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HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS                                       

ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA

V DOMINGO DE CUARESMA

22 DE MARZO DEL 2026 

Vamos iniciando este momento, recordando lo que hemos estado viviendo en estos cinco domingos de la Cuaresma. El primer domingo de Cuaresma, el Evangelio nos presentó las tentaciones de Nuestro Señor. El segundo domingo, la Transfiguración de Nuestro Señor ante sus apóstoles Pedro, Santiago y Juan. El tercer domingo fue el domingo en que el Evangelio nos narra el encuentro de Jesús con la mujer Samaritana. El domingo pasado, cuarto domingo de la Cuaresma, el Evangelio nos presenta la curación del ciego de nacimiento y, en este quinto domingo de la Cuaresma, escuchamos en el Evangelio la Resurrección o el volver a la vida de Lázaro.

Nuestro Señor le dijo a la Samaritana: “Yo soy la fuente de Agua Viva”. El Señor le dijo al ciego de nacimiento que Él era la luz del mundo. Hoy, nos dice: “Yo soy la Resurrección y la Vida”.

¿Cómo toca la Palabra de Dios nuestro corazón? No nuestra mente, nuestro corazón y cómo somos tocados por Nuestro Señor en la vivencia de la fe.

La verdad central de nuestra fe es la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. La más grande fiesta que nosotros celebramos en la Iglesia es la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y, durante toda esta Cuaresma nos estamos preparando para vivir la Resurrección de Jesucristo, para conmemorar el triunfo de Jesucristo sobre la muerte y sobre el pecado y para reafirmar nuestra fe en la Resurrección.

Hoy, creo que las preguntas que hace Nuestro Señor a Marta y a María, nos las hace también a nosotros. “¿Crees tú esto?, ¿de veras estás convencido de la Resurrección? ¿de veras eres tú el testigo de la Resurrección el día de hoy?”, porque hemos sido llamados a ser discípulos de Nuestro Señor y todo discípulo tiene que dar ese testimonio: “Creo en Jesucristo Resucitado”, es el centro de mi fe, Cristo resucitó, Cristo está vivo, Cristo está en medio de nosotros.

¿Qué le decimos a Nuestro Señor hoy? ¿qué respuesta le damos? Marta y María respondieron, ¿qué respondes tú? ¿está firme esta verdad de fe? Creo en la resurrección de los muertos y en la vida del mundo futuro.

Ahora hay muchos aspectos en los que tenemos que fijarnos el día de hoy. Usted, en su caminar, ¿está vivo? ¿está vivo? Si usted me dice: “pues claro que estoy vivo, pues aquí estoy, no estoy en una caja ni estoy en el panteón, en el cementerio. Aquí estoy, estoy vivo. ¿Tiene la vida de Dios? ¿ha ido muriendo, a lo largo de su vida, a lo que le aparta de Dios, a lo que le aparta de la luz? ¿a lo que no le hace ser esa fuente de Agua Viva?

Revise su corazón, revise su interior, ¿tiene vida? Y para que usted tenga vida y pueda de nuevo reiniciar, es necesario que quite la piedra, para que Lázaro saliera del sepulcro, se necesitó que retiraran la piedra. Para que usted vuelva a sentirse lleno de vida, lleno de Dios, necesita hacer a un lado la piedra que le impide estar con esa vida de Dios y, usted, se conoce, ¿qué es lo que hay en su corazón que no le deja tener esa vivencia de gozo, de paz, de alegría en su persona?

También, también nosotros creo que a veces, a veces, hemos cuestionado a Dios por lo que nos pasa, por lo que vivimos, por las experiencias que tenemos. Marta y María le dijeron al Señor Jesús: “si hubieras estado aquí no hubiera muerto mi hermano”… si hubieras estado aquí. Cuántas veces, en el caminar nuestro, hemos cuestionado a Dios de la misma forma y no me refiero solamente a cuando murió papá, mamá, un ser querido, un ser muy amado. Hemos vivido esas experiencias, porque hemos cuestionado a Dios y le hemos dicho: “cuánto te he pedido que regrese la salud a quien amo y cada día está más y más enfermo, se ha ido agravando. Si realmente me amaras, si realmente me escucharas, esto no estaría sucediendo. Si hubieras estado aquí, no hubiera muerto mi hermano”, decía Marta y María. ¿Cuántas veces ha dicho usted lo mismo, si hubieras estado aquí?, si de veras existieras, hasta ponemos en duda la existencia de Dios, ponemos en duda el amor de Dios, ponemos en duda que Él nos escucha en nuestras oraciones y ponemos a Dios como un mentiroso. Si Él nos dijo: Yo soy la Verdad y la Vida, ¿por qué dudas? Porque Él dijo: toquen y se les abrirá, busquen y encontrarán.

Te hemos buscado, Señor.

Yo le voy a decir que usted tiene fe, pero que en los momentos en que es probada esa fe, se debilita y ahí es donde usted tiene que pensar: mi fe tiene que ser fuerte en este momento y no entrar en duda de nada. Sea fuerte en su fe y para ser fuerte necesita alimentar su fe y no hacer esas conclusiones ni esos reclamos de esta humanidad que se siente débil. Fortalézcase, para que pueda decirle a Dios: sé que aquí estás, sé que me estas escuchando, sé que me estas ayudando, sé que me estás iluminando, sé que estás haciendo algo por mi enfermito, sé que estás trabajando en él.

