JUSTICIA CALIFICADA
Dr. Rogelio M.G. Chagoya Romero
“Cuando suelen conjugarse las ideas y el contenido sencillo del pensamiento con el espíritu, florece entonces la magia del cuento, que se inmiscuye con lo etéreo y nos hace filosofar y atrevernos a decir por escrito lo que únicamente tenía vida en nuestra imaginación.”
El profesor Evencius Nicolayev, catedrático de Teoría del Derecho entro en el aula. Al instante de vislumbrarse su figura en el umbral de la puerta reinó el silencio, sólo se escuchaba el tenue arrastrar de pies que parecían acariciar el suelo, los mesa bancos lanzaban con estruendo su chillido metálico al ser acomodados en línea. El Profesor se arrellanó en la cómoda y mullida butaca destinada a los doctos, de reojo recorrió con su aguda mirada el grupo asistente.
Que poder, los alumnos bajaban la vista para no encontrarse ni furtivamente con la del profesor, pues sabían de su maquiavélica afición de hacer llorar a los alumnos que no contestaban a sus preguntas, por cierto, elaboradas con el insano ánimo de hacer sufrir al receptor. A continuación, de un horrendo portafolios de carnaza, que algún día fuera color café, en el cual se encontraba impreso en un costado el congreso que había sido el donador de tan elemental y útil artefacto y al que, el paso de los años había borrado el nombre del autor de tal dádiva, extrajo varios papeles, entre otros, el documento que contenía los nombres de los alumnos, procediendo a pasar lista, pronunciando con toda solemnidad y parsimonia el nombre de cada uno. Al terminar, alzó la vista tal y como lo hiciera aquella maestra que en lo mejor del recreo revisaba las orejas e interrogó a uno sólo. Era Henry Taurus, alumno estudioso, pero callado, taciturno, no le gustaba hablar en demasía, aun cuando en múltiples ocasiones había demostrado sus dotes de orador en excelentes y profundas manifestaciones dialécticas, generalmente callaba en clase, extraña actitud, pues tenía todos los indicativos para presumir sería un buen abogado, y por qué no, un mejor tribuno, sin embargo, tuvo que contestar ante la sorpresiva pregunta del profesor:
- ¿Dígame joven, para usted qué es la justicia?
Que sencilla pregunta para Henry Taurus que se había extasiado leyendo el Derecho Romano de Arias Ramos, conocía el anecdotario del clásico Ernesto Miranda, había abrevado en las cátedras de Evelio Bautista, Reyes Cuellar, Gaspar Hernández, Roberto Pedro, conocía al dedillo la teoría de Ulpiano y el concepto de justicia distributiva aristotélica, podía repetir todo lo que había leído, que la justicia es darle a cada quién lo que les corresponde, que es el arte de lo bueno y lo equitativo y otras concepciones u opiniones que han escrito: además de Aristóteles y Ulpiano, Celso, García Maynes, Recasens, Atiensa, Platón, y todos esos gigantes del Derecho y la filosofía, pero no, se abstuvo de repetir los tradicionales conceptos y dejó que su mente, nutrida ya por su analítico pensamiento, como el de aquel legendario Kaliman, fluyera a raudales, y sin más, poniéndose de pie, erguido y con arrojo zen dijo:
- Para mí, la justicia es nada, es cero como en los números enteros, símbolo de la nada, como el conjunto vacío que siempre será subconjunto de todos los conjuntos.
