- Por Esteban Ortiz Rodea.
El planeta tierra tiene cuatro grandes sistemas que están conectados entre ellos, estos son: la atmósfera (aire), la biosfera (biodiversidad), la hidrosfera (agua) y la litósfera (esfera de piedra); esta combinación genera las condiciones que favorecen la vida de las plantas, de los animales, los microorganismos y de todos aquellos elementos que aportan para que disfrutemos los humanos de una de vida maravillosa, que descubrimos cada mañana cuando abrimos los ojos y nos damos cuenta que seguimos gozando de las bondades y las bellezas de la madre naturaleza, además de la gracia divina.
La vida se logra y tiene razón de ser cuando hay oxígeno, agua, sustrato y alimento. Por lo que se requiere que los cuatro sistemas activos del planeta funcionen bien, para que tengamos las condiciones básicas de una vida saludable y digna.
Sin embargo, los mismos seres humanos hemos alterado esta relación hombre-naturaleza (antropocentrismo), sobre todo a partir de hace 260 años cuando en la Gran Bretaña inició la revolución industrial (1760) con la máquina de vapor introducida por James Watt, fue el medio para aumentar la producción y con ello generar mayor riqueza. En esa etapa el sistema de la atmosfera era muy habitable ya que había poco bióxido de carbono (Co2), solo 280 partes por millón (ppm), es decir, de cada millón de unidades en el espacio atmosférico, 280 eran de ese gas, lo que generaba la temperatura promedio ideal para la vida en este globo terráqueo que es de 14 °C.
Luego vino la expansión de la electricidad, después el internet y ahora se vive un poderoso desarrollo tecnológico con equipos, dispositivos electrónicos, drones, nanotecnología, robots e impresión en tercera dimensión, etcétera. A esta etapa de la revolución industrial se le conoce como la Inteligencia Artificial (IA) y según los expertos, apenas está iniciando.
En estos casi dos siglos y medio, los seres humanos hemos generado muchos cambios en las formas y sistemas de producción, pero también hemos rebasado algunos límites de la naturaleza, ahora tenemos 420 ppm de Co2 en la atmosfera y la temperatura promedio se ha incrementado a 15 °C. Estos efectos tienden a crecer, sobre todo debido al incremento de la población, hace apenas 60 años la tierra tenía 3 mil 500 millones de habitantes, hoy en día estamos a punto de llegar a los 8 mil millones de habitantes. Y cada uno de nosotros requerimos alimentos, vivienda, agua, transporte, energía, vestido, medicinas, vialidades, servicios financieros, servicios gubernamentales, centros educativos y muchos servicios más que se logran gracias a materiales bióticos o abióticos que nos proporciona el sistema planetario.
Los acuerdos y programas internacionales, como el acuerdo de París, la Agenda 2030, la Nueva Agenda Urbana, entre otros, tienen el propósito de revertir o cuando menos detener las tendencias de contaminación, de pérdida de biodiversidad, de erradicar la pobreza, entre muchos objetivos que, en su conjunto mejoren las condiciones de habitabilidad parecidas a las que teníamos en la segunda mitad del siglo dieciocho.
México y el mundo estamos retrasados en esta tarea de transición energética, restauración, revegetación, reciclaje, repensamiento, recuperación y todas las acciones que restablezcan esa conexión de los sistemas activos que han generado condiciones para la vida del ser humano, sobre todo cuando se vivía en armonía y respeto a la naturaleza. Es muy urgente, pasar del discurso de las campañas políticas a las acciones que garanticen la sobrevivencia del ser humano, hoy es un hecho, el sistema planetario está viviendo una emergencia ambiental.
* Ingeniero Agrónomo en la especialidad de Bosques, en el Instituto Tecnológico Agropecuario no. 7 de Morelia, Michoacán; estudio la Maestría en Gestión Pública Aplicada, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, actualmente es Doctorando en Sostenibilidad en la Universidad Centro Panamericano de Estudios Superiores (UNICEPES).