Vivamos la fe y hay que sacar de nuestra vida lo que impide vivir como Dios manda. Dios nos quiere que caminemos, que vayamos hacia adelante, que sigamos nuestra vida, pero con una fortaleza.

En el siguiente momento en que usted piense o le salga la expresión que le salió a Marta y María, si hubieras estado aquí… si le pasa algo y le viene a la mente eso, en lugar de decir: si hubieras estado, usted diga: yo sé que aquí estás, conmigo, Señor, sé que estás conmigo. Lo creo, lo afirmo, lo siento, estás conmigo y sea ese medio también para poder alimentar la fe del que se siente débil, del que se siente que no es escuchado, que no es bendecido, que no es amado. Vaya y dígale con su presencia, con su palabra, con su actitud cariñosa, vaya y dígale lo que Dios está haciendo en él, porque necesita. El Señor se presentó con Marta y María, porque necesitaban de Su presencia y el Señor se presenta con usted, en su hogar, en sus espacios donde usted se mueve y ahí está. Escúchelo, siéntalo y agradezca la cercanía del Señor, siempre cerca, siempre con nosotros, no está lejos.

Estos oídos sacerdotales, han escuchado, a lo largo de mis 46 años de sacerdote, he escuchado muchas veces la desesperación, sobre todo cuando se muere el ser querido. Me he encontrado con personas que, después de muchos años, siguen enojadas con Dios, porque murió papá, porque murió mamá, porque estábamos todavía pequeñitos, porque todavía necesitábamos de ellos y están enojados con Dios: ¿por qué te lo llevaste, si lo necesitaba, por qué? Ahí tendremos que llegar a corazón, tocar el corazón, animar el corazón del que siente que Dios se olvidó y que Dios le causó dolor y tristeza. Dios no causa eso, Dios causa gozo, alegría, paz y hace sentir su amor, de eso no tenga duda.

Piense, recapacite.

Sigamos pidiéndole a Nuestro Señor que nos fortalezca en nuestro caminar, en nuestro caminar.

Pensando en esos cuidados que Dios tiene de nosotros, cuando hay ciertas desgracias, cuando hay accidentes, a veces decimos: ¿no que Dios nos cuida? Dios no lleva el volante, Dios nos va acompañando, pero yo soy el que lleva el volante, yo soy el que va conduciendo el carrito y tal vez me distraje o le apreté más aquí abajo, para que se fuera más rápido, descuidé, descuidé, pero a veces decimos: no me cuidó Dios, tanto trabajo para comprar un carrito y no me cuidó Dios, ahí está tirado mi carro, ya no sirve para nada. No, mi hijito, algo no hiciste bien tú o el que venía frente a ti y no la libraste, no pudiste, no pudiste. Se atravesó una vaca, ¿qué haces? Se atravesó la vaca o le vas a decir a Nuestro Señor ¿por qué no detuviste la vaca? No, son cosas que pasan, son cosas que pasan, pero hay otras cosas que duelen todavía más, que alguien le quite la vida a alguien, eso duele, eso duele y duele mucho.

¿Cómo tenemos qué vivir? Como hermanos, respetándonos, pero muchos no quieren vivir así, no quieren. Sus sentimientos ya no son humanos, no son humanos. Tienen otros sentimientos y nuestros pueblos siguen sufriendo y nuestras familias siguen llorando y nuestros hermanos siguen con lamentos. Ahí también hay una reacción, porque se mezclan muchas cosas, también metemos a Dios.

Dios nos llama a amar, no a tomar las armas, Dios nos ha dado la capacidad de entendernos, de amarnos, de respetarnos, pero algunas personas no quieren vivir así y, por eso, le quitan la vida a otros. Seguimos sufriendo. En nuestros pueblos de Oaxaca seguimos sufriendo, en nuestros pueblos de nuestro país seguimos sufriendo, en el mundo se sigue sufriendo, se sigue sufriendo, siguen muriendo los inocentes.

¿Cuándo vamos a entender, cuándo vamos a sacar de nuestro corazón los odios, los deseos de venganza, el sentirnos dueños del mundo, cuándo? ¿cuándo vamos a sacar eso?

Que nosotros podamos tener los sentimientos que tiene Nuestro Señor, sentimientos de amor, de misericordia, de perdón, de compasión, de bondad, de justicia, de paz.

Sigamos viviendo nuestra Cuaresma, próximo domingo iniciaremos nuestra Semana Santa, próximo domingo, domingo de Ramos y que Dios nos conceda entrar en esa contemplación de los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Preparémonos en esta semana, con la gracia de Dios, con el auxilio de María, Nuestra Madre, y ayudándonos todos nosotros, para que el Señor siga siendo Resurrección y Vida nuestra, para que el Señor siga siendo la luz que nos ilumina, para que el Señor siga siendo la fuente de Agua Viva y eso quiere que tú seas, fuente de Agua Viva. Ustedes son la luz del mundo, el Señor quiere que nosotros ayudemos a que los demás vuelvan a la vida, a la vida de la gracia, a la vida de la santidad, empezando por nosotros.

Bendiciones para todos en esta semana y que Dios los conserve fuertes en su fe, sobre todo en los momentos en que somos probados. No le diga a Dios “si hubieras estado aquí”, dígale, “sé que estás aquí, sé que estás aquí”.

Así sea.

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