro progresista. Lo que estaba acarreando el progreso y la llegada de las nuevas tecnologías industriales es analizado por Benjamin en sus escritos, lo que nos permite entender mejor la crisis del individuo contemporáneo, descrita también por Adorno y Horkheimer. En su escrito París, capital del siglo XIX1 describe el nacimiento de nuevos lugares donde la mercancía podía ser expuesta y vendida. Los Pasajes eran este lugar mágico donde la industria cultural tenía sus almacenes. Estos altares formaban visiones de abundancia y estaban construidos con material frío, sus techos eran de hierro y vidrio: “Esos Pasajes, una nueva invención del lujo industrial, son pasos, techados de vidrio y enlosados de mármol, a través de bloques de casas, cuyos propietarios se han unido para semejantes especulaciones. A ambos lados de esos pasos, que reciben su luz de arriba, discurren las tiendas más elegantes, de tal modo que un pasaje es una ciudad, incluso un mundo en pequeño” 06-08-2021







