Compartir

Selene PADILLA DESGARENNES*

La habitación de Manuel es un lindo hogar para unos simpáticos juguetes entre los que se encuentran un oso de peluche, varios cochecitos, un robot que habla, dos balones de fútbol, un pequeño ejército de soldaditos y un caballo de Madera. Todos estos juguetes convivían muy en paz hasta que su dueño decidió armar con ellos un ejército dedicado a molestar a su prima María, la hija de los tíos de Manuel que se quedarían a vivir con ellos hasta que encontraran una nueva casa.

Eso significaba para Manuel que tendría que convivir con lo que mas detestaba: las niñas; a cada rato se preguntaba porqué tenía que soportar una prima, en lugar de tener un primo.  Le parecía algo terrible tener que convivir con una niña en lugar de un niño, pues pensaba que eran tontas, lloronas y horribles. ¡No lo podré soportar! dijo el niño. Las niñas son débiles y no se puede jugar con ellas a las luchas. Tengo que pensar en algo pronto para que no se quede en mi casa.

Entonces, el niño tomó sus juguetes y les dio a todos una misión: los soldaditos se encargarían de sacar las fastidiosas muñecas que trajera su prima y el oso de peluche de no dejarla dormir; los cochecitos aplastarían los ridículos juegos de té; el caballito de madera destrozaría su fastidiosa caja de música; y el resto espiaría todos los movimientos de María.

Entre todos lograrían que se marcharan lo más rápido posible.

Cuando llegaron sus tíos y su prima, Manuel y sus juguetes ya tenían todo planeado; después que María terminó de acomodar sus cosas en el cuarto, comenzó el ataque: el primero en atacar fue el caballito de madera que fue directo a la cajita de música llevándose para su sorpresa una patada de la bailarina dejándolo fuera de combate.

Después, los soldaditos fueron derrotados por las muñecas que eran expertas en karate. Siguió el turno de los cochecitos que aplastaron solamente la alfombra pues los juegos de té eran veloces; no pudieron darles alcance. Por último, el oso, que al llegar la noche, fracasó tamborileo en el cuarto de María para no dejarla dormir, pero a la prima le gustaba el sonido del tambor.  Todo su plan había fracasado, Manuel estaba furioso.

Al día siguiente, Manuel reto a María a unas competencias y el que ganara tendría que irse. Los papás se rieron mucho y se quedaron a observar la competencia.

María terminó ganando todos los juegos y así fue como Manuel aceptó que las niñas no son tontas ni débiles y ahora se lleva muy bien con María que le ayuda a hacer su tarea.

 

*Comunicóloga con Maestría en Habilidades Empresariales, locutora y actriz.

FB: Selene Padilla Desgarennes

Compartir