- Por Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.
Los abuelos de los actuales propietarios de las firmas de ingeniería civil construyeron entre 1964 y 1970 obras públicas y privadas de gran calado. Sin contar con la poderosa informática de hoy lo hicieron con dedicación, disciplina y materiales de calidad a tal grado que, sus carreteras, edificios, presas, sistemas de drenaje profundo siguen dando servicio 50 años después.
Fue una generación concentrada en efectuar proyectos, cuya concepción empatara con la realidad, no buscaron ahorrar en varilla de menor resistencia o de soldar acero en lugar de usar concreto para un puente elevado.
Las tragedias de Florida, Luisiana, Ciudad de México y las últimas en Europa parecen coincidir en fallas en la concepción y la ejecución de los proyectos. Los proyectistas del edificio que se desplomó en Florida especificaron cierto grosor y sitios para las varillas de acero que quien ejecutó la obra incumplió – tal vez para ahorrarse unos cuantos dólares.
Las normativas de Florida para construir y dar mantenimiento a este tipo de edificios a la orilla del mar parecen haberse pasado por alto por los propios ingenieros gubernamentales que por ley debían de ponerlas en práctica. Los vendedores de inmuebles en Florida están teniendo una gran demanda de clientes y este derrumbe les estará afectando hasta que se revise el estado de tanto edificio frente al mar. Resultó también que se descuido el mantenimiento, pues la salinidad daña gran parte de los materiales con que se construyen estos edificios –expuestos, además, a vientos huracanados provenientes del Caribe en su ruta hacia el noreste de la costa o interior de la Unión Americana–.
En el caso de la gran inundación de Nueva Orleans, originada por la intensidad del huracán Katrina, el que salió muy mal parado fue el cuerpo de ingenieros del Ejército de los Estados Unidos, cuyos diques de contención probaron ser insuficientes y mal diseñados a tal grado que, se dio el mayor desastre hídrico en un centro urbano en Norte América.
La Ciudad de México es una aberración en contra de una zona lacustre, cuyos retos de ingeniería van en constante renovación. El caso de la viabilidad del uso del suelo de parte del Vaso del Lago de Texcoco para construir el nuevo aeropuerto internacional de la ciudad de México -obra cancelada hace casi tres años – significaba la necesidad de estar bombeando miles de litros provenientes de las lluvias del Valle de México a un alto costo.
En una zona donde el hundimiento del suelo sería agravado por el peso de aviones y edificaciones, el fallido AICM hubiera representado un creciente costo operativo.
Cambiar de sitio el nuevo aeropuerto a la Base de Santa Lucía trae otros retos para la ingeniería y las finanzas: la movilidad urbana en una zona carente de buenas vías de comunicación. La Secretaría de Comunicaciones y Transportes estima una inversión por 106 mil millones de pesos entre 2022 y 2023.
Comprende 24 proyectos, con acciones como expropiar terrenos, rediseñar flujos vehiculares, embovedar el Río de los Remedios, ampliar hasta Buenavista el ferrocarril inter urbano que hoy llega hasta Huehuetoca. Habrá nuevas inversiones público-privadas en 21 de los 24 proyectos algunas son concesiones hasta por 25 años que pondrán a prueba los esquemas de recuperación de la inversión en un entorno deprimido de la demanda de servicios aéreos.
La ingeniería para conectar el nuevo aeropuerto en Santa Lucía va a enfrentar el fantasma del apresuramiento de los tiempos de los políticos para el proceso electoral del 2024.
Caso similar fue la prisa por terminar y operar la Línea Dorada del Metro de la Ciudad de México en la cual se vivió este año el resultado desastroso.
Tenemos el coctel perfecto de un desastre anunciado cuando una obra de esa importancia presenta fallas por haber buscado ahorro en costos al sustituir concreto por acero y soldaduras junto con un pobre mantenimiento y uso de trenes con ruedas de acero
A orillas de la ciudad de Hermosillo, Sonora, existe una presa que estando en una zona desértica lleva años vacía. Por su clima extremo los habitantes de Sonora reciben un subsidio en su factura de consumo eléctrico. El misterio es ¿bajo qué estudio hidrológico se construyó ahí una presa? Es un desierto en el que pasan años sin que llueva.
Pero no todo ha sido falla de los ingenieros. También falla el arduo trabajo de la concertación social-que en Oaxaca se debe de hacer como tarea de 24 por 24 horas los 365 días del año.
Las aguas pluviales provenientes de las montañas de Guatemala acaban inundando Chiapas o Tabasco. Desde hace 30 años se dejaron de construir presas en esa zona del sureste mexicano ante la complejidad de las negociaciones con la población local. Las ciudades de Tabasco siguen inundándose como sucedió este año, debido a la falta de más y mejores presas.
El proyecto de presa de La Parota en Acapulco -que hubiera dado más agua potable al puerto, protegido de inundaciones a sus habitantes, generado energía eléctrica y agua para riego, fue cancelado por la Comisión Federal de Electricidad, a causa de los activistas que en el sexenio de Vicente Fox se dedicaron a instigar a la gente en contra de un proyecto de ingeniería que era favorable para los acapulqueños.
Hoy, el puerto de Acapulco se sigue inundando, carece de suficiente agua potable y de energía eléctrica. Los activistas, se fueron a agitar a otro lado.
En cuanto a la industria aeronáutica tenemos el caso de la fabricante de aviones Boeing.
Por ahorrarse costos de investigación y desarrollo Boeing optó por solo darle una manita de gato a un viejo modelo de avión. Prefirió reducir costos buscando maximizar utilidades y le salió el tiro por la culata cuando cientos de sus aviones ya en uso por aerolíneas en todo el mundo tuvieron que ser puestas en hangares y sin uso. Las pérdidas siguen acumulándose.
El coctel al exagerar en busca de ahorros en trabajos de ingeniería y no consensuar a tiempo y eficientemente con las comunidades locales pueden llevar fácilmente el fracaso a costillas del contribuyente o de los accionistas de una empresa.
Si a lo anterior añadimos las fobias entre nuestra deshilachada clase política tenemos lo que nos merecemos: obras inconclusas o mal hechas a lo largo y ancho del país.
Los criterios sólidos de la ingeniería deben de reducir en lo posible los riesgos de un usuario de una autopista o de un sistema de transporte colectivo.
Los amarres entre empresarios de la construcción no deben de ser tan amplios que permitan fatalidades frecuentes como los que se dan en la autopista México–Cuernavaca en la famosa curva denominada LA PERA.
En el colmo de la ironía, el Presidente del Consejo de Administración de la empresa constructora del tramo fallido de la Línea 12 del Metro resulta ser un INGENIERO CIVIL.
Mientras no se refuerce la formación técnica y ética de las nuevas generaciones de ingenieros en el mundo se seguirán presentando catástrofes antropogénicas –es decir, originadas por el propio ser humano en agravio de otros seres humanos.







