HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
DOMINGO DE RAMOS. SEMANA SANTA 2026. 29 DE MARZO DEL 2026.
Sé que están cansados, pero vamos ofreciendo a Nuestro Señor este momento.
Sentí que estuvieron muy atentos a la escucha de la narración que hace el Evangelista San Mateo de la Pasión de Nuestro Señor, y no solamente estuvieron escuchando con sus oídos, siento que lo escucharon en su corazón y estuvieron creando en su mente las diferentes escenas que nos fue presentando el Evangelista Mateo. ¿Con cuál se identificaron? ¿cuál escena movió más su interior?, porque probablemente esas escenas las hemos vivido también nosotros, en algún momento de nuestra historia.
La escena del Señor Jesús, en el huerto de los Olivos, a mí me llamó la atención y siempre me ha llamado la atención, el Señor Jesús orando, hablándole a su Padre, sintiendo toda su humanidad, porque no nos olvidemos que Jesús es un hombre que sentía y que tenía miedo. Lo expresa el Señor cuando le habla a su Padre: “si es posible, que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya” y lo repitió varias veces.
En diferentes momentos de la vida usted ha sufrido, usted ha padecido, tal vez, profundos dolores, angustias, un gran sufrimiento.
A veces, le decimos a Dios, ¿por qué a mí? ¿por qué permites que sufra, si eres Tú tan bueno? Y comenzamos a entrar en una reflexión y en una rebeldía interior. “No eres tan bueno, me estás haciendo sufrir”.
Hoy, Nuestro Señor nos dice que esta humanidad nuestra es débil, es frágil y que necesitamos pedir la fuerza divina, pedir la fuerza divina, invocar la fuerza de Dios y tenemos que aceptar que el sufrimiento es un momento de redención, de gracia, de salvación. Entendámoslo así, porque si no lo entendemos así, de qué sirve sufrir, para qué sufrir. Si no entendemos el sufrimiento de Nuestro Señor, que fue en favor de nosotros, para el perdón de nuestros pecados, si no lo entendemos así, ¿dónde está nuestra fe?
Hoy, tenemos que entender que los diferentes momentos que vamos viviendo, ahí está el Señor y ahí nos está diciendo cómo debemos vivir. Siempre, siempre viva usted con la fuerza divina. Es débil por su humanidad, pero sea fuerte en todo momento y en toda prueba pero para ser fuerte necesitamos elevar nuestro espíritu y decirle a Dios: acepto y voy a encausar este dolor, este sufrimiento, por este motivo, por esta razón, porque quiero encontrarle sentido a mi dolor. Te lo ofrezco y te lo ofrezco por algo o por alguien.
Los apóstoles, dormidos. El Señor los dejó diciéndoles, “oren, oren Conmigo”. ¿Cómo va el asunto de su oración? ¿usted ora? ¿usted dirige su pensamiento a Dios o permanece dormido o no le importa? Hay que orar. Ya nos dijo Nuestro Señor, el espíritu es fuerte pero la carne es débil, es débil. Somos débiles, frágiles. Tenemos que ser fuertes y, esa fortaleza, la encontramos a través de la oración, a través de dirigir nuestro pensamiento a Dios.
Me llama la atención que el apóstol Pedro expresó a Nuestro Señor valentía, valentía, que iba a morir por Él y el Señor le advirtió, “me vas a negar tres veces” y así sucedió y le dolió a Pedro haberlo negado, le dolió, como tal vez nos han dolido a nosotros ciertas negaciones de nuestro ser de cristianos, de nuestro ser de hombres y de mujeres de fe. Hemos tenido oportunidad de dar testimonio y nos hemos avergonzado, nos hemos quedado en silencio, nos hemos quedado mudos y no hemos hablado.
A veces, escuchamos tantas cosas que duelen y que sentimos que son falsedades y nos quedamos en silencio.
Vemos situaciones que no son gratas ante los ojos de Dios y no nos metemos, porque decimos: yo no me voy a meter en problemas, mejor me callo, que otros hablen, que otros digan, que otros se manifiesten, yo no.
Usted es un hombre de fe y tal vez le han preguntado que si es creyente y en el ambiente donde se mueve tal vez diga: no, yo no, no soy creyente, porque en su entorno pues hay un ambiente de incredulidad y no se va a enfrentar ahí diciendo: “yo sí soy creyente, yo sí creo en Nuestro Señor”.
A veces se tiene miedo, ¿por qué? ¿por qué no decir que soy creyente? Que soy un discípulo de Nuestro Señor, que me esfuerzo cada día por vivir el Evangelio, por testimoniar mi fe.
Seguimos diciendo como Pedro: “no lo conozco, no sé quién es. Yo no soy ese hombre que dices que andaba con Él”. Lo más triste es vender, traicionar el amor traicionar el amor, porque le Señor Jesús dio pruebas del grande amor que sentía por sus apóstoles, su cercanía, sus momentos de intimidad con todos sus apóstoles, enseñándoles, anunciándoles el mensaje del Reino, pero alguien lo traicionó, alguien lo vendió por treinta monedas.
Nosotros ¿hemos vendido al Señor? En nuestra vida, en ese dar testimonio, ¿me he vendido por monedas? ¿por tener poder?
Hoy, el Señor nos cuestiona, nos pregunta qué hacemos y lo seguimos a veces crucificando. Lo seguimos crucificando porque ofendemos a los demás, insultamos a los demás, despreciamos a los demás, difamamos a los demás. Lo seguimos crucificando.
Ya basta de crucificar al Señor, ya basta, ya no lo crucifiquemos, ya fue suficiente su muerte en la Cruz, ahora, vivamos como debe vivir un seguidor de Nuestro Señor, bien comprometido, creciendo en el amor, creciendo en nuestra vida de fe, en nuestras responsabilidades que cada uno de nosotros tiene.
Usted tiene una vocación, usted tiene cosas que debe hacer y lo sabe muy bien, no deje de hacerlas, porque ahí estará usted viviendo en gracia y que esa sangre redentora de Nuestro Señor va a purificarle cada día.
Sea un gran discípulo de Nuestro Señor y que, en estos días santos, aunque andemos de vacaciones, disfrutemos con nuestra familia, con nuestros amigos, en ese respeto que debemos guardar, pero que haya momentitos también de entrar en un diálogo con Nuestro Señor.
Decimos que son días santos, ¿cómo vivimos los días santos? Ojalá y los podamos vivir santamente, sin hacer ningún daño a nadie y vivir como Dios manda.
Disfrute su vacación, su descanso, disfrute nuestra ciudad, disfrútela y de nuevo le digo gracias, gracias porque está aquí, en este Domingo de Ramos, iniciando nuestra Semana Santa y si usted, a lo largo de la semana, puede participar en algún lugar de algunos oficios, hágalo, le irá bien, encuéntrese con Nuestro Señor en los diferentes ritos que se viven en nuestros templos, en nuestra ciudad, en nuestros pueblos y que todo sea para la gloria de Dios y para bien de cada uno de nosotros.
Que así sea.








