“FAMILIA : LO QUE SE PREDICA Y LO QUE SE HACE “
Por Mariana Navarro
Periodista cultural y escritora. Especialista en ética aplicada y tecnologías con enfoque humano.
⸻
“Hay esperas que no se miden en minutos, sino en ausencias.”
GUADALAJARA, Jalisco.- En una calle cualquiera de México, un menor mira por la ventana.
No espera juguetes, no espera fiestas: espera que le nombren, que le reconozcan, que alguien le confirme que su lugar en la familia es suyo y no un préstamo.
VALORES QUE NO SE PRONUNCIAN, SE PRACTICAN
Según el INEGI, 7 de cada 10 demandas de pensión alimenticia quedan sin cumplirse.
Casi el 50% de los padres ausentes no reconocen legalmente a sus hijos.
No son números fríos: son historias vivas.
Niños que preguntan por qué su apellido no está en un papel.
Conversaciones que nunca llegan.
Promesas que se repiten hasta desgastarse, como una canción rayada.
EL JEREMÍAS: CUANDO ESTAR ES CRIAR
En la película :
<<El Jeremías>> (2015), un niño descubre que su mayor reto no es un examen: es que su familia esté presente, lo escuche y lo acompañe.
La película recuerda algo esencial: criar no es solo proveer; es estar, orientar y sostener el espejo donde un hijo aprende a decir “yo pertenezco”.
LA DISTANCIA ENTRE EL DECIR Y EL HACER
Defender “valores familiares” no es publicar frases bonitas ni posar en reuniones de domingo.
Es estar en las noches de fiebre, en las tareas difíciles, en los días de silencio.
Es reconocer incluso cuando incomoda, acompañar incluso cuando duele.
Y sin embargo, la contradicción persiste:
Se predica amor, pero se practica distancia.
Se invoca la fe, pero se olvida que el primer altar está en casa.
Se presume compromiso, pero se evade la responsabilidad más elemental.
ESTRECHEZ DE CORAZÓN
La canción de Los Prisioneros lo decía: “Estrechez de corazón” es no dar lo que sí podemos dar.
No necesitamos discursos grandilocuentes: bastan actos sencillos y constantes.
El corazón se estrecha, no por falta de espacio, sino por falta de voluntad.
CONCLUYENDO
El verdadero compromiso familiar no se mide en cuántas veces se pronuncia la palabra “familia”, sino en cuántos hijos pueden decir, sin dudar: yo te pertenezco.
Porque un país que realmente honra a la familia no es el que más la menciona, sino aquel donde ningun menor , ningún hijo , tiene que crecer preguntándose si su propio padre eligió no estar… y por qué.
⸻
📎 Una lectura para recordar que el amor se demuestra en la mesa, no en el discurso.