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HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
I DOMINGO CUARESMA 2026
22 DE FEBRERO DEL 2026
Gracias por dedicarle este momento a Dios, al venir a esta Iglesia Catedral, para participar en esta misa, en el I Domingo de la Cuaresma, tiempo de gracia, tiempo de convertirnos a Dios, tiempo de tomar conciencia de lo que somos y de lo que Dios quiere que seamos, unos hombres y mujeres transformados, llenos de luz, llenos de gracia. Que nos movamos en ese ambiente que es agradable a los ojos de Dios, no en un ambiente de vicios, de pecado, de desorden, porque esos son lugares de tinieblas.
Nosotros somos hombres y mujeres de luz, no hombres y mujeres de las tinieblas. Reconocemos y lo hicimos desde un principio de la Celebración, que somos pecadores, como descendientes de Adán, somos pecadores, quien más, quien menos, pero todos somos pecadores, pero a la vez, somos hombres y mujeres de fe, que creemos en Cristo y que seguimos a Cristo.
Por el pecado de Adán, nos dijo la Palabra de Dios hoy, entró el mal en el mundo, pero por la gracia de Jesucristo, nos hemos llenado de bien, nos hemos llenado de luz, nos hemos llenado de gracia.
Sí, tenemos defectos; sí, hemos pecado; no podemos nosotros afirmar que no somos pecadores, el que habita este mundo, es pecador. Usted y yo sabemos que sólo dos seres no tienen pecado: Jesucristo y María, la Madre de Dios, sólo ellos, los demás, pecadores, pero no nos vamos a pasar la vida echándonos culpas, no, ni siquiera le podemos echar la culpa al demonio, porque usted es libre para tomar la decisión que quiera, usted es el responsable de hacer caso a la tentación o rechazarla.
Hemos escuchado en el Evangelio, cómo se rechazan las tentaciones, cómo se vence al tentador, se vence con la Palabra de Dios. Todos buscamos el placer, el placer, el gozo, las satisfacciones y, a veces, es una gran tentación eso y descuidamos muchas cosas por estar en ese mundo del placer, el pecado del placer.
A Nuestro Señor, el demonio le dijo: “haz que esas piedras se conviertan en pan, para que satisfagas la necesidad que sientes en tu ser de comer, porque tienes hambre. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Vale la pena sacrificar nuestros sentidos, sacrifíquelos, renuncie a ciertos gozos, a ciertos placeres, a ciertas satisfacciones, pero que no sea renunciar por renunciar, sino renunciar por algo, por un motivo elevado. “Te ofrezco, Señor, este sacrificio; siento en este momento muchas ganas de beber, de echarme unos mezcalitos, pero voy a hacer un sacrificio, voy a vencer este deseo y esta tentación y te lo voy a ofrecer por este motivo. Me va a costar y mucho, pero yo quiero ofrecerte esto, porque quiero alcanzar gracia y bendición para mí, en esto que estoy viviendo, o bendición y gracia en favor de mi familia. Encauce la renuncia, encauce la penitencia, encauce el sacrificio, por un motivo grande y, eso, le hará disfrutar espiritualmente y gozarán, gozará y se sentirá bien, porque se ha demostrado a usted mismo que, cuando decide decir “no”, es no y se va a sentir con la fuerza divina porque solito no puede y le pidió a Dios fortaleza y gracia.
Hay también tentaciones de sentirnos poderosos, de sentirnos grandes, de que nos aplaudan. Perdemos de vista la invitación que nos hace Nuestro Señor a ser humildes y sencillos y nos quiere vencer la tentación de la vanidad, del orgullo, de la soberbia y sentir nuestra grandeza y eso nos lleva a que miremos a los demás con desprecio “no se parecen a mí, no son como yo, son basura, no valen, yo sí valgo, yo sí soy grande, porque soy un profesionista, porque sé mucho”.
Tengamos cuidado, tengamos cuidado con esas tentaciones, porque el único grande es Dios y a Él es a quien servirnos. A veces nos sentimos tan grandes que exigimos que los demás nos sirvan y se humillen ante nosotros, para que podamos nosotros atenderlos en algo. Ya sé que usted está pensando ahorita en mí y está pensando en el padrecito, que decimos que somos servidores y que cuando ustedes van con nosotros y nos piden algo y les decimos: “no tengo tiempo” y así muy alzados, muy alzados o les decimos: “me lo tienes que pedir repitiendo varias veces “por favor”, tienes que ir cambiando de tono, para ver si yo cedo… vanidoso, orgulloso, soberbio. Esa no es la actitud que quiere Dios y eso puede sucederle a usted cuando alguien va a pedirle “ayúdame, ayúdame, tengo esta necesidad”… “no, no me lo estás pidiendo bien, cambia de tono para que yo sienta en mis oídos una satisfacción de que me estás diciendo y te estás humillando. Entonces yo podré ceder, pero así como me lo estás pidiendo, pues creo que no te puedo ayudar”… qué soberbios.
