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Karla MARTINEZ DE AGUILAR

Fotografías: Stephanie Diani

NUEVA YORK, NY.- Florencia Cuenca es un claro ejemplo que con trabajo y determinación, las metas se alcanzan y las satisfacciones de los logros obtenidos dan alas para seguir soñando con lo que falta por conquistar. Su historia no parte del privilegio, sino de la disciplina, la herencia artística y una identidad mexicana asumida con profundo orgullo.

Hija del reconocido cómico Enrique Cuenca, famoso por ser uno de “Los Polivoces”, Florencia eligió construir su propio camino lejos de la comedia y de México independientemente de ser conocida por su papel en Mujer, casos de la vida real (1985), De pocas, pocas pulgas (2003) y Muchachitas como tú (2007).

Nueva York se convirtió en el escenario donde empezó de cero, enfrentando choques culturales, barreras lingüísticas y un sistema que pocas veces favorece a las mujeres migrantes.

Hoy, como actriz de teatro musical en Broadway, madre, feminista y creadora, Florencia no solo celebra sus logros, sino que los convierte en plataforma para abrir puertas a otras mujeres, otras voces y otras historias que merecen ser contadas.

¿Cómo fue tu infancia? Provienes de una familia artística y, muchas veces, la vida te lleva a regresar a esos orígenes.

Fui muy suertuda de haber nacido en una familia artística. Mi papá Enrique Cuenca, uno de los Polivoces, se dedicaba a la comedia, a la artisteada. Nací y crecí en Ciudad de México, y desde que recuerdo, no hubo un momento en el que dijera “quiero dedicarme a esto”; siento que siempre quise estar en el escenario.

Desde los tres años mi papá vio que yo tenía esa chispita y me dijo: “¿Quieres estar? Ok, pero tienes que prepararte, aprenderte los chistes y ensayar”. Toda mi niñez, gracias a Dios, pude compartir el escenario con él, desde los tres años hasta que falleció, cuando yo tenía alrededor de nueve.

Después, mi mamá me preguntó si quería seguir en esto. Le dije que sí, y gracias a ella entré a clases de teatro, donde conocí el teatro musical, que se convirtió en el gran amor de mi vida.

¿Qué enseñanzas recuerdas de tu padre considerando que el camino artístico no siempre es fácil y siendo mujer, los retos suelen ser mayores?

Siempre digo que mi papá fue mi primer maestro y mentor. Esos primeros años de vida son los más formativos y me tocó vivirlos con él también en lo profesional; aprendí a respetar el escenario, a respetar el arte.

Nunca fue complaciente conmigo por ser su hija. Al contrario, me decía que la gente iba a pensar que estaba ahí por él, así que tenía que estar más preparada que nadie. Esa idea que nunca puedes dejar de prepararte, sigue conmigo hasta hoy. En este mundo que gira tan rápido, siempre debes preguntarte cómo puedes ser mejor, descubrir nuevas facetas de ti, nuevos caminos. Eso es lo más bonito de ser artista.


¿Cuál es el sello de Florencia Cuenca, más allá del linaje y del nombre?

Mi sello creo que comenzó a formarse desde que decidí optar por el teatro musical y no la comedia. Fue una manera de decir: “este es mi camino”. Amo el teatro musical, pero también fue una forma de construir mi identidad. Mudarnos a Estados Unidos fue empezar desde cero: sin conexiones, con choques culturales y con el idioma. Aquí soy una actriz más intentando abrirse paso. Claro que mi papá es una inspiración, pero siempre he tenido el deseo de construir algo propio.

Ese camino te llevó a Broadway, uno de los grandes sueños de cualquier artista. ¿Cómo viviste ese proceso?

Diez años pueden sonar largos, pero en Nueva York son rápidos y más cuando solo tenías planeado viajar a este país de luna de miel. Hay gente que lleva treinta o cuarenta años aquí y no ha tenido la oportunidad que yo tuve. Como mexicanos tenemos muchas desventajas en el arte, pero cuando llega la oportunidad, hay que estar listos y considero que me ayudó mucho haberme preparado durante toda mi vida para Broadway.

Ser la primera mujer inmigrante mexicana en originar un rol en Broadway fue un orgullo enorme. Significa mucho para la gente morena, curvy, mexicana, inmigrante, primera o segunda generación. Yo no tuve esa referencia creciendo, y saber que ahora puedo serlo para alguien más me llena profundamente de alegría.


Después de cumplir un sueño tan grande, ¿cuál es el siguiente reto?

Esa pregunta me la plantee apenas con mi esposo y un amigo porque es fuerte que el sueño más grande de tu vida se haya cumplido siendo joven. Te preguntas: ¿y ahora qué sigue? Yo quiero todo y el cielo es el límite: quiero sacar mi propia música, explorar mis raíces, cantar en inglés y en español, ranchera, hacer cine, escribir y dirigir para Broadway (ahora lo soy).


