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Jasmina HARTIANA*

Estuve platicando con una amiga, una como yo que ronda los cuarenta, ella recién entrada. Se encuentra en crisis, de esas donde dices ya me encuentro en la mitad de mi vida y cuál ha sido el sentido de todo esto, para donde jalo, qué hago ahora que mi familia está creciendo y mis hijos en un abrir y cerrar de ojos entrarán a la universidad. La verdad no me gusta creer que todos tenemos que buscar un propósito en esta vida, me parece una idea bastante vanidosa y otro poco tonta. Si, me parece como el título de un folleto de una secta que se ha puesto de moda. Que es prima hermana de tener una misión importante que cumplir en este planeta. No lo sé, no me convence.

Bueno, ella me hizo la pregunta del millón; a qué venimos a este mundo y yo le respondí que, a sufrir, ella se me quedo mirando con sus grandes ojos inteligentes, su piel hermosa y esos rizos que la hacen tan linda, ella siempre huele bien, tiene el aroma de los pasos pausados y seguros. Ella me respondió como buena sibarita que estaba equivocada que nuestro trabajo en este mundo consistía en pasarla lo mejor posible. Que la vida era una experiencia exuberante y placentera. Después de reflexionar yo digo que ambas tenemos razón la vida es dura y suave al mismo tiempo, pero nadie se salva de pasar una crisis al menos en toda su vida. Luego, meditando más y más creo que me equivoqué con mi respuesta en ese momento. Porque las experiencias malas o buenas todos las sobreviviremos. Entonces cual es el sentido de estar aquí, porque dormir, comer, trabajar, coger y volver ir a dormir, no es suficiente para todos. Algo falta en esa ecuación y la palabra propósito o misión la verdad es que me choca bastante. Porque por ejemplo si yo tuviera una misión bastante clara en mi vida sería la más simplona; que es empujar a las demás personas a hacer las cosas, si queridos lectores yo nací con prisa. Si a alguien le pagaran por pisarle los zapatos a la gente que camina lento en la calle yo lo haría gratis. Y como pueden ver no tiene nada que ver con tomar un curso de coach espiritual de dudosa procedencia.

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Entonces, volviendo al tema a qué rayos venimos a pasar pesares y vivir orgasmos extraordinarios. Yo creo que venimos a hacernos preguntas, sí, todo tipo de preguntas. Desde las más estúpidas hasta las profundas, cómo ¿por qué me gusta el chocolate envinado?, hasta porque me enfurezco demasiado cuando me topo con esta circunstancia. Porque no me agradan el contacto humano, aunque solo sean saludos amigables. Todas esas preguntas considero que nos llevan a conocernos y establecer límites o a estar dispuesto a vivir nuevas experiencias. Y las crisis de la edad son importantes porque nos retan con preguntas incomodas, nos hacen mirarnos al espejo y decir, creo que he crecido y ahora ya no me agradan tanto las cosas cotidianas, es hora de salir a buscar respuestas. Es una etapa entre complicada y rara, pero no podemos salirnos del carril y evitarlas solo porque no estamos dispuestos a sufrir ninguna molestia, eso creo resulta un tanto infantil. Además, quienes somos bastante aficionados al masoquismo sabemos que la diversión de sufrir por lo general se acaba demasiado pronto.

*Soy fotógrafa y cuentista. Cuentos: Anabel, Miel con veneno, Imágenes que cuentan, Entretenimiento para Adultos, El Cerrajero, y la Chica del Tutu. jazminahartiana@hotmail.com

 

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