MARIUMA MUNIRA VADILLO BRAVO
En un contexto de Pandemia de COVID-19, los mexicanos estamos inmersos en un ajetreo político cada vez más acalorado, con las elecciones más grandes y complejas de la historia política de nuestro país; en el 2021, se librará políticamente hablando, la madre de todas las batallas.
Todo parece indicar que las fuerzas políticas recurrirán nuevamente a las prácticas, alternativas y formas de participación que brinda el marco jurídico electoral mexicano, es decir, nuevamente veremos la figura de coaliciones en busca del voto popular.
El día 6 de junio de 2021, cerca de 95 millones de ciudadanos tendrán la posibilidad de emitir su voto, para elegir: 15 gubernaturas (Baja California, Baja California Sur, Campeche, Chihuahua, Colima, Guerrero, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala y Zacatecas); 500 diputaciones federales (300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional); 1,063 diputaciones locales, en 30 congresos; 1,926 alcaldías y ayuntamientos y 431 juntas municipales.
Las fuerzas políticas nacionales con registro para participar el 2021, son diez: Partido Acción Nacional, Partido Revolucionario Institucional, Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo, Partido Verde Ecologista de México, Movimiento Ciudadano, Morena, Partido Encuentro Solidario, Redes Sociales Progresistas y Fuerza Social por México.
Estos partidos se preparan para el 2021, movidos por fuerzas ciudadanas, por principios y visiones de gobierno, en lo que pareciera que no hay más que sólo de dos sopas; los que pretenden seguir impulsando el nuevo modelo que llegó con la victoria de Andrés Manuel López Obrador y Morena, que en su visión de gobierno, quiere instaurar la “Cuarta Transformación” en el país, una transformación económica, política, social e incluso moral, con un cambio profundo, combatiendo la corrupción e impunidad y los abusivos privilegios.
Y los que impulsados por un frente ciudadano “Sí por México”, pretenden ir en una gran alianza, motivados por una plataforma que garantice que haya un sistema competitivo de partidos, donde no mande una sola persona y corrija el rumbo del país, mediante una agenda que impulse una democracia plena; acceso a la justicia y combate a la corrupción, que vele por una economía incluyente, por sistemas de salud y educación universales, que le apueste a la equidad de género e impulse un medio ambiente sano y sustentable.
En términos generales, la alianza es un acuerdo o pacto entre dos o más personas, hecha a fin de alcanzar objetivos comunes y asegurar intereses en común, en términos electorales, tienen como propósito aumentar las posibilidades de triunfo de los partidos involucrados, no tanto porque la alianza pudiera atraer más votos, sino porque la suma de los votos que recibiera cada partido aisladamente haría mucho más probable la victoria.
En este sentido, en el ajedrez electoral, mostrado por las principales fuerzas políticas del país, se están dibujando dos bloques contrarios; el primero de ellos conformados por las tres principales fuerzas políticas de actual oposición, el Partido Acción Nacional, Partido Revolucionario Institucional y el Partido de la Revolución Democrática, quienes al parecer ya han alcanzado un acuerdo para ir
aliados a competir en las elecciones federales en un esquema de coalición parcial en 158 de los 300 distritos electorales del país.
Ellos buscan combatir al bloque conformado por Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México, quienes irían por seguir impulsando la Cuarta Transformación iniciada en 2018.
Ambos bloques, con visiones diferentes, buscarán convencer al electorado mexicano entre seguir construyendo ese nuevo México de esperanza, prometido por Morena y sus aliados; y la visión del bloque opositor, que pretende mostrar un México con un presente autoritario y de retroceso.
Los riesgos que se corren principalmente para los partidos de oposición son que la alianza conformada pueda ser entendida como oportunista, que busquen sólo el poder por el poder, sin lograr posicionar una propuesta programática o de gobierno que pueda ser bien entendida y aceptada por los ciudadanos.
También pudiera criticarse que se alían instituciones que anteriormente eran acérrimos adversarios políticos con ideologías diferentes, quienes de ir solos no lograrían los suficientes escaños en el Congreso de la Unión, ni tendrían posibilidades en las entidades federativas.
Para el bloque en el poder, el riesgo latente es que la suma de votos de sus adversarios logre las mayorías deseadas, les alcance para generar los contrapesos en el Congreso Federal y eso impida que las reformas emprendidas por el Presidente AMLO y Morena sigan avanzando, poniendo en riesgo los propósitos de la llamada Cuarta Transformación.
La columnista es Maestra en Derechos Humanos y Garantías Individuales, Delegada de Atención Regional en el Istmo del Gobierno del Estado de Oaxaca, ex Secretaria de la Mujer Oaxaqueña, contáctala en Facebook: MUMA Mariuma Munira, Twitter: @MariumaMunira