¿Cómo ha sido vivir lejos de México y mantener ese arraigo tan fuerte?

Ser mexicana es lo que más me define y el estar lejos me ha hecho estar más en contacto con mis raíces: la manera en la que amamos, la manera en que contamos historias, la manera en la que vestimos, la manera en la que comemos, la manera en que nos cuidamos los unos a los otros, la manera en que no nos rendimos tan fácilmente ante las adversidades.

Estar en Estados Unidos me ha unido más a México. En casa se habla español, se come comida mexicana todos los días, se escucha música mexicana.

Soy mamá y para mí es fundamental que mi hijo esté inmerso en la cultura. Me visto con orgullo mexicano, lo muestro, lo digo. Quiero que sepan quiénes somos los mexicanos y cómo somos.

En Broadway participaste en una obra que aborda migración, identidad y belleza. ¿Qué significó ese proyecto para ti?

Interpreté a Estela, una mujer mexicana indocumentada y la hermana grande de una familia, lo que me hizo identificarme inmediatamente porque yo también soy la hermana mayor y comprendo perfectamente la responsabilidad que recae en ti sin que lo hayas pedido.

Mostrar a una persona migrante como un ser humano con sueños y familia, en un escenario como Broadway, fue muy poderoso porque rompes con muchas ideas erróneas que tiene la gente sobre los inmigrantes.

Ese es nuestro trabajo como artistas: ser espejo de la sociedad. Contar estas historias cuando están ocurriendo también en las calles es una responsabilidad enorme porque Las artes sensibilizan, humanizan, y justamente te hacen volver, voltear los ojos a lo importante que entre la vida cotidiana y caótica olvidamos.


Tu mamá y tu abuela han sido figuras clave en tu vida. ¿Cómo influyeron en ti?

Mi mamá enviudó muy joven, con dos hijas. Hoy entiendo lo difícil que fue. Nunca me dijo que no, nunca me desalentó. Siempre fue: “¿qué hacemos ahora?” y al día de hoy, lo sigue haciendo. De ella heredé mucha de mi inspiración, de mis ganas por salir adelante, de lo que quiero lograr en el mundo.

Vengo de un matriarcado muy fuerte y también mi abuela materna es una de mis grandes inspiraciones; ella fue activista toda su vida ayudando a mujeres violentadas.

Uno de los grandes momentos que atesoro son que ellas hayan podido verme actuando en Broadway; es uno de los regalos más grandes de mi vida.

¿Te consideras feminista por esta historia de vida con tu madre y abuela?

Totalmente. En cada proyecto que hago está presente esa conciencia de llevar a todas de la mano para lograr la equidad e igualdad además de hacerlo a través de buscar siempre las mejores condiciones para las mujeres que trabajan conmigo y buscar –a través de lo que escribo- crear más conciencia de lo que vivimos las mujeres, sobre todo las mujeres en México.

El feminismo mexicano es distinto: aquí se habla de salarios; en México hablamos de sobrevivir. Esa perspectiva atraviesa todo mi trabajo creativo.

¿Qué otras influencias te han marcado, además de tu familia?

La comunidad latina en Estados Unidos. Aquí los amigos se vuelven familia. Son quienes celebran contigo y quienes te llevan a urgencias si hace falta. Esa red humana ha sido fundamental.

¿Qué papel juega tu esposo en tu vida y carrera?

Ha sido una bendición. Creamos juntos, trabajamos juntos, como mis padres lo hicieron: él compone y yo escribo, y aunque a veces es difícil separar la vida personal de la profesional, el recuerdo de mis padres trabajando en armonía me ayuda a mantener ese equilibrio con mi esposo. Para mí es una seguridad saber que está ahí, y espero serlo también para él.

Hemos creado nuestra propia dinámica, nuestras propias reglas, nuestras propias maneras de crear como pareja, como familia y de crear arte también, que a fin de cuentas, van muy de la mano.


¿Cuáles son tus proyectos para 2026?

Crear música original, explorar la música mexicana con una fusión contemporánea -tal vez combinando un poco del Spanglish- y seguir contando historias que pongan en alto nuestra cultura.

Mi misión como artista es poner un reflector en nuestra cultura mexicana, sobre todo acá en Estados Unidos, para que la gente pueda conocernos y pueda saber quiénes somos.

¿Tienes gustos culposos?

No. Estoy orgullosa de todos mis gustos. Me gusta de todo, y eso me da variedad como artista y como persona. Soy una persona muy ecléctica.

Para cerrar, Flor, ¿te sientes agradecida con la vida?

Muy agradecida porque me considero suertuda de poder vivir haciendo arte y quiero que estas bendiciones que yo tengo, y esta suerte, poderla compartir con más gente. Mi reto ahora es compartir estas bendiciones y crear oportunidades para que más personas se suban a este barco y avancemos como comunidad, como mexicanos y como latinos.

IG: flowcuenca

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