El profesor quedó estupefacto, arrugó el entrecejo lleno de extrañeza ante aquella aparente desequilibrada opinión. En el aula se escucharon sonoras carcajadas, algunos comentarios en susurro que decían –que bárbaro, ahora si se manchó-. Algunas compañeritas cuchicheaban entre ellas –No se la va a acabar con el enojón del maestro que de seguro le recrudecerá su hepatitis –
Después de que el profesor ordenara airadamente que todos callarán, el aula se mantuvo en silencio, con nitidez se escuchaban las respiraciones acompasadas de los alumnos, entonces con sonora y ronca voz, el profesor pidió a Henry Taurus que diera una más detallada explicación de tan pragmática hipótesis y esgrimiera los argumentos de tan atrevida afirmación, entonces Henry, tal y como en alguna ocasión lo hiciera Julio Cesar ante el Senado en el remoto pasado, se irguió y con la solemnidad de Demóstenes, con prontitud y cristalina voz siguió diciendo:
Es eso lo que pienso de la justicia, así como en aritmética hay números enteros, números positivos y números negativos; existe también el cero que no pertenece a ninguno de éstos parámetros, pues está exactamente en medio, no como dijera aquel frívolo presidente al hablar de la temperatura que no hacía ni frío ni calor por estar en cero grados, ¡no! se podría decir que los números negativos representan en este caso todas las actitudes malas o criminales de los hombres; por ejemplo, menos uno sería sólo una falta leve, el menos dos sería un delito, el menos tres contendría un delito calificado y así sucesivamente. A contrario sensu, encontramos los números positivos que representan las acciones buenas de los hombres, entonces diré que la justicia no es lo bueno ni lo malo, está fuera de todo esto, pues a mi entender, y siguiendo los conceptos de Sartre en su discurso de la razón dialéctica, la justicia no es bondad que representan los positivos, tampoco es maldad que serían en este caso los negativos, justicia es razón, adhiriéndome a la tesis del magistrado Carrasco Daza, o sea en los números enteros es el cero, ya que encontrar la razón es el eterno conflicto del conocimiento y del pensar, sin caer nunca en la bondad ni en la maldad, ya que un Juez jamás debe ser bondadoso ni tampoco malvado, así como el cero ocupa en la numeración decimal los lugares en que no hay cifra significativa, el jurisdicente debe ser razonable, producto inevitable para tener una aproximación a la justicia y consecuentemente a la paz y armonía a que aspira la humanidad. Pero, continuando con los números enteros y su aplicación al Derecho, ejemplifico: sin un hombre roba un pan a alguien que tiene dos y se lo da a un pobre que no tiene nada, entonces aplicaríamos en este caso el número diez negativo por el hecho de que ha robado y que tal acción debe sancionarse, pero este individuo no ha tomado el pan para él, sino que lo dio a un pobre, es decir, hurtus famelicus pro tercero, actitud bondadosa, o sea, positiva, entonces le damos un número diez positivo puesto que es razonable, entonces sumamos estos dos números inversos y obtenemos el cero, luego entonces en este tenor se ha hecho justicia, por tanto el hombre debe quedar libre de todo castigo y también de toda recompensa. Pero si el asunto se presenta de otra manera, y fuera el caso que le roba a un pobre que sólo tiene un pan y lo da a otro que no tiene nada, entonces tendríamos menos diez por el robo y también menos diez por haberle dejado en absoluta pobreza, pero por haber sido generoso con el otro se haría acreedor a un diez positivo, entonces sumariamos, menos veinte más diez y obtenemos un resultado de diez negativo, observamos esta vez que no hay justicia consecuentemente ese hombre debe ser sancionado.
Henry calló, sus labios temblaban de emoción reprimida, su mirada era altiva, de orgullo, casi de vanidad. En el salón reinaba el silencio nadie se distraía, todos prestaban atención, se habían quedado estupefactos y asombrados, Henry esperaba la felicitación del maestro, veía de reojo a las compañeras más hermosas de la clase esperando ser observado y admirado por su talento y que de seguro desembocarían en una cascada de aplausos y frases de admiración, sin embargo, el único que se atrevió a romper el sepulcral silencio fue el profesor, con una nueva pregunta:
- ¿Dígame joven alumno, usted cree que se resuelven los casos jurídicos haciendo uso de los números enteros? ¿Creerá también que una computadora resolverá en el futuro todos los casos y abogados y Jueces dejarán de ser necesarios?
Con firme voz y sin titubeo alguno Henry Taurus procedió a manifestar su docta respuesta:
- No, no creo, eso nunca, ni siquiera con el modelo lógico de Olga Islas, porque ¿quién daría con exactitud un número diez negativo a las actitudes malas de los hombres o a la inversa?, o sea ¿cómo podemos medir las acciones buenas o malas utilizando escalas?, la computadora no razona, sólo repite lo que hay en su memoria, no conoce de valores, el hacer justicia sólo le corresponde al hombre pues es él, el único que razona y si su razón es óptima llegará a aproximarse más a la justicia axiológica, pues la justicia exacta es producto de la perfección; sé que el hombre jamás llegará a la justicia, sólo tratará de acercarse a ella pues el hombre por naturaleza es imperfecto aunque perfectible y todo lo que él haga será imperfecto, entonces el Derecho que no es otra cosa que el producto del hombre, también es imperfecto. Digo, para concluir, que la justicia es cero como en los números enteros, pues no debe ser ni mal ni bien, debe ser siempre la razón.