Todo lo que hemos recibido es de Dios, es de Dios. A veces queremos sentirnos poderosos, por eso andamos buscando ser autoridad, hasta en la misma Iglesia. Sacerdotes que desean ser Obispos, no saben lo que piden, quieren ser Obispos, porque los Obispos son grandes, reciben muchos aplausos, todo mundo los quiere y yo quiero ser Obispo… eso es soberbia, eso es soberbia, yo no voy a ser Obispo porque quiero ser Obispo. El Obispo es Obispo porque Dios lo llama, no por otra cosa. A veces ustedes me preguntan, ustedes en el sentido de que hay personas, me preguntan: oiga, qué hizo usted para ser Obispo, qué hizo… y mi respuesta es: “ser sacerdote, nada más”. ¿Nomás? – sí – “¿no estudio para Obispo?” – no, fíjate que no, de la noche a la mañana me dijeron que iba a ser Obispo, me dijo el nuncio: El Papa Benedicto lo nombra Obispo de Puerto Escondido. Así me dijo, de la noche a la mañana. “¿No hizo nada usted para ser Obispo?” – no, nomás ser sacerdote –“´¨¿pero algo así muy especial?” – ¡nada! Dios es el que llama y le digo, a veces, a veces se quiere ser Obispo. ¿Usted qué quiere ser? ¿qué tentación le llega a veces a usted? ¿ser la autoridad de su pueblo? ¿ser el gobernador, con tanta bronca? ¿ser el agente municipal? ¿ser miembro del Cabildo? En su comunidad, en la Iglesia, ¿quiere ser el coordinador de los catequistas, el coordinador de la liturgia, el coordinador de los jóvenes, el coordinador de la pastoral familiar? ¿el coordinador de esto y de aquello? ¿quiere sentir esa vanidad de ser quien toma decisiones en su parroquia? Se le olvida a usted que el que quiera ser el primero sea el último y el servidor de todos, el servidor. Si a usted lo llaman a estar al frente de este equipo de servicio en la Iglesia, es el primer servidor. El Papa se nombra servidor de los siervos de Dios, ese es el Papa, el servidor de los siervos de Dios. El servidor de todos nosotros, porque todos nosotros somos servidores de Dios y, el primero que está a la cabeza, dice: yo soy servidor de los siervos de Dios, servidor de ellos, no que ellos me sirvan. Nuestro Señor nos dice: yo no vine a ser servido, sino a servir y usted y yo tenemos que ser eso, servidores y ahí en su familia tome ese papel todos debemos ser servidores. Usted, señor, no sólo esté exigiendo que su señora le sirva, le atienda, también usted, de vez en cuando, sirva, de vez en cuando diga: a qué te ayudo. No, llega y se sienta, como el rey y la señora que se desbarata para todos lados, porque el niñito está llorando, porque aquel está no sé qué, porque lo tiene que llevar a la escuela y, el jefe, ahí está: “a qué hora me atiendes, a qué hora tienes tiempo para mí”.
Servidores, servidores en casa. A veces, nosotros hijos exigimos a papá y a mamá que nos sirvan, en lugar de ganarnos ese servicio de papá y mamá sirviéndolos nosotros a ellos, colaborando con ellos, trabajando con ellos y les decimos a veces: “pues ustedes me trajeron al mundo y tienen la responsabilidad de mantenerme, yo no, ustedes tienen la responsabilidad sobre mí, de mantenerme, unos vejestorios de 20, 30 años, exigiendo todavía a sus papás que los mantengan, ¿qué es eso? Eso es un pecado, eso es ser dominado por tentación.
Todos somos servidores, servidores de Dios, no del demonio. El demonio le dijo a Nuestro Señor: “mira, te voy a dar todos estos reinos del mundo para ti, van a ser tuyos, pero póstrate y adórame”. No señor, sólo a Dios, somos servidores de Dios no se les olvide, nunca vayan a servir al demonio, sólo a Dios, siempre a Dios. Por servicio a Dios, por amor a Dios, sirvo a quienes me rodean, movidos siempre por el amor y no voy a exigir que me sirvan, voy a servirles y si así pensamos todos los que estamos en casa, todos nos vamos a servir, todos nos vamos a ayudar, todos trabajaremos en lo mismo para salir adelante, cultivemos eso en nuestros hogares, en nuestros trabajos, en todo. ¿Te pusieron de jefe en una oficina? No te sientas capataz, sé humilde, el más humilde de todos, el mejor servidor de todos y verás que te van a querer, pero si tomas la otra actitud, te van a ver mal, porque eso es lo que tú quieres, lo que tú buscas, que te vean mal, porque eres un creído… “No ni te le arrimes al jefe, no te le arrimes, cuidado con el jefe, tú haz lo que te toca, pero no te le arrimes al jefe, porque te va a humillar”, pero cuando ustedes son humildes, son jefes pero son humildes, les quieren, les ayudan, los apoyan, los hacen fuertes, porque tienen a todo el personal feliz, feliz y trabajan juntos y sacan adelante la empresa, pero cuando se nos mete el orgullo, la soberbia, se acabó esto, se acabó.
Pues que Dios nos ayude a tener estas vivencias de siempre, buscar la Palabra de Dios para poder vencer tantas cosas que se nos presentan en la vida.
Feliz semana, primera semana de la Cuaresma, aunque nosotros aquí en Oaxaca vivimos la primera semana de la Cuaresma, pero llega el próximo viernes y vamos a decir: Segundo viernes, segundo viernes y vamos a hacer fiesta no sé dónde, porque los viernes son fiestas en todos lados, en nuestro Oaxaca, pero disfrutemos ese ponernos frente a la presencia de Dios, revisar nuestra vida y decirle siempre a Dios: “ayúdame, porque quiero vivir Contigo”.
Que la Santísima Virgen nos acompañe, Ella, que ruega por nosotros pecadores nos alcance gracias para estar siempre con Su Hijo, imitándolo y viviendo como Él nos lo pide cada día.
Que así sea.

 

 

 

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