Henry Taurus calló, el profesor le miró con aire de extrañeza, el sepulcral silencio se vio interrumpido por el roce del lapicero en el documento que yacía inerme en el escritorio, la lista de clase, entonces, con una profunda y baritona voz de pecho, buscando su nombre en la misma, recalcó:
- Henry Taurus, – dijo enfáticamente el profesor – puede sentarse, tiene usted cero de calificación -;
Las carcajadas no se hicieron esperar. Henry cabizbajo y mustio musitaba entre dientes. ¡Ay! qué difícil es para los justiciables entender la justicia.
Al salir el maestro del aula, y antes de que el tropel de alumnos se desbordara por la puerta de salida, el Jefe de grupo, Peter Celestian, pidió silencio, ascendió el escalón del estrado y de frente al grupo dijo a sus compañeros:
-Hemos sido testigos de un acto inusitado, esto no puede pasar inadvertido para nosotros, considerando que nos estamos preparando para ser abogados, agentes del ministerio público, jueces o magistrados, no podemos quedarnos callados ante lo que acabamos de presenciar, es menester llegar a una determinación que pueda considerarse como cosa juzgada, es decir la verdad de a de veras y para ello debemos proceder a un sumario que concluya en la emisión de una sentencia, compañero Paco Pepe, – dijo dirigiéndose a un compañero que se había distinguido por su magnífica retórica – Sírvase Usted fungir como defensor y proceder a formular alegatos en cumplimiento al principio de legalidad y bilateralidad de la audiencia que permita someter la conducta de Henry a un juicio justo.
Con voz trepidante de fuerza moral Paco Pepe, tomando su lugar al frente y como defensor procedió a manifestar:
- Se ha escuchado en esta aula la hipótesis del compañero Henry Taurus, cuyos fundamentos filosóficos resumen el ideario de un hombre que existencialmente refleja en aras del conocimiento jurídico, la fiel imagen de la disertación subjetiva, no trivial, sino fundamental sobre la justicia. He aquí un caso de diatriba jurídica en que como Kant, el profesor que en un imperativo categórico nos pedía obrar de tal manera que nuestra voluntad se convirtiera en ley universal y por tanto exponer a la colectividad nuestro conocimiento, para que pueda ser aceptado o rechazado con razones, pero nunca, sancionar a aquel que simplemente expone sus ideas, que podrán ser obtusas, reflexivas o quizá adelantadas a nuestro tiempo, pero no por ello se le puede condenar otorgándole cero por el solo hecho de atreverse, esto sería como premiar a los cobardes que no hablan y se esconden entre las patas de un pupitre y que por tanto, no es Justo que Henry, que es justo, pague hasta lo que no es justo y pido a este Tribunal su absolución ante la contradictoria posición del catedrático.
A continuación Peter Celestian, dirigiéndose solemnemente a su compañero Juancho, conocido como el exquisito, dijo:
- Su capacidad contradictoria es de sobra conocida por todos, luego entonces corresponde a Usted el papel de fiscal, sírvase Usted entonces, fortalecer la acusación o formular inacusatoria a favor del cuasi reo.
El exquisito, sonriente, dirigió su mirada en rededor del salón, conocía su elocuencia, y con vos recia y sin titubeos expresó:
- Que triste es escuchar peroratas insensibles. La teoría argumentaria debe tener como principio rector la lógica formal y nunca la improvisación dialéctica sin fondo ni forma. Considero de acuerdo a un principio de procedencia de que, el que sabe más puede calificar al que sabe menos, luego entonces, debe acatarse la decisión del Profesor debiendo respetar la calificación otorgada por él, pues si fuera poco, no podemos ser contestatarios de un acertijo irreverente a la justicia, he dicho suficiente – acotó -, que se confirme la condena calificatoria.
A continuación, Peter Celestian que desde un principio había tomado el rol de Juez, carraspeo ligeramente, se acicaló la camisa, se acarició las sienes y con dramática voz emitió su veredicto que concluyó así:
-En ausencia de ujier alguno que procediese a dar lectura al veredicto final, asumo la responsabilidad del resolutivo, en nombre de este tribunal escolar, tomando en consideración que somos competentes para dirimir la presente controversia de acuerdo a las atribuciones que el pueblo que conforma esta aula me ha conferido. En atención a que se han cumplido los principios de legalidad al haber sido escuchadas las partes, se ha proveído la defensa del acusado y defendido la fiscalía su posición, sentencio y declaro en cuasi justicia y en fallo inapelable al compañero Henry Taurus y al Profesor Evencius empatados a cero. CUMPLASE. SE HIZO JUSTICIA